Alain Bommenel (AFP)
En diez meses, el presidente francés, Nicolás Sarkozy, ha decepcionado a una mayoría de franceses por su manera de actuar personal y por su práctica del poder, de acuerdo con los analistas, y se instala en una impopularidad que, según repite, no detendrá sus reformas.
El cambio de rumbo fue brutal para Sarkozy, cuya clara victoria el 6 de mayo pasado había significado un período de bonanza con dos tercios de los franceses en su favor, algo nunca visto desde el general De Gaulle.
La situación comenzó a cambiar en el tercer trimestre del año pasado y la popularidad del presidente pasó por debajo del 50% al comenzar este año, antes de venirse abajo.
Una primera sanción concreta puede darse en las elecciones municipales de mañana y el 16 de marzo, en que el partido de Sarkozy, la Unión por un Movimiento Popular (UMP), podría perder el control de varias decenas de ciudades en beneficio de los socialistas.
Según un reciente sondeo, sólo un francés de cada tres tiene ahora confianza en Sarkozy. Otra encuesta destaca hasta qué punto la imagen personal de Sarkozy se ha degradado, cuando el 74% de las personas interrogadas estiman que "no se controla bastante".
Cuando el 8 de enero reconoció que no podía "vaciar la caja (del Estado) porque ya estaba vacía", Sarkozy perdió la faz de un dirigente voluntarista, que había prometido ser el "presidente del poder adquisitivo".
Al mismo tiempo, ha exhibido su vida privada con la ex modelo italiana Carla Bruni, con la que contrajo matrimonio tres meses después de su divorcio con Cecilia.
También ha hecho gala de su gusto por el lujo, lo que le ha valido el nombre de "presidente bling bling" en referencia al aspecto vistoso y relumbrón de los raperos estadounidenses.
Para el editorialista del diario Le Monde, Jerome Jaffré, la impopularidad de Sarkozy se debe en gran medida al hecho de que "sale del marco de referencia" francés, de un presidente que debe arbitrar, reunir y ocuparse de lo esencial.
Sarkozy reconoció haber sufrido un "contratiempo", debido únicamente, según su opinión, "a acontecimientos que aparecieron en mi vida y que he debido afrontar". Para tratar de repuntar, ha multiplicado los viajes y los anuncios. Pero esto ha significado nuevas controversias.
Con su insistencia en la importancia de las religiones provocó la reacción de los laicos. Generó escándalo cuando dijo querer confiar la memoria de niños judíos víctimas de la Shoah a escolares de diez años.
Su tentativa de cuestionar el principio constitucional de no retroactividad de las leyes para mantener en prisión a criminales peligrosos indignó a los magistrados.
La oposición condenó el insulto "lárgate pobre gilipollas" a un visitante del Salón de la Agricultura, una prueba más, según ésta, de que Sarkozy desmerece la función presidencial.
Para el semanario francés Le Point, Sarkozy es ahora un "hombre acosado" por "la oposición, los jueces, los intelectuales, la opinión pública".
"Lo único que falta es que se convierta en blanco de sus propias tropas", agrega la revista de derechas, si las elecciones se convierten en un desastre para su campo.
Frente a las críticas que se acumulan, Sarkozy afirma mantener el rumbo de las reformas, aún cuando la situación económica no parece floreciente, contando con la duración de su mandato -hasta 2012- y sin el peligro de un cambio de mayoría parlamentaria.