Toco y me voy
Un yogur con...
¿Ustedes de verdad se pusieron a pensar la tecnología, la sofisticación, que tiene un potecito de yogur? Da miedo comerlos o tomarlos, según los casos. Vamos a remover un poco este asunto, no sé si les parece. textos de Néstor Fenoglio. Antes, unas décadas atrás, cuando el yogur irrumpió en nuestras vidas (en mi caso, impactando en medio de mi infancia, hasta allí resuelta a pura leche-leche, y no estas cosas fortificadas y saborizadas que ahora te imponen), el producto era decididamente básico, hasta grosero, diría: un potaje espeso y blanco, unilateralmente de vainilla, con el que bien podía encalarse la pared del frente de la casa, hacer un revoque grueso, enyesar el cielorraso o usarlo como engrudo para barriletes (ah, también vengo de la época en que los barriletes se hacían en casa). Era rico, pero como novedad y en contraposición con el vaso de leche, más neutro. Esto tenía un sabor agridulce fantástico y operaba como golosina sana. Los tiempos cambiaron, los yogures (no digamos las personas) se hicieron más complejos. Empezaron a venir de otros gustos, se alivianaron, incorporaron frutas, también cereales, chispitas de no sé qué, pelotitas de algo inflado. Hoy no tomás un yogur: incorporás a tu organismo un elemento fantástico (en su doble acepción de valoración admirativa y de fantasía, invención), con un enorme valor o disvalor agregado, que en algún momento hasta te hace añorar el sabor original de ese primer yogur primitivo o de la leche sin más, la leche común y corriente... Ahora hay unos yogures que tienen un colchón de frutas (combinadas y combinables, además) en el fondo, una franja de lo que sería el yogur más o menos tradicional y arriba, separado, un receptáculo con semillas, cereales y demás yerbas. El objetivo final es que vuelques eso en el yogur y mezcles todo, con lo que queda un masacote indefinido que un albañil usaría con gusto entre ladrillo y ladrillo. Además, ese ecléctico y un poco chancho sistema de mezcla, viene acompañado de victoriosos sones light. Vos no comés un alimento que supuestamente te quita el hambre (conmigo no pierdan tiempo: dénme dos kilos de ese brebaje de arranque, y en dos horas muevan los dedos delante de mí porque si los dejan quietos los mastico), sino que básicamente estás haciendo todo para tener el cuerpo glorioso de la modelo que lo exhibe en la tele. No se trata de salud. Se trata de belleza, aunque me cuesta creer que con yogures vas a ser bello, un concepto bastante más amplio que el aspecto exterior: hay demasiadas manzanas que lucen bárbaro pero que no tienen gusto a nada. Si la nona viera esa tendencia de consumir cereales varios, diría con desprecio que es comida de pájaros y correría a hacerte una costeleta como la gente. Ese es el otro aspecto de los actuales yogures y postres. No se trata sólo de los aditivos. Se trata ya del avance sobre el yogur mismo: hoy a los gustos más o menos transitados que permiten los lácteos (vainilla, frutilla, banana y poco más) se le han sumado otros: kiwis, mangos, frutas tropicales, frutos del bosque (todos los berries) y no contentos, avanzan sobre innovaciones y mixturas tipo lemon pie (íy tiene gusto a eso, exactamente!), selva negra, susurros del Cáucaso, esperma de pitufo, álamos al viento y cualquier otra pavada que correremos a comprar acaso con la misma fuerza e inocencia que cuando salió el grosero y brutal yogur de vainilla primero... En tren de ayudar a las firmas lácteas y sus laboratorios y químicos, sugiero que se incorporen nuevas líneas de gustos que nos den a algunos trogloditas la sensación de que igual comemos sano y vamos a ser bellos, sonrientes y atletas. Anoten: ¿qué tal un yogur sabor choripán -con agregado de chimi, si quieren-? ¿Han probado el nuevo yogur de cerveza? ¿Yogur malbec o merlot? ¿Yogur torrontés? ¿Cómo les caería un yogur con gusto a cigarrillo, una línea especial para fumadores, con variantes negras y rubias, mentolados u otra cosa? ¿No comprarían con gusto un yogur de salmón ahumado, un yogur con marucha, uno sabor matambrito de cerdo? Y para acá, porque temo que esta gente se lo tome en serio y un día la nona descubra con horror que ya no le dan cereales de pajaritos, pero en cambio tiene un enorme tazón de yogur con gusto a costeleta. |

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