Stanley Kubrick, uno de los mejores directores que dio el cine, tenía muy claro que, a la hora de hacer un film con vocación de eternidad, no alcanza la genialidad de una persona. Es necesario concentrar esfuerzos para rodearse con los mejores en cada uno de los apartados, técnicos y artísticos. Cuando rodó, en 1975, "Barry Lyndon", tenía bien presente este precepto: convocó como colaboradores a las personas que consideró más idóneas y, consecuencia inevitable, bosquejó una obra maestra.
Para la fotografía, convocó a John Alcott, quien hizo un trabajo excepcional e inédito. Como protagonista a Ryan O'Neill quien logró la mejor actuación de su carrera. Y para musicalizar eligió a Leonard Rosenman, quien con una brillante banda sonora, dotó al film de una impronta de melancolía, y una portentosa fuerza a sus imágenes. Este compositor, quien con su trabajo con Kubrick se hizo acreedor a un Oscar de la Academia, falleció el martes a los 83 años.
Ya los comienzos de su carrera habían tenido un toque especial: produjo los acordes para legendarias películas como "Al este del Edén" de Elia Kazan y "Rebelde sin causa" de Nicholas Ray, ambas protagonizadas por quien fuera su amigo, el mítico James Dean.
De ahí para adelante, compuso notables piezas musicales como las de "Un hombre llamado Caballo", "Los mejores años de mi vida" y "Viaje alucinante". Un año después de ganar su Oscar por "Barry Lyndon", resultó nuevamente galardonado por la Academia de Hollywood, esta vez por su trabajo para "Bound for Glory".
Integrante de la misma estirpe de grandes compositores como Ennio Morricone, John Williams o Bernard Herrmann, Rosenman deja un gran vacío entre los nombres más ilustres de la música para cine. Un arte que, seguramente, va a extrañar sus lúcidos y emotivos acordes.