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Campo Litoral
Edición del Sábado 08 de marzo de 2008
La cetrería en Santa Fe
Una actividad milenaria que quiere recobrar su protagonismo
Desde sus inicios, el uso de aves predadoras para caza y esparcimiento constituyó una actividad reservada a las elites. Hoy, su uso se ha generalizado en el mundo entero para el control de plagas en el campo, la industria y la seguridad aeroportuaria.

Federico Aguer

En un principio, hace treinta años atrás, los que veían a Jorge Reynoso con sus pájaros predadores lo hacían con una mezcla de curiosidad y sorna. Él estaba dando, casi sin proponérselo, los primeros pasos en una actividad en la que estaba todo por hacerse. Claro que para lograrlo debería sobreponerse a un marco general de ignorancia en el tema. Sin embargo, con la pasión en la sangre decidió seguir adelante. Y llegaron a sus manos los primeros libros. Aquellas nóveles investigaciones del famoso naturalista español Rodríguez de la Fuente, quien comprobó la eficacia de los halcones en el control de aves en un aeropuerto de su país. A partir de allí los países industrializados se pusieron a trabajar en el tema, destinando cifras muy importantes en haras de la seguridad aeroportuaria.

Alas de libertad

"Con este trabajo hemos recorrido el país", asegura Reynoso. "Nos han llamado desde el Norte salteño hasta el Calafate, pasando por las bodegas de Mendoza hasta los lotes experimentales de la semillera Nidera en Venado Tuerto". Aunque aclara que para que el trabajo sea eficiente, se debe hacer una labor a conciencia. Allí es donde se suele armar un cuello de botella, en donde la capacitación del personal, el tiempo disponible y la extensión del terreno a cubrir se constituyen en factores decisivos.

La cetrería como profesión plantea un abanico de posibilidades infinitas en cuanto al control ecológico de plagas. Para el uso aeroportuario, se hace indispensable un trabajo mancomunado junto a las áreas oficiales, que permitan acelerar la instalación permanente de criaderos de aves rapaces y la explotación del servicio a cargo de personal capacitado y bien remunerado. Se trata -nada menos- de salvar vidas, una materia pendiente que en nuestro país salta a la luz cada vez que una tragedia nos lo recuerda.

Para el campo

Esta actividad permite controlar plagas como palomas, loros, negruchos, lechuzas, etc. que vienen causando estragos en los cultivos de la región. Sin embargo, para que su uso sea eficaz, se debe hacer profesionalmente. Se debe adiestrar o "cebar" al animal con la plaga a combatir, la dimensión del lote debe ser proporcional a la cantidad de pájaros y personal capacitado a emplear, etc.

"Es una actividad que tiene muchos secretos, pero es apasionante y nos permite estar en permanente contacto con la naturaleza, aplicando un control que no afecta al medio ambiente", asegura Reynoso. "En la actualidad, se hace difícil conseguir personal suficientemente motivado y capacitado, y algunas trabas burocráticas impiden que podamos dar el salto hacia una actividad estable", reclama.

Por ahora, Jorge sigue aferrado a esta pasión, buscando consolidarla en un trabajo. En su extenso jardín alimenta todos los días a sus halcones peregrinos, gavilanes y águilas, a los que le conoce en detalle la personalidad como si se tratara de verdaderas mascotas.

Ofertas de trabajo no le faltan. Sólo espera saltear algunas trabas para salir a volar.

Un fórmula uno

Un halcón peregrino pesa entre 500 gr. y un kilo. A pesar de esto, lanzado en picada para cazar una paloma o un pato alcanza alrededor de 500 Km/h de velocidad, golpeando con sus garras a la víctima, transformándose en el "fórmula uno" del cielo.





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