Quien hoy junta palabras para componer este espacio Al margen de la crónica, pertenece al grupo de escépticos que piensa que las relaciones personales están agonizando por culpa del avance tecnológico.
Sin embargo, hace una año, descubrí -cosa que desconocía- que tengo corazón, al mismo tiempo que supe que estaba enfermo. Tres veces en un año fui internada de urgencia en una sala de unidad coronaria.
Cada una de esas veces encontré que había gente que tomaba la posta y luchaba para conservarme en este mundo. Personas que no había visto en mi vida, tan desconocidas para mí, como era de ignota yo para ellos.
Sólo quien estuvo en alguna situación similar podrá entender lo que se siente abandonarse a la pericia de los que trabajan en esas salas complejas. Allí no hay celulares ni Internet. Las computadoras están al servicio de la información que le puedan suministrar a los profesionales y el resto es, ni más ni menos, contacto absolutamente humano.
Que un médico se acerque y diga en tono de broma que por culpa de mi corazón debió postergar su asado dominical, que los periodistas no tenemos límites y que como desconocemos los feriados, queremos hacer trabajar a todo el mundo; que sonría a pesar de que interrumpa su descanso y llame a todo un equipo, y que ese equipo esté rápidamente en interconsulta, que el grupo de enfermeros y mucamas estén pendientes de las mínimas necesidades al punto de "retarnos" cuando, por no querer molestar, hacemos algo que ellos consideran que es su deber; uno descubre que no todo está perdido. Que el escepticismo grupal que muchos practicamos y difundimos a los cuatro vientos, gracias a Dios, no se da en todos los ámbitos.
Hay espacios donde la palabra, la caricia, la charla, no sólo existen sino que salvan vidas.
Si bien es cierto que muchas profesiones se eligen desde la conveniencia, o a partir de la presunción de la facilidad en el encuentro de empleos, las relacionadas con la salud y la vida de las personas parten desde la vocación. Nadie que no ame lo que hace por otros puede ser capaz de convivir con naturalidad y alegría en medio de las miserias humanas. Mis experiencias fueron todas en el Sanatorio Garay, pero tengo la convicción de que en todos los nosocomios el comportamiento de los profesionales es semejante. Y brindo porque habiendo excepciones, mi planteo escéptico del inicio hace aguas.