Al margen de la crónica
Tiempo de descuento

Poder disfrutar de unos días de descanso a esta altura del año es una satisfacción más que placentera, cuando todavía no llegan las vacaciones (con mayúsculas), el descanso anual que todo trabajador tiene merecido.

Todos marchamos como por inercia cuando el calendario ya llegó a sus últimas dos páginas y más de un jefe se queja de que nos pongamos aunque sea ímedia pila! para llegar a los brindis de fin de año con más ganas.

Sin embargo, si las posibilidades se dan siempre es bueno poder tomarse unos días, un fin de semana o al menos una tarde para descansar, leer ese libro tantas veces postergado, sentarnos a la sombra de aquel sauce que nos abraza con su frescura, o simplemente sólo prestar atención a un caserito que canta sin parar o un pequeño gorrión que aletea para buscar lombriz con precisión.

Los trabajadores deberíamos poder exigir -cada tanto- tener este tipo de tiempo de relax, de `bajar un cambio', como dicen los más jóvenes, de poder recargar energías para seguir adelante, con más optimismo y ganas.

Son cosas sencillas las que pueden alegrar y mejorar el estado de ánimo de las personas, aquellas que con la vorágine del ritmo diario dejamos pasar de largo, sin darles el valor que tienen, el que nos reditúa al espíritu. Pero lo fundamental es que estemos convencidos de que eso es posible, que aminorar la marcha mejora las relaciones y los sentimientos entre las personas.

Estos momentos de tranquilidad nos permiten -sin dudas- ponerle una sonrisa a nuestras caras cansadas o preocupadas, una mirada más chispeante a nuestros rostros adormecidos y darle más energía a nuestros corazones, con la esperanza de hacer un pasito más, el último esfuerzo, para brindar alegres a fin de año y renovar las energías en nuestras merecidas vacaciones.