Lengua Viva
El trabajo grupal en el aula (I)
Evangelina Simón de Poggia - E-mail: [email protected]

El hombre vive debatiéndose entre su naturaleza de ser social e individual, de tal suerte que, según el desarrollo de la última, se proyectará en forma positiva o no en la comunidad a la que pertenece. Desde este posicionamiento, pensamos que su interacción con los demás lo enriquecerá intelectualmente desde el conocimiento y la culturización.

Socializar un concepto o una duda acerca de él nos lleva a observar la mirada del otro sobre el mismo, lo cual nos hará crecer de manera ineludible. Es dejar que se abra una nueva ventana que nos permita visualizar el horizonte del "saber" con una trascendencia sin igual. El accionar con el otro nos conduce al crecimiento, a la reflexión y al respeto por su posicionamiento con respecto al conocimiento que se trate, atributos fundamentales para el aprendizaje.

Estamos ingresando al tema de nuestro interés: el funcionamiento de los equipos en el aula. Al respecto, nuestra primera reflexión está referida a cómo formamos los grupos en el aula con miras a futuros talleres de trabajo. Los equipos quedan formados, normalmente, en la iniciación del año académico. Muchas veces pretendemos que los propios alumnos se autoconvoquen y lo hacen siguiendo una línea de pensamiento: la simpatía o cercanía domiciliaria, previendo futuras reuniones para el cumplimiento del trabajo a realizar.

El número de alumnos que lo conforman suele ser numeroso, dado que también lo es el curso del cual forman parte. Esta situación puede incidir desfavorablemente en el desempeño de sus miembros por su propia complejidad. El docente puede observar, durante el funcionamiento de los grupos, el surgimiento del líder y el sometimiento de los demás al mismo. Habrá adeptos activos, que se moverán por todo el contexto en la búsqueda de información u otras necesidades, y estarán los pasivos, invadidos por la inacción y la apatía, lo que los lleva a tener una participación mínima en el proceso de realización del trabajo acordado con el docente, atribuyéndoles, por ende, un total desinterés por el aprendizaje que se plantea en esa instancia.

La pregunta es, �será realmente así? Tal vez sí, pero es frecuente que su aparente inactividad se deba a la imposibilidad que tienen de seguir el ritmo impuesto por el compañero que lidera al grupo y los que le siguen. Esta situación puede plantearse porque sus procesos cognitivos se desarrollan con una dinámica diferente y, obviamente, la concreción o proyección de su aprendizaje, también.

La ilusión, tal vez, esté en creer que todos los alumnos tienen que hacer lo acordado, en ese contexto de trabajo, al mismo tiempo y en el mismo tiempo. Nos olvidamos de que el primer enfrentamiento con el objeto de estudio debe de ser individual, respetando de esta manera la dinámica particular en la realización de los procesos de aprendizaje de cada uno de los educandos. Lo explicitado los conducirá a una positiva y enriquecedora socialización del conocimiento adquirido en el momento de su encuentro con el grupo del que forman parte.

Los docentes deberán estar muy atentos a la dinámica de desarrollo de los equipos y al comportamiento de sus miembros, propugnando el rescate de muchos alumnos que se alejan de sus naturales interlocutores: sus compañeros, y evitando el sentimiento de impotencia que les impide llegar al descubrimiento del objeto planteado con sus consecuencias cognitivas.