textos de Nancy Balza y Emerio Agretti.
En los últimos años, la presencia femenina en espacios de poder ha dejado de ser una rareza y, aún con altibajos y excepciones, se ha convertido en una tendencia e incluso en una impronta de nuestra época; por encima de los muchos antecedentes vinculados al orden monárquico y también de la vieja sentencia que, en el mejor de los casos, les asignaba una posición a la sombra de los "grandes hombres".
A la preponderancia internacional de figuras como Angela Merkel, en Alemania, o Michelle Bachelet, en Chile -sólo por mencionar ejemplos de mujeres que hayan accedido efectivamente al poder formal por la vía democrática y despegadas de cualquier tipo de tracción conyugal- se suman en nuestro país casos con características inéditas. El más obvio es el de Cristina Fernández, la primera mujer que llega a la presidencia por sufragio popular. Si bien la consideración de este caso en particular no puede prescindir de la filiación matrimonial de la mandataria, la condición de "hito" histórico es indiscutible. En todo caso, será también su propio papel histórico demostrar que es más que "la esposa de" y reivindicarse frente a quienes atribuyen un "doble comando" a la conducción del país.
Pero en el mismo acto comicial que consagró a Cristina Fernández (de Kirchner, como resaltaba la boleta), fue otra mujer quien se alzó con la mayor cantidad de los votos no captados por el oficialismo: la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió. Y en la misma ronda electoral, también le tocó a una mujer convertirse en la primera gobernadora del país electa como tal: Fabiana Ríos, del ARI, en Tierra del Fuego.
También se da en nuestra provincia, al igual que en la mayoría de los distritos del país, un creciente acceso de mujeres a la titularidad de municipios o comunas. Y, al igual que Misiones, Neuquén, Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero y la Capital Federal, el binomio gubernamental se completa con un nombre femenino. Actualmente, con Griselda Tessio como vicegobernadora; con la particularidad de que su antecesora en el cargo también era una mujer: María Eugenia Bielsa.
La ocupación de otros cargos a nivel ejecutivo, en tanto, se advierte escasa. Y si bien los elencos ministeriales suelen hacer lugar a un no reglado "cupo" femenino, éste suele estar circunscripto temáticamente a Educación, Salud, Cultura o el área social. Espacios que, más allá de estar adecuadamente cubiertos, no deberían ser limitativos. En el gabinete presidencial se destaca, por lo mismo, la presencia de una ministra de Defensa; hasta hace poco en la provincia hubo una fiscal de Estado y en el actual equipo municipal otra mujer está al frente de Hacienda (y no es la primera). Por lo demás, cabe apuntar que en nuestra provincia se produjo, hasta hace poco, otro hecho sin precedentes, cuando una mujer se desempeñó como jefa de Policía.
Como tendencias o excepciones, en medio de un desarrollo oscilante o como puntas de lanza, es innegable que la ocupación de espacios públicos y de poder por mujeres es mucho mayor que hasta hace relativamente poco tiempo. Las preguntas, entonces, pasan por otro lado: ¿Esta mayor participación es genuina? ¿Hasta qué punto influyó la aplicación de la ley de cupo? ¿Por qué es importante que la mujer esté incorporada plenamente al ejercicio de la democracia? ¿Qué falta para lograr una igualdad plena? Opinan la vicegobernadora Griselda Tessio, su antecesora y actual concejala (por Rosario) del Frente para la Victoria María Eugenia Bielsa y las concejalas santafesinas Marta Fasino (Socialismo) y Adriana Molina (Frente Progresista, Cívico y Social).
Para la vicegobernadora Griselda Tessio, la mayor participación de las mujeres en los distintos ámbitos políticos se puede analizar desde múltiples planos. "Primero, un cambio en los escenarios culturales y sociales. Prácticamente desde los años `60 en todo el mundo -no solamente en nuestro país- , se produjeron procesos de liberación de la mujer, de las costumbres, de ruptura de ciertos lazos tradicionales, de incorporación masiva de la mujer al mercado de trabajo y, al mismo tiempo, aunque menos masivamente, a las actividades políticas". En el caso de nuestro país, esa participación mayoritaria se debe "en gran parte -y sin desconocer los anteriores argumentos- a la sanción de la ley 24.012 llamada de cuotas o cupo femenino".
Para la concejala Marta Fasino la mayor participación de las mujeres en la política es real y evidente y se debe, en un aspecto, a la aplicación de la ley de cupo. "En otro aspecto -aclara- hay un crecimiento desde el punto de vista cultural, de equidad y concientización sobre el aprovechamiento de la capacidad de las mujeres que antes no era reconocido". En lo que respecta al partido que representa, el Socialismo, "nuestra carta orgánica es, que yo conozca, la única que plantea expresamente la equidad en el temas del género en los lugares expectantes. Es la propia carta orgánica la que define la paridad". Volviendo a la ley de cupo "todavía estamos peleando porque muchas mujeres ocupan los terceros lugares para cumplir con la ley. Pero -aclara- no es en todos los casos: en dos oportunidades encabecé la lista y lo mismo ocurrió con Noelia Montagno (concejala por el ARI)".
Por su parte, Adriana Molina (concejala del Frente Progresista, Cívico y Social), destaca la mayor presencia de las mujeres en espacios de decisión, en puestos de poder. "Esta primera década del siglo XXI nos encuentra con una presidenta argentina, con una gobernadora, con mujeres lideres de los partidos de oposición más importantes". Y si bien apunta que las causas son varias, resalta "la lucha, en muchos caso silenciosa, del movimiento de mujeres de argentina y de Latinoamérica, los estudios y las investigaciones de género y las leyes de acción positiva para la mayor participación política de las mujeres y -específicamente- para poder acceder a cargos electivos".
Una mirada diferente; equidad, diversidad, el enfoque en temas que no son mirados por los hombres. Todas estas condiciones son mencionadas como aportes concretos de las mujeres a la actividad política y a la vida democrática, con la certeza, además del derecho que confiere representar a la mitad de la población.
Haciéndose eco de dichos de Diana Maffía (doctora en Filosofía y legisladora de la Ciudad de Buenos Aires), Tessio advierte que la mujer, en la arena política, tiende a mimetizarse con las prácticas y las maneras de hacer política que tienen los hombres. Y menciona dos ejemplos paradigmáticos: Margaret Thatcher -en Gran Bretaña- y Condoleeza Rice -en Estados Unidos. Para ella "la idea de la mujer en política es la de instalar determinados temas que la mirada de los varones nunca los percibió como necesarios y que las mujeres sí han logrado instalar en Europa, Estados Unidos, América Latina, Argentina. Por ejemplo las leyes de salud reproductiva, paternidad y maternidad responsable, la aplicación a rajatablas del artículo 86 del Código Penal sobre abortos no punibles, la protección de víctimas de violencia o abuso familiar. Esto no significa que sean las únicas cuestiones que podemos mirar las mujeres: podemos mirar las ciencias, el arte, el Derecho, las reformas constitucionales, la tecnologías, las empresas, los emprendimientos, de la misma manera que los hombres, pero con una diferencia que no se da en lo racional -donde no la hay-, sino en el plano emocional".
Para Molina, "las mujeres aportamos, en primer lugar, a lograr una sociedad con mayor equidad y diversidad". Además, considera que en general, "las mujeres que no adoptamos comportamientos masculinizados del ejercicio del poder, intentamos ser más horizontales en su construcción, menos jerárquicas". "Así también está probado históricamente que la mayor parte de los temas que tienen como principales protagonistas a mujeres han sido presentados y /o defendidos por ellas mismas: leyes de salud reproductiva, de violencia familiar y contra la mujer y registro de deudores alimentarios", por mencionar algunos.
Para Marta Fasino el aporte de las mujeres en la vida política se explica de manera categórica: "somos la mitad de la sociedad y, como decimos, queremos la mitad de la tierra, del cielo y del poder. Es una cuestión estrictamente de justicia y de equidad".
Más allá de los avances que proporcionan las leyes en el campo político, ¿se puede hablar de igualdad en otros planos, como el privado? ¿Qué falta para que esta paridad se logre?
"Falta conciencia de género por parte de las mujeres y de los varones. Falta el reconocimiento natural, político, familiar, social de los valores de las mujeres y que se comprenda la cuestión de género como un tema de derechos humanos, de justicia y de equidad", opina Marta Fasino.
Para Adriana Molina, "en el sector privado se está avanzado, pero aun persisten obstáculos que -interpreta- tienen que ver por una parte con prejuicios y estereotipos de género, y por otra con no poder conciliar en muchos casos la vida privada con las exigencias que se imponen en los ámbitos laborales".
Tessio prefiere hablar de "igualdades jurídicas", que significa las mismas oportunidades. Y explica: "desde hace 30 ó 40 años, los movimientos feministas han peleado mucho por lograr igualdades ante la ley. Por ejemplo, el viejo eslogan de igual remuneración a igual trabajo, las conquistas sobre las licencias de maternidad, horas de lactancia, la necesidad de poner en cada fábrica o empresa guarderías para mujeres que tienen hijos pequeños. Sabemos que en muchas empresas, a igualdad de capacidades, los empleadores prefieren el varón; porque no tienen que pagar suplentes cuando la mujer está embarazada o ha dado a luz o tiene sus niños enfermos". Para ella la idea es que "los dos, padre y madre, se hagan responsables de la crianza, atención y cuidado de los niños que son de ambos. En eso creo que nos falta mucho por recorrer. Creo que luchamos y debemos luchar por la igualdad jurídica, porque no haya discriminación. Pero no creo que seamos iguales, tenemos respuestas diferentes: algunas dadas por millones de años de evolución biológica y otras por la cultura".
La manera de conformar la nómina para los cargos legislativos se modificó en el año 1991, con la sanción de la ley nacional 24.012, que estableció el llamado cupo femenino. Según esta disposición, "la listas que se presenten deberán tener mujeres en un mínimo del 30 por ciento de los candidatos de los cargos por elegir".
En su momento la iniciativa generó debate, pero en orden a posibilitar el acceso de las mujeres a los espacios de poder, tuvo efectos concretos.
Griselda Tessio recuerda que "cuando se promulgó la ley, a muchos sectores nos pareció que no era una solución, porque en realidad las mujeres representamos la mitad del electorado. Pero desde los años '50 hasta la sanción de la ley, la participación de la mujer en cargos representativos alcanzaba entre un 5 o 6 %; mientras que en 2004 podemos hablar de entre 33 a 40 % de legisladoras nacionales".
Esto más allá de "algunas picardías" en el armado de las listas. "Casi en su totalidad el primer y segundo lugar estaban ocupados por hombres y recién el tercero por una mujer, siendo que la ley no hablaba nada de eso". En otros casos se cumplía con lo que ordenaba la ley, pero "con el compromiso de esa militante partidaria mujer de renunciar en caso de que ganara, para dar lugar al inmediatamente posterior, que era un hombre". Tessio recuerda que, como fiscal de la justicia electoral de distrito, "hubo que hacer un trabajo de control constante al comienzo, y hoy podríamos decir que la norma está incorporada a las prácticas políticas de todos los partidos".
Para Marta Fassino, la ley "fue un empujón más. Nosotros la hemos apoyado, pero desde un punto de vista filosófico aspiro a vivir en un país en el que no sea necesaria esa ley para que las mujeres ocupemos el lugar que nos corresponde. Es, podría decirse, una herramienta necesaria para empezar a resolver cuestiones de justicia y equidad".
Adriana Molina la considera "una herramienta fundamental; su valor simbólico y formal sigue siendo muy importante. No tengo dudas que si esta ley no tuviera vigencia muchas mujeres no estaríamos ocupando bancas en los distintos poderes en los distintos órdenes".
A partir de diciembre de 2007, el Congreso de la Nación registra un nivel sin antecedentes de participación femenina, que abarca el 40 % de las bancas de la Cámara de Diputados (llegando a la cifra récord de 102) y casi el 39 % de las del Senado -lo que incluye a Roxana Latorre, por Santa Fe-, considerando las 28 recién electas.
En la provincia hay 16 diputadas sobre un total de 50 integrantes de la cámara baja. Aquí se advierten en su mayor expresión los efectos de la ley de cupo femenino: como sólo dos fuerzas políticas se repartieron todos los escaños -el Frente Progresista y el Frente para la Victoria- y cada una tenía un 30 % de mujeres en sus listas, las que resultaron electas fueron muchas. Por el contrario, solamente hay una senadora, contra dos que hubo hasta el 10 de diciembre.
Por primera vez hay dos ministras en la Corte Suprema de Justicia de la Nación: Carmen Argibay y Elena Highton de Nolasco. En Santa Fe, ese sitial corresponde desde un tiempo antes a María Angélica Gastaldi.