Hugo Moyano consiguió ayer, en el mediodía lluvioso de Buenos Aires, hacer realidad la foto que el gobierno resistió durante las últimas semanas: la imagen en una misma escena de Néstor y Cristina Kirchner.
Alertado de las lecturas reiteradas sobre un supuesto poder "doble comando", el ex presidente había desistido incluso de participar, el sábado pasado, de la apertura de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, para evitar opacar la figura de su esposa.
Sin embargo, el sólido puente político construido con Moyano durante sus cuatro años en la Casa Rosada pudo más. Es Kirchner, antes que la presidenta, quien actúa como la principal garantía de la alianza vital entre el líder sindical y el gobierno.
Ese rol quedó confirmado apenas la presidenta estrenó cargo. Kirchner debió mediar -en el gobierno la recuerdan en verdad como una árida discusión- ante el dirigente camionero para que, un mes antes de la asunción de su esposa, Moyano no avanzara con la idea de un paro de transportes.
Eran los tiempos de la pulseada inicial, cuando la mandataria parecía coquetear con un acercamiento con la Central de Trabajadores Argentina (CTA) que desencadenó la amenaza del hoy refrendado aliado de ponerse "en la vereda de enfrente".
Siguió la estudiada ausencia en los festejos de asunción de la nueva mandataria y la espera hasta mediados de enero cuando el matrimonio Kirchner, vía el ex presidente, inició los contactos mano a mano y en sigilo para sellar un acuerdo político.
La intervención de Moyano como un referente indiscutible para los límites que el poder central pretende imponerle a las discusiones salariales hace presumir que el siguiente paso del acuerdo se verá en los próximos días, cuando finalmente se conozca el formato del PJ que, por estas horas, arma Kirchner.