Control privado en el gobierno francés

El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, después de haber disfrutado de vacaciones en Medio Oriente, se casó el pasado 2 de febrero con la cantante y modelo italiana Carla Bruni, en una ceremonia íntima realizada en el palacio del Elíseo.

En ese lugar, donde habita el poder político de la tercera potencia nuclear del planeta -un arsenal estimado en 350 artefactos nucleares- mantiene su impronta desde el siglo XVIII, cuando fue comprado por Madame de Pompadour, la renombrada cortesana francesa y la amante más célebre y preferida del rey Luis XV.

Los franceses, siempre a medio camino entre sus glorias imperiales y el mandato de la Revolución, decretaron en 1848 que la antigua vivienda de la cortesana fuese la residencia del presidente de la República, y desde 1874, sede del gobierno.

Sarkozy también muestra esa dualidad, reforzada en las clases pudientes francesas, entre lo que Thorstein Veblen llamó "consumo conspicuo", en su "Teoría de la clase ociosa", y la realidad que significa ser presidente de la nación por el voto popular.

De hecho, la sobreexposición mediática de Sarkozy, exhibiendo su inocultable pasión por el savoir vivre, ha provocado un descalabro en su popularidad. La imagen del presidente obtuvo sólo 41 % de la confianza de los franceses, en un sondeo de enero. Es el porcentaje más bajo desde que ganó las elecciones en mayo de 2007 y representa una caída de ocho puntos porcentuales respecto de diciembre, mes en que inició sus publicitadas vacaciones.

La población sospecha -y la oposición denuncia- que el presidente no está atendiendo debidamente sus funciones. Esperan soluciones para incrementar el poder adquisitivo y controlar el alza de los alquileres, los combustibles y los alimentos.

Pero, en realidad, Sarkozy atiende sus funciones a su modo. En diciembre pasado contrató los servicios de la consultora privada Mars & Co., una multinacional que ahora se encarga de evaluar a los 33 ministros y secretarios de Estado del gobierno francés, dentro de un plan de gerencia por objetivos.

Entre esos objetivos figura, por ejemplo, que el ministro de la Inmigración, Brice Hortefeux, deberá deportar un mínimo de 25.000 ilegales en un año. También, que la ministra de Educación Superior, Valérie Pécresse, muestre una cantidad suficiente de universidades que se adhirieran a la reforma universitaria; la titular de Cultura, Christine Albanel, por la evolución de las visitas a los museos los días que son gratis; el ministro de Educación, Xavier Darcos, por la cantidad de horas extra realizadas por los maestros y Xavier Bertrand, ministro Trabajo y Relaciones Sociales, por la cantidad de huelgas que deba confrontar y por el número de trabajadores que acepte desempeñar horas extra para cumplir el objetivo de "trabajar más para ganar más".

Los ministros mal calificados por la evaluación de Mars & Co. deberán irse del gabinete, sin que ello implique una decisión política de Sarkozy.

Una pregunta que queda en el aire es quién calificará, de ahora en más, al presidente. Y otra, es si Mars & Co. también evaluará el momento indicado para que Francia decida participar o no en un conflicto nuclear.