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Opinión
Edición del Jueves 24 de enero de 2008
La crisis de los EE.UU., el mundo y la Argentina

El persistente temor a una recesión en los Estados Unidos y los malos resultados de gigantes del sector financiero golpearon nuevamente a los mercados del mundo, causando estragos que también afectaron a América Latina. Es que los propios norteamericanos se hicieron cargo del escepticismo que generó el discurso de su presidente, George W. Bush, al presentar ante el Parlamento el plan de reactivación económica, una serie de incentivos fiscales que poco aclaran el panorama actual. La preocupación por el impacto que una recesión en Estados Unidos pueda tener en los países latinoamericanos, grandes productores de materias primas, mantiene en el terreno negativo a la mayoría de las bolsas de la región.

Pero la situación de la economía norteamericana necesitará cuanto antes de un plan superador, que tenga un impacto lo suficientemente grande como para disipar dudas y reencauzar el crecimiento. Bush reiteró que el plan debe estar dotado, al menos, con el 1 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI), es decir unos 145.000 millones de dólares. Lo que aseguró el presidente es que este dinero debe llegar directamente a los bolsillos de los consumidores, por medio de desgravaciones fiscales para los negocios y devoluciones de impuestos para los particulares.

Nada será fácil para un gobierno que ha dilapidado confianza y ahora transita sus últimos meses. Tanto es así que los demócratas, que controlan el Congreso, quieren incluir en el plan tickets de comida y aumentar las prestaciones por desempleo. Según Bush, "el plan tiene que estar basado en medidas fiscales y no en iniciativas que tienen un reducido impacto inmediato en nuestra economía", por lo que debe ser considerado prioridad de Estado.

La oposición no pierde tiempo para sumarse al debate. Quiere que la ayuda se concentre en aquellos ciudadanos que más se han visto perjudicados por la mala marcha de la economía. Dicen que Bush ha optado por reconocer que su política bélica sólo generó un deterioro de sus finanzas a cambio de muy pocos resultados.

La situación política no es menor. Al ritmo de una deteriorante performance internacional, se sumó el reciente caso de las "hipotecas basura", que obligó a un replanteo general de bancos y aseguradoras. Los bancos todavía sienten el sacudón y muchos de los grandes grupos financieros salieron a buscar auxilio en un mercado que presta, pero con altos intereses.

Dentro de este contexto habrá que preguntarse qué impacto tendrá la crisis económica norteamericana en la Argentina. Habría que decir: no mucho. A la Argentina la favorece el escenario mundial muy positivo para la venta de sus materias primas, y eso desviará la atención de los capitales que están comenzando a salir disparados buscando mayor seguridad y buenas tasas de retorno. Por el resto no hay que preocuparse demasiado. Se superaron cinco años de crecimiento sostenido de la economía, hay superávit gemelos (fiscal y comercial), y la continuidad del modelo no debería sufrir sobresaltos en el corto plazo.





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