Vivir en un edificio o en un pasillo interno es complicado porque los vecinos, muchas veces, dejan de tener una relación cordial para pasar a tener una amistad resquebrajada cada vez que en el espacio que comparten ocurre algo que afecta a todos. Y ni hablar si quienes originaron la situación son recién llegados, ya que hasta que no se solucione el problema no descansarán en paz y serán carne de cañón de sus co-habitantes durante ese período.
El viernes 18 de enero fue -y lo será por siempre- una fecha que el flamante matrimonio del departamento 1 no olvidará jamás. Y ella, como no podía ser de otra manera, fue la mentora de la hecatombe que llegó después. De todas maneras, como sostiene la joven mujer cada vez que narra lo ocurrido para justificarse, "de las macanas se aprende" y "error que se comete una vez no se comete más". A continuación lo que sucedió y, ojalá, no le pase a nadie más.
Semanas antes de la fecha mencionada, un leve pero persistente olor a gas invadía la vereda del pasillo donde habita el matrimonio y despertaba el sentido del olfato de quienes transitaban por allí.
Preocupados, e incluso pensando en el favor que le harían al resto de los vecinos para evitar daños mayores, los jóvenes no tuvieron otra idea que llamar a la empresa prestataria del servicio de gas natural.
"Hay una pérdida en el regulador. Tendré que colocarles un cepo hasta tanto solucionen el problema y hagan una inspección general de todo el sistema", les dijo la persona que había recepcionado el reclamo y acudió al lugar. "�Un cepo?", dijo el marido, mientras observaba las caras de sus vecinos frente a la inminente medida y al empleado colocando ese horrendo aparatito que clausura todo el servicio.
Casi una semana sin que cuatro departamentos pudieran acceder a la red de gas natural fue la principal consecuencia de lo que el matrimonio consideró, por equivocación, como una buena acción. Tal término, en este caso, tiene que ver con que debió afrontar de manera particular el problema, por haber sido ellos "quienes llamaron a la empresa prestataria", y luego insistir en que se compartan los gastos.
Por último, querido lector, tenga en cuenta, frente a este tipo de situaciones, que: "Es preferible reír que llorar, así la vida se debe tomar; los ratos buenos hay que aprovechar, si fueron malos mejor olvidar".