La pastera, su proceso productivo y la polémica sobre el medio ambiente
Botnia: del bosque a los barcos, con efluentes líquidos y gaseosos
Gigante. El interior de la planta, visto desde el primer piso en las secciones de blanqueo (sobre la base de cloro). Son cilindros del tamaño de los silos del puerto santafesino. Foto: Guillermo Di Salvatore

¿Qué arroja la colosal planta de Fray Bentos al entorno natural del río Uruguay? ¿Son seguros los controles a los que están sometidos sus procesos productivos? Las dudas siguen abiertas. En Gualeguaychú, los argumentos de la firma finlandesa se rechazan de plano. Un gigante de acero y hormigón que contrasta con un paisaje natural muy bello.

A la planta de Botnia en Fray Bentos, por su tamaño la séptima pastera en todo el mundo, llegan camiones cargados con troncos de eucaliptus plantados sobre el 5 % de la superficie cultivable del Uruguay, cuya ley ambiental ha previsto un máximo del 9 % para bosques de esa especie.

Por día, podrá producir 3.000 toneladas del insumo industrial para las fábricas de papel. Cuando El Litoral y los periodistas de otros 36 medios de la Argentina la visitaron, el martes 22, la producción llegaba al 88 % de la capacidad instalada, con casi 2.650 toneladas. Los fotógrafos y los camarógrafos no encontraron la gruesa columna de humo negro que ilustró la puesta en marcha, el "encendido" de la pastera, el 9 de noviembre. En su lugar, hay un humo blanco, escaso, que Botnia dice que es un vapor que "sólo por ser maloliente" se mezcla con el aire a una altura de 120 metros.

Al ingresar a la fábrica, el visitante recibe una dosis de las magnitudes que le esperan. Hay unas prolijas montañas de troncos que hacen lucir como de juguete a los camiones que transportan la madera y que tanto cuesta pasarlos en las estrechas -y a veces maltrechas- rutas del departamento uruguayo de Río Negro.

En la playa de estacionamiento, donde unos severos controles de seguridad se encargan del ingreso y egreso al predio de 80 hectáreas, es inútil aguzar el olfato para sentir el tantas veces comentado olor a coliflor (o a "huevo podrido" según señalan quienes critican a la planta en ambas orillas del Uruguay). Es necesario llegar a la zona fabril, a las áreas llamadas "de secado" para que -ya sin ningún esfuerzo- sí se perciba.

Es hasta esas pobres (e inseguras) impresiones que los sentidos sirven de algo, cuando se trata de describir qué ocurre con los efluentes líquidos y gaseosos que salen de la planta, que se vuelcan sobre una zona de belleza notable.

El escenario del conflicto internacional que se dirime en los tribunales de La Haya, es el río Uruguay y sus verdes islas y orillas. Aunque los protagonistas principales son Fray Bentos y Gualeguaychú, el tema involucra a todo el tramo: desde su unión con el Paraná, para formar el Río de la Plata, hasta -aguas arriba- la represa de Salto Grande, junto a Concordia.

Valores y controles

Los gerentes de la planta sostuvieron durante una exposición didáctica que los parámetros que cumple la fabricación de pasta de celulosa respeta los parámetros ambientales que exige el gobierno uruguayo. Y que son incluso mejores que los que exige la Comunidad Económica Europea para plantas que descargan sobre ríos o lagos de caudales muy inferiores al Uruguay.

Gervasio González, gerente de Medio Ambiente, dijo que los resultados de los estudios realizados por organismo técnicos del Estado uruguayo tienen a quienes trabajan en la empresa "muy tranquilos y orgullosos" porque se "evita" cualquier efecto negativo, aunque antes habló de "mitigar" esos "eventuales" impactos.

El diario El Argentino de Gualeguaychú, un medio que ha seguido la controversia muy de cerca, tiene opiniones muy claras respecto del valor de esos controles, hechos por el Laboratorio Tecnológico del Uruguay (Latu) y por la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama). "No son otra cosa que dos áreas dependientes políticamente del Estado uruguayo, que a su vez, en esta controversia se han comportado como un socio de la planta y son partes interesadas", advierte el periódico al que cada vez con más frecuencia visitan por Internet los periodistas de Buenos Aires.

Durante la conferencia de prensa, fueron las preguntas de los periodistas de las ciudades entrerrianas de la costa del Uruguay las que más tensaron las caras de los gerentes de Botnia.

Respondieron "parte" de las preguntas formuladas por los periodistas de la Argentina. Se dijo primero que había estudios hechos por "expertos independientes" que luego resultaron ser las dependencias oficiales señaladas. Aunque en el Uruguay es alto el concepto ciudadano general sobre el Estado y sus organismos de control, debe advertirse que el Latu ha sido contratado por Botnia.

El agua y el aire

De la planta de tratamiento de los efluentes líquidos salen unas aguas claras e inodoras. Lo de "insípidas" sólo lo atestiguó un asesor del área de comunicación de Botnia que se llevó a la boca un sorbo, en vaso opaco de plástico (y para la foto de los diarios de Buenos Aires).

El área de piletas de tratamiento de los líquidos cuenta con barros activados con microorganismos que descomponen el material orgánico que no ha sido usado para los dos propósitos productivos de la planta: fabricar pasta de celulosa y generar energía eléctrica. Ningún químico se arroja al Uruguay, según la explicación de la empresa.

El otro gran efluente, el gaseoso, se libera al ambiente mediante una única chimenea que reúne todas las tuberías gaseosas. Tan sólo su diámetro es de 30 metros, y su altura, como ya se ha dicho, alcanza los 120.

Tiene dos calderas "de apoyo" para la quema de las emanaciones que -según los técnicos de la planta- no son más que un compuesto orgánico que produce un olor desagradable, "inocuo" para la salud y el ambiente.

De acuerdo con los ingenieros de Botnia, es similar a lo que se usa -por ejemplo- para que sea perceptible para los seres humanos el gas natural de las redes que en su estado original carece de olor.

En cuanto a los químicos que intervienen en los procesos de producción de blanqueado de la madera, los técnicos aseguran que su uso está restringido a un "sistema cerrado". Y al hablar con los periodistas, quienes guiaron la visita prefirieron no nombrarlos. Más aún, esos compuestos siguieron innominados -pese a la insistencia- cuando explicaron que la planta tiene -por su diseño- la capacidad del almacenar cualquier "derrame" accidental, una eventualidad que que no tendría por qué ocurrir por lo moderno de la misma, su alto grado de automatización, su operación por procesos de producción continuos. Pulcritud extrema, señalización muy clara, elementos de seguridad por doquier y un perceptible orgullo generalizado de quienes allí trabajan, completan el cuadro.

40 años

La empresa sostuvo que cumplió con todas las exigencias ambientales legales. Además, expuso gráficos que muestran que la demanda química de oxígeno en el efluente tratado está muy por debajo de las recomendaciones de las mejores técnicas disponibles en la Unión Europea. El mismo concepto se aplicó para otros elementos como el fósforo que se libera al ambiente, los compuestos orgánicos halogenados y la demanda biológica de oxígeno.

Los técnicos de Botnia anticiparon que la vida útil de la planta será de entre 30 y 40 años y que durante ese período no afectará negativamente al ambiente ni siquiera con los elementos acumulativos y persistentes que arrojen al río. Los estudios citados por Botnia involucran parámetros físicos y químicos del agua, biología del río y sus sedimentos, la calidad del aire, los ruidos y las aguas subterráneas (por medio de once pozos de monitoreo ubicados en el predio).

En Gualeguaychú, los miembros de la Asamblea Ambiental no están dispuestos a ingresar a un debate sobre si la planta es o no contaminante. Dicen que las organizaciones ecológicas describen como contaminantes aún a las plantas que funcionan en Europa. Ver a esa mole en la otra orilla es su argumento más convincente.

Como en un callejón sin salida

"La controversia continúa en un callejón sin salida", interpreta en su edición del 23 del corriente el diario de Gualeguaychú El Argentino. Y sostiene que esto se debe a que "quienes provocaron esta situación no asumen su rol central en el diferendo, porque al decir de Botnia `el Tratado del Río Uruguay es una cuestión de los Estados, de los gobiernos', y que la empresa se limitó `a cumplir con la normativa uruguaya' ".

El medio destaca que la visita a la planta "no alcanzó a disipar las sospechas que expresa la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú, sino que alimenta los peores temores sobre esta situación: Botnia sostiene que tanto la Latu como la Dinama están monitoreando el medio ambiente en al menos 40 puntos estratégicamente ubicados en el predio y en sus alrededores; pero esto no es suficiente, dado que el Laboratorio Tecnológico es contratado por la empresa y la Dinama está políticamente subordinada a sus caprichos. Además, este diferendo no se resuelve únicamente por la situación ambiental, sino por la cuestión de fondo y que no es otra cosa que la violación al Estatuto del Río Uruguay, que tiene a Botnia como actor central aunque la empresa diga que "es una cuestión de países", sigue el medio antes citado.

Durante la conferencia de prensa, Botnia reconoció que no goza de lo que los periodistas entrerrianos describieron como "la licencia social de Gualeguaychú" y admitió que tuvo "deficiencias en la comunicación".

Hubo una pregunta de un periodista de la ciudad de Colón, respecto de si estaban dispuestos a aceptar un eventual fallo desfavorable de la Corte Internacional de Justicia de La Haya. La respuesta fue que la empresa "se ajusta a las normativas del gobierno uruguayo" y que "dejamos librada la interpretación al periodismo", según la expresión de la gerenta de comunicaciones, Florencia Herrera.

Empleos

Por su tamaño y por su automatización, llama la atención en la planta los pocos operarios que se observan. En tareas operativas y administrativas trabajan sólo unas 300 personas, pero durante su construcción generó miles de empleos directos. Hoy, con la fábrica en funcionamiento en más de un 70% de su capacidad, toda la cadena de valor del eucaliptus ha creado unos 2.500 trabajos directos y otros tantos indirectos, de acuerdo con lo estimado por Botnia. Según sus propios datos, la inversión de 1.200 millones de dólares hizo crecer en 1,6% el PBI uruguayo.

Energía

Tras el secado y posterior blanqueado de la madera (en base a cloro) queda un residuo industrial (llamado licor negro que es muy contaminante y Botnia quema como parte de sus procesos para mitigar el impacto ambiental. Así se genera calor y con este se produce energía, por el vapor que mueve una usina. La planta se autoabastece y además suma a la red eléctrica uruguaya hasta 50 megavatios. Según sus mediciones, en diciembre generó el equivalente al consumo promedio de 83 mil hogares.

Luis Rodrigo