Edición del Miércoles 09 de enero de 2008

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El día más triste para la ciudad
A 35 años del tornado de San Justo
"A las 13.45 le dije a mi suegra que nunca había visto el tiempo así con nubes blancas, era algo parecido al remanso del río. En realidad, se estaba formando el tornado". Era el preanuncio del devastador meteoro que con lujo de detalles Horacio Escobar tiene grabado en su memoria y que arrancó 50 vidas sanjustinas e hirió a otras 500 el 10 de enero de 1973.

Horacio Escobar tenía 22 años en 1973 y era empleado en San Justo del entonces Banco Provincial de Santa Fe. Eran las 13.55 de aquel abrasador 10 de enero y concluía su jornada laboral.

"Salgo del banco y el tiempo estaba muy caluroso, por momentos salía el sol y enseguida se nublaba. Cayeron unas gotas, y luego de ir a mi casa donde vivía con mi mamá, fui a lo de mi novia que hoy es mi señora. Para ese entonces teníamos todos los muebles comprados para casarnos".

"A las 13.45 le dije a mi suegra que nunca había visto el tiempo así con nubes blancas, era algo parecido al remanso del río. En realidad, se estaba formando el tornado", confesó a El Litoral. Era el preanuncio del devastador meteoro que con lujo de detalles Horacio Escobar tiene grabado en su memoria y que arrancó 50 vidas sanjustinas e hirió a otras 500.

El indomable fenómeno climático levantó vacas que luego eran azotadas literalmente contra el suelo, y en su derrotero destructivo, pasó frente al cementerio. Luego se dirigió cerca de la vía del ferrocarril donde todavía hay una planta de silos -en ese momento estaban totalmente cargados- y si bien el tornado no los impactó tomó por el costado de la Ruta Nacional 11, y se orientó hacia el este, abarcando un ancho de 250 metros, y arrasó con todo lo que encontró en su camino.

Para los especialistas en meteorología, los fuertes vientos y los objetos levantados por las ráfagas representan el mayor peligro durante los poderosos torbellinos.

Enorme tirabuzón

Un tornado es un torbellino violento que se extiende desde las nubes hasta la superficie terrestre. Se desplaza rápidamente y sus vientos pueden alcanzar velocidades de 400 km por hora o más, cambian de dirección en forma errática y causan enormes daños.

La fuerza más destructiva de los tornados está en el embudo. Al desplazarse rápidamente hacia arriba en espiral, succionan casas, árboles y puede elevar objetos tan pesados como un auto o una vaca. Se originan en una masa de aire caliente, al chocar con un frente frío, forman una poderosa tormenta y crean las condiciones propicias para ese tipo de meteoros.

Al elevarse el aire caliente por el embudo, el aire frío que se encuentra alrededor ocupa el vacío. Esto provoca un torbellino que moviliza con enorme fuerza el aire hacia el centro del meteoro.

En principio se observa una rotación de 3 a 9 kilómetros de diámetro en las nubes, luego la punta de un embudo que sale y al ganar fuerza, un torbellino que se extiende hasta el suelo.

Horacio todavía no comprende cómo en una laguna ubicada 5 km al norte de San Justo, el tornado cavó una enorme fosa y esparció el barro contra las indefensas viviendas.

Escobar perdió la casa materna."Sólo quedaron 40 cm de pared", cuenta con resignación pero respira aliviado porque en su caso las pérdidas fueron materiales, aunque la odisea que vivió fue dramática. "Cuando empieza el viento le digo a mi novia: yo me voy, pero ella me dice: `Esperá que pase la tormenta'. Entonces me asomé por la ventana y vi pasar un arado que iba volando por el aire como un avioncito de papel".

Esa visión que parecía irreal lo dejó perplejo e hizo que le grite a su novia para que avise a sus padres porque "esto era un desastre. Enseguida se voló el techo y después nos amuchamos en una habitación de al lado. Fueron décimas de segundo", relató consternado.

"Después sentí golpes y no sabía adónde estaba. Las paredes estaban en el suelo. Levanté la cabeza y estaba en la vereda junto a un tejido artístico del tapial, me arrastro hacia donde había una ventana caída y seguían cayendo cosas por lo que metí la cabeza debajo de esa abertura".

Panorama estremecedor

"Cuando no siento más ruidos comienzo a buscar una explicación y recuerdo que estaba con la familia de mis suegros. Me abro paso y encuentro a mi suegro debajo de una viga, un tirante y ladrillos encima. Tenía un corte en la nariz, pero la madera lo sostenía. Lo recosté sobre la pared que quedaba y me decía: `Llevame adentro', él todavía no se había dado cuenta de la tragedia que pasó".

La desesperada búsqueda continuó y así encontró a su suegra sana y salva refugiada debajo de una pequeña mesa de madera. "Le pregunté por mi novia y me dijo: `No sé'. Comencé a buscarla y la encontré a unos 3 metros tapada de escombros y ella pensaba que estaba muerta, quería taparla con una chapa.

"La reanimé y le golpeé en la cara y reaccionó inmediatamente porque estaba desvanecida. Tenía una fractura en la clavícula, cortes en la cabeza y golpes en todo el cuerpo", precisó.

Sin embargo, el protagonista de esta historia con final feliz iba perdiendo lentamente sus fuerzas porque tenía un profundo corte en la espalda -debajo del hombro izquierdo-. Fue entonces que se refugiaron en el galponcito de un vecino hasta que paró la lluvia. "El agua no corría por los obstáculos que representaban los escombros y yo llamaba a un vecino, Juan Carlos Morán: dame una mano que estoy golpeado, le decía".

La voz de Horacio no tenía fuerzas y a su alrededor todo era desolación. Morán quería auxiliarlo pero la impotencia le impedía mover sus piernas. Lo socorrieron con una renoleta hasta llevarlo a la Clínica Modelo de San Justo.

De inmediato llegó el grueso de ambulancias, y se sucedieron escenas desgarradoras, médicos y enfermeras que corrían.

"Fui uno de los primeros que llegué. Me senté en la puerta y era impresionante la gente y la cantidad de sangre que corría por el piso. A los 20 minutos que estaba en el sanatorio arribó don Héctor Genero, gerente del banco y algunos compañeros".

"Lo vamos a revisar pero parece que no es grave su herida', me dijo el doctor Edgardo García. Estuve 12 días vendado desde el cuello hasta la mitad de la cintura y a mi mamá recién pude verla a los tres meses porque la llevaron a Santa Fe para brindarle atención médica".

Reconoce que se pone muy nervioso cuando las condiciones climáticas son adversas pero da gracias a Dios "porque no perdí ningún ser querido y solamente resigné cosas materiales". Horacio Escobar carga sobre su espalda al igual que otras tantas familias de San Justo con el desgraciado recuerdo de aquel devastador tornado que enlutó a toda una ciudad.

El 17 de abril cumplirá 58 años; pero, aquella herida que le provocó aquel feroz vendaval a más de 400 km por hora aún no cicatrizó a pesar de que pasaron ya más de tres décadas.

Secuelas.

El tornado dejó como saldo autos increíblemente aplastados, casas arrasadas, árboles arrancados de cuajo y cables del tendido eléctrico desparramados por las calles de la denominada ciudad Portón del norte santafesino. Sin embargo, la nota más trágica fue sin lugar a dudas el llanto de familiares y amigos lanzados a la búsqueda esperanzada de sus seres queridos. Aún hoy, muchos sanjustinos sufren las secuelas de lo vivido en aquel trágico momento.

César Benítez - cbenitez@ellitoral.com





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