Con el cuerpo dibujado
Convención en Buenos Aires de los artistas del tatuaje
Participan 65 especialistas de todo el país que debaten cuestiones de su oficio. En la Argentina, la mitad de los menores de cuarenta años tiene algún tatuaje. Los personajes de un mundillo muy particular.

Pilar López Cantero (Agencia EFE)

La ciudad de Buenos Aires acoge hasta mañana la cuarta convención argentina de tatuajes, en la que se dan cita más de 65 tatuadores, además de curiosos y personajes habituales en este mundillo.

El encuentro es el más importante de este tipo en Argentina, un país donde la afición al tatuaje ha vivido un estallido espectacular en los últimos cinco años.

El organizador del certamen, Diego Staropoli, aseguró a EFE que al menos la mitad de los argentinos menores de 40 años tiene algún tatuaje, e indicó que, cada vez más, se ve esta práctica como una nueva forma de arte.

Precisamente ése es el objetivo de la convención: que la gente conozca mejor cómo es el mundo del tatuaje y entienda sus dimensiones artísticas.

Casi todos los expositores están llenos de personas que aguantan estoicamente el dolor de las agujas, cuyo zumbido penetra el oído nada más cruzar el umbral de la puerta.

Los menos atrevidos tienen la posibilidad de hacerse un "piercing" o un tatuaje temporal que dura de siete a diez días.

En la planta baja del porteño Hotel Bauen se muestra además todo lo que rodea a la cultura del tatuaje, como grupos de música, una exhibición de kick-boxing y múltiples concursos, entre ellos la esperada elección de "Miss Tattoo 2008", que se celebrará mañana.

De hecho, hay muchos que van a pasear y exhibirse, porque ahora que el tatuaje se ha convertido en parte de la estética, todos quieren enseñar los suyos.

"El Mago"

El que atrae más miradas es Alberto Fornés, "El Mago", el hombre más tatuado de Argentina, con más de mil dibujos en su cuerpo -sólo tiene en blanco las plantas de los pies-, y quien aspira a entrar algún día en el Libro Guinness de los récords.

No dice su edad porque se considera "inmortal", ya que cuando muera donará su cuerpo al Museo de La Plata (provincia de Buenos Aires) para que sus tatuajes se exhiban en un lienzo o en su propio cuerpo embalsamado y de ese modo "sean inmortales", dijo a EFE.

Animales reales y mitológicos, duendes, tribales y otros motivos cubren toda la anatomía de "El Mago", así apodado porque una de sus ocupaciones es hacer funciones de magia en las que aparece vestido sólo con un tanga de leopardo y una capa.

"El Mago" ha hecho del tatuaje un modo de vida, ya que, aunque trabaja en una tienda de telefonía móvil, buena parte de sus ingresos los debe a su participación en campañas publicitarias, entre ellas, un anuncio de una bebida refrescante rodado para emitirlo en España.

Aunque no todos llegan al extremo de "El Mago", en la convención se siente fuera de lugar alguien que no esté tatuado o lleve algún dibujo simple: lo que manda es el arte, exhibir los cuerpos como si de lienzos se tratara.

Así lo hace Pablo Daniel, con 25 piercings y medio cuerpo tatuado, que indica que se hizo su primer tatuaje "por envidia" y terminó enganchándose, para luego asegurar que en la calle cada vez hay menos prejuicios contra las personas tatuadas.

Guillermo Pokaluk, tatuador desde hace tres años, está de acuerdo y achaca el "boom" argentino a la publicidad, que lo ha transformado en "algo más de la vida, una cosa que está en la calle".

Para "El Mago", sin embargo, ha sido una forma de "liberación" del pueblo argentino, que ha podido elegir su manera de vivir después de que terminara la última dictadura militar (1976-1983).

Sea como fuere, lo cierto es que es difícil pasear por Buenos Aires y no ver a más de un tatuado. Y cada vez son más porque, como afirma Staropoli, los hombres se atreven con grandes diseños artísticos y también algunas mujeres, aunque éstas en general recurren al tatuaje "como algo insinuante".

Por la convención pasea una chica, sola, disfrazada de diablesa con minifalda y que muestra grandes tatuajes en la espalda, que ejemplifica perfectamente la afirmación del organizador.

De los tres días de convención, que comenzó el viernes, saldrán muchas obras de arte -en la pasada edición se tatuaron más de 2.000 personas-, inmortales al menos hasta que a los "lienzos" les aguante el cuerpo. A no ser que se arrepientan antes, porque ya ni el tatuaje cumple con aquello de "hasta que la muerte nos separe".