Milagro en Barranquitas
En un asalto lo ejecutaron de un tiro a la cabeza y se salvó
"Me voy. Mi decisión es irme con mi familia de este barrio", opinó hoy Diego a tiempo que se mostró optimista por "haber nacido de nuevo". Foto: Danilo Chiapello

Ocurrió esta madrugada en Luciano Molinas al 3700, donde tres delincuentes asaltaron a un joven. Tras el robo, uno de los rufianes le disparó a la cabeza. El proyectil estalló en pedazos sin perforar el cráneo.

"Quedé de rodillas y mirando el suelo. Entonces pensé, ya fue... ahora me muero". Con estas palabras Diego Manuel González (29) revivió los momentos posteriores a haber sido ejecutado de un balazo en la cabeza en medio de un asalto callejero.

El gravísimo hecho ocurrió esta madrugada, cerca de la 1.30, en calle Luciano Molinas al 3700 -esto es en Barranquitas Oeste-, a escasa distancia de la avenida López y Planes.

El destino

Diego cuenta con 29 años y es técnico electromécanico. Además, junto a sus familiares, forma parte de una empresa líder en refrigeración -Gonair- en nuestro medio.

Anoche, Diego regresaba de la provincia de Córdoba donde había estado por cuestiones de trabajo. "Venía muy cansado -dijo- a punto tal que poco antes de llegar me detuve una media hora en una estación de servicios donde dormí un rato".

Pasada la hora 1, el mencionado llegó hasta el galpón de la empresa, ubicado en Luciano Molinas al 3600, donde dejó guardada la camioneta. Terminado este trámite se encaminó hacia su domicilio particular ubicado en L. Molinas al 3800.

Pero una cuadra antes de llegar, observó la presencia de tres sujetos. "Yo los vi, y enseguida pensé: `éstos me asaltan', pero ya no tenía tiempo a nada". La sospecha del joven se confirmó segundos después cuando los rufianes lo rodearon.

Acto de locura

Sin ofrecer la menor resistencia, Diego entregó una mochila y otros efectos personales (teléfono celular, billetera, etc.), creyendo que así el mal momento terminaría rápido.

Sin embargo, fue en dicha circunstancia cuando uno de los rufianes lo tomó de la nuca, lo hizo agachar y acto seguido le descerrajó un disparo a quemarropa en su cabeza.

Cometido el demencial acto, sus autores escaparon a la carrera. Mientras tanto la víctima quedó unos segundos en esa posición pensando: "Ya fue... ahora me muero".

Pasada esa lógica conmoción, Diego llegó por sus propios medios hasta su casa y allí pidió el auxilio de una ambulancia.

Cabeza dura

Ya en el hospital Cullen los médicos dieron el diagnóstico preciso. "El proyectil es de bajo calibre, se presume un 22 corto. El plomo ingresó por el cuero cabelludo pero al chocar contra el cráneo estalló en varios pedazos sin perforar el hueso".

En una placa radiográfica, se observan las esquirlas desparramadas por distintos sectores. "Por el momento, lo mejor es no tocar nada", opinó uno de los profesionales consultados.

No entiendo

En Diego se advierte a una persona serena. De hablar pausado pero muy seguro en sus conceptos. Respecto de lo acontecido opinó que "no entiendo por qué ese tipo me disparó. Yo siempre tuve la idea de no resistir ningún robo, siempre pensé que era lo mejor... pero veo que me equivoqué.

"Mi primera decisión es irme de este barrio", agregó. "Así y todo sé que el problema de inseguridad que vivimos no es un problema policial. Aquí hay cuestiones sociales muy profundas y se deben tomar decisiones en lo político que nadie quiere afrontar".

Por último, Diego sostuvo que "pese a todo lo ocurrido tengo que estar contento, porque nací de nuevo", culminó.

Danilo Chiapello