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No son pocos los que durante las vacaciones, complementan el tan ansiado descanso anual, con el ejercicio de la actividad piscatoria. Sea en el mar o en ríos, riachos, arroyos y lagunas, o bien en los lagos de distintos sitios de nuestro país, la práctica del deporte de "la paciencia" atrapa a no pocos fanáticos de la caña y el reel.
Como el ejemplo bien entendido "empieza por casa", digamos que el corredor turístico costero de la ruta provincial N� 1 Teófilo Madrejón dispone de diversos lugares para acampar, como así también cabañas donde la familia puede alojarse frente al río o en las inmediaciones, y de paso, probar el pique en la zona.
Lo propio ocurre a la vera de los ríos Colastiné y Coronda. Para quienes conocen los pesqueros de dichos ámbitos, la elección de los sitios de probable buena pesca no es cosa nueva.
En cambio, nuestro consejo para quienes pretendan pescar desde embarcaciones es la contratación de un guía de los muchos disponibles en la región; que si bien no aseguran una buena pesca, son amplios conocedores de la zona y ello hace posible navegar sin mayores riesgos físicos.
El salvavidas colocado, repelente de insectos, bengalas y prudencia frente a las aguas serán indispensables para que la jornada que se avizora de sano esparcimiento llegue a feliz término.
Si su meta es el mar, y a despecho de que las jornadas desde embarcaciones deparan más y mejores capturas, le recomendamos las escolleras; que por adentrarse en él, permiten acceder con el aparejo a sitios profundos y consecuentemente, con mayores chances piscatorias.
La pesca costera marítima sugiere -para sus seguidores- el uso de caña de un largo no inferior a los 3,50 metros; tanza de nylon fino pero resistente y una plomada de peso no inferior a los 200 gramos, lo que hará posible lanzamientos a mayor distancia, aumentando así las posibilidades de pesca.
En los centros poblados aledaños al mar y en las propias escolleras, es dable conseguir carnadas para pesca variada (camarones, magrú, anchoas de banco) y, entre las de agua dulce, el pejerrey tan apetecido por los bacotas, una de las especies de tiburón más común de nuestra costa atlántica.
Córdoba, Tucumán, Salta, San Luis y otras provincias argentinas son lugares turísticos donde los cultores del deporte del sedal y del anzuelo procuran capturar pejerreyes -la especie más abundante y codiciada de ambientes lacustres-, pero que además albergan en su seno a carpas (comunes y de espejo), dientuditos, laguneros y, excepcionalmente, alguna trucha.
En la estimación de que la mayoría de los que elijan estos lugares de veraneo se inclinarán por la pesca -costera o embarcado- del pejerrey, sugerimos el uso del clásico balancín cordobés para la pesca de fondo y para la de superficie, el rendidor "chirimbolo" , que consiste en un conjunto de boyas escalonadas -no más de tres y una boya piloto para el lanzamiento- debajo de las cuales pende la brazolada con anzuelos de "pata corta y boca ancha", los que se encarnarán con camarones frescos -los hervidos no rinden tanto- y mojarrines enteros.
La posta del denominado "dientudito cordobés" también seduce, aunque en menor escala, a las "flechas de plata", y las lombrices tampoco deben desecharse aunque para esta pesca no es la más indicada.
Juan Carlos Mottier