AFP
En una reñida carrera por la candidatura demócrata a la Presidencia de Estados Unidos como la actual, es posible que el próximo aspirante opositor a ocupar la Casa Blanca sea elegido por los llamados "superdelegados" que se reunirán a finales de agosto en la convención de Denver.
Los 796 "superdelegados" representarán aproximadamente 40% de los votos necesarios para obtener la investidura del partido demócrata. En una convención dividida entre dos precandidatos, los votos de esta categoría de electores pueden resultar determinantes.
Los "superdelegados" son los caciques del partido demócrata: gobernadores, parlamentarios federales, los ex presidentes Jimmy Carter y Bill Clinton, el ex vicepresidente Al Gore, ex responsables del partido demócrata en el Congreso, miembros de la dirección del partido. Todos ellos son "superdelegados" por derecho.
Esta categoría de delegados es libre de votar a quién quiera a diferencia de los "delegados ordinarios", designados por los electores estadounidenses durante las primarias y los caucus, como los celebrados el martes en una veintena de estados. Estos "delegados ordinarios" están obligados a votar por el candidato escogido por los electores de su estado.
"Gran parte de los `superdelegados' ya eligieron a su candidato y la mayoría del resto lo hará antes de la convención", afirma Michael Tanner, experto en cuestiones electorales en el instituto Cato, un centro de estudios conservador de Washington. "Las probabilidades de que estos `superdelegados' cambien de opinión en el último minuto son casi nulas", añade el Tanner.
Para algunos expertos en la vida política estadounidense, este sistema resulta "antidemocrático".
Durante tiempo, el candidato del partido demócrata era elegido tras laboriosas negociaciones entre la élite del partido, en salas llenas de humo, al margen de la convención. Así es como se eligió por ejemplo, tras duras discusiones entre el alcalde de Chicago Richard Daley y el neoyorquino Charles Buckley, al joven John F. Kennedy en 1960.
A principios de los 70, militantes antiguerra y feministas, tomaron el control de las convenciones. Esto llevó en 1972 a la nominación de George McGovern, el candidato más a la izquierda de todos los aspirantes demócratas, a la elección presidencial.
La candidatura fue un desastre, y McGovern fue amargamente derrotado por el republicano Richard Nixon, ganador en todos los Estados del país excepto en Massachusetts y Washington.
El partido decidió entonces revisar las reglas de nominación de su candidato para protegerse en el futuro de catástrofes similares. Lo que, introduciendo miembros del "establishment" demócrata en el proceso de designación, se podría evitar situaciones parecidas.
"Existía la creencia de que (los líderes del partido) no permitían investir a un candidato que no estuviese en simbiosis con el conjunto del partido", explica William Mayer, profesor de ciencias políticas en la Universidad Northeastern.
Los "superdelegados" constituyen una "válvula de seguridad", estima Elaine Kamarck, miembro de la dirección del partido demócrata y docente de ciencias políticas en Harvard.
Según numerosos medios de comunicación estadounidenses, Hillary Clinton sería la primera beneficiada por el voto de los "superdelegados". �Significa esto que los resultados se decantan a favor de la senadora por Nueva York? El principal perjudicado si fuera así, el senador por Illinois Barack Obama, no lo cree así.
"Los `superdelegados' son flexibles. Si acudimos a la convención con el mayor número posible de `delegados ordinarios' podremos decir que la intención de los electores es clara", dijo Obama.
"�Tendrán los `superdelegados' la capacidad para resistir a la decisión de la mayoría de los electores de las primarias y caucus? La respuesta es claramente no", afirma Mayer.