Señores directores: No hay, tal vez, daño mayor a la vida que su desperdicio. La ética, la educación, la virtud se aprenden practicando acciones justas y a veces predicando sobre ellas. En cualquier lugar del mundo hay peligro, es un mundo desconcertante donde se dan la mano la ansiedad y la desesperación y se corre el riesgo de morir en el intento. Necesitamos sacrificarnos, para eso nacemos, necesitamos sensatez, buena fe, fortaleza dejando atrás la codicia, la cólera, el rencor, que siguen gobernando las acciones de los hombres en todos los tiempos; algunos se entregan al juego estéril de la vida, tal vez piensen escaparse de la miseria, pero las estrellas quedan demasiado lejos. El mundo es un caos, pero del caos, Dios creó el universo y cuesta hacer cambios pues el carácter del hombre no cambia. El individuo sigue conservando las mismas debilidades, vicios, defectos, discordias internas, el corazón insensible.
Algunos pronuncian la palabra amor, y no lo practican, algunos dicen igualdad, y no la practican, aunque poco es lo que pensamos, mucho lo que calculamos. Sócrates, con la cicuta en la mano, enseñaba su filosofía para aprender a morir. Aunque los antiguos árboles del bosque hayan sido destrozados, siempre nace un bosque nuevo, en cada época hay una parte del mundo que muere y otra que nace. El gran escritor israelí Amos Hoz que recibió el Premio Príncipe de Asturias, emocionó a todos con su pedido: "Que dejen de elegir entre los israelíes y los palestinos y el mundo opte por la paz, sólo por la paz".
Woody Allen con su lógica humorística dice: "Yo puedo perdonar cualquier cosa menos que piensen como yo". Los débiles viven en función de la voluntad ajena, los fuertes viven su propia libertad. Es perversión murmurar del amigo ausente, es ignorante el que ríe con malicia, el que sólo encuentra defectos ajenos, errores y faltas, el que perjudica al otro en su talento y honor. En el campo de la vida, el bien y el mal entrelazan sus ramas de una manera incomprensible.
Si la gente adivinara nuestros pensamientos, pocos escaparíamos de estar encerrados por locos; cuando todo el mundo está loco, tener razón es una locura. Quien vive razonablemente no es tan cuerdo como parece. Aún hay seres locos por hablar y enseñar, por correr y jugar, por vivir locamente y algunos saben hacer interesante su locura.
Recordemos el comentario del César en una obra de Shakespeare: "Desconfío de Casio; es demasiado austero". Lo que realiza un ser decente siempre es decente, lo que hace un indecente son indecencias. La paciencia es una virtud heroica, la vida, un rompecabezas.
Clary Miroznik German - ciudad.