La Argentina padece una pandemia que mata tanto como el sida y casi tanto como las enfermedades coronarias: los accidentes de tránsito. Las cifras se disparan año a año y obligan a salidas mediáticas de los gobernantes que no hacen más que repetirse año a año.
Desde el punto de vista matemático tal vez no sorprendan las cifras e incluso la mirada servirá para anticipar que lo peor no llegó todavía y hay que actuar a tiempo.
El repaso de un mapa vial de la Argentina de los inicios de los 70 y su comparación con el actual mostrará pocas diferencias. Nuevos accesos a Capital Federal; la terminación de la autopista entre Rosario y Buenos Aires y la transformación en autovía entre ésta última y Mar del Plata. En lo demás es poco lo que se avanzó.
En ese mismo tiempo se disparó el parque automotor y los ferrocarriles fueron dejando gran parte de las cargas en manos de los camiones. Entretanto, el Mercosur abrió el comercio y las cargas de varios países limítrofes están obligadas a pasar por rutas argentinas. Añada a estos datos la masificación que fue adquiriendo el turismo y tendrá un cóctel explosivo.
Rutas pensadas en los '50, autos que se ofrecen para desarrollar altas velocidades en rutas no adecuadas donde además se desplazan otros vehículos que no reúnen los mínimos requisitos para circular y que no son detenidos por autoridad alguna, ya sea policial, de tránsito o bien en las cabinas de peaje que parecen estar únicamente con afán recaudatoria y nunca de seguridad vial.
A todo esto se podrán añadir conductores desaprensivos que se mezclan con otros sumamente cautelosos; menores y mayores de edad al volante sin los reflejos necesarios; baches; mala señalización; cruces de rutas o caminos sin siquiera una rotonda para ordenar la circulación.
Años de abandono y de falta de política vial y de infraestructura están dejando este saldo de muertos y de personas que sufren altos grados de discapacidad tras los accidentes. Más allá de los anuncios que se realizan sobre unificación de normas de control, de entrega de carné, etc, nada permite indicar que habrá un descenso en los indicadores porque se necesitan años de obras, educación y control para igualar años de desinterés en la materia.