La semana nacional
Cada cual con su juego
Mientras Cristina hizo su reaparición estelar en el escenario en que mejor se mueve, el internacional, Néstor Kirchner cumplió con la formalidad que lo llevará a consolidar su poder político en la estructura del PJ.

Por Horacio Serafini

Él, adentro; ella, afuera. Cada uno se desempeñó en el rol de sus fortalezas. La presidente recuperó brillo en el escenario internacional, en el que mejor se mueve, al socaire de un conflicto regional sin precedentes mediatos y de una potencial capacidad expansiva igualmente sin precedentes. También el ex presidente lo hizo en la cancha preferida, el armado político, con el inicio de una normalización partidaria del justicialismo pergeñada a la medida de las necesidades del gobierno de su esposa. Nunca antes, desde el 10 de diciembre, funcionó el "doble comando" como en esta semana. Hasta se expresó en terrenos físicamente separados.

Afuera, el papel del gobierno ante la crisis abierta por la incursión militar de Colombia en Ecuador echó por tierra con las prevenciones alarmistas que partieron desde un sector de la oposición, el de Elisa Carrió. Sobre todo en cuanto a la supuesta subsidiariedad política gubernamental de la administración de Hugo Chávez. Los hechos terminaron por demostrar que, al menos ante el conflicto colombo-ecuatoriano, la posición de Argentina tiene sintonía fina con Brasil, el aliado estratégico que definió Néstor Kirchner desde que asumió la presidencia. Incluso tuvo la posición argentina, particularidades propias.

El carácter estratégico de la relación financiera y comercial con Venezuela tuvo su reconfirmación con la visita de la presidenta a Caracas. Un dato: se trató de la primera visita de Estado de Cristina Fernández de Kirchner desde que llegó a la Rosada. A Brasilia lo había hecho como presidenta electa a fines de noviembre y a Montevideo para la cumbre del Mercosur. Los resultados de las horas en Caracas confirman que aquella relación sigue firme. Restará ver si el compromiso de Chávez de abastecer de "todo el gas que Argentina necesite" alcanzará para superar, junto a las medidas domésticas, las prevenciones de abastecimiento energético en el invierno.

Bajar los decibeles

Pero en lo político, la subsidiariedad no resultó lo que algunas voces opositoras auguraban. "No hay que tomar iniciativas o medidas unilaterales", definió la presidenta. El saco le cabe, en primer lugar, al colombiano Álvaro Uribe ante el hecho consumado de violación territorial ecuatoriana, pero también, en alguna medida, a Chávez por el despliegue de tropas que apuró en la frontera.

A contribuir a bajar los decibeles de un conflicto que amenazaba con escalar se ciñó la posición de Argentina. Los ejes fueron la condena al hecho consumado de la violación del territorio de Ecuador, pero también la convocatoria a la paz y la insistencia en el "canje humanitario" en Colombia, una tarea en la que el gobierno está embarcado -y lo estuvo con la presencia de Néstor Kirchner en la selva colombiana- a pedido expreso del presidente francés Nicolas Sarkozy.

El comportamiento sostenido en la sesión de la OEA, las sutiles diferencias marcadas en la visita a Caracas y el discurso presidencial en la cumbre del Grupo de Río así lo evidenciaron. Sobre todo, en la evaluación política de los hechos que antecedieron al conflicto que hizo la presidenta en su discurso en Santo Domingo: la incursión militar de Colombia actuó como alterador de relaciones políticas y económicas en el norte de América del Sur que iban por carriles normales, y sucedió justamente en momentos en que el "canje humanitario" de rehenes de las Farc comenzaba a tomar forma.

Multilateralismo

Otra definición presidencial destacable: la defensa del multilateralismo, patrimonio de la política exterior latinoamericana, y la urgencia por impedir que el unilateralismo ponga aquí un primer pie. "Esto es clave -dijo- para poder seguir siendo una región libre de una doctrina que ha provocado grave conflictividad en el planeta". La acción de Colombia sobre Ecuador, cualquiera sea su atendible situación de conflicto interno, viene a intentar inaugurar, de hecho, la doctrina de los ataques preventivos que el gobierno de George W. Bush hizo carne tras los atentados de setiembre de 2001.

La posición del gobierno argentino comenzó a ser reconocida en su condición de mediador. Semejante papel deviene de la decisión de la OEA de que Argentina, junto a Brasil, además de Perú y Panamá, integre la comisión que informará sobre los hechos y propondrá "fórmulas de acercamiento" entre Colombia y Ecuador.

Reaparición estelar de Fernández de Kirchner en un escenario en el que siempre dio pruebas de soltura y solidez, al punto tal de que, también por la evidencia de la aceptación popular del gobierno de su esposo, la llevó a hacer la campaña electoral en el exterior. Premeditado o no, pero lo cierto es que la visita a Venezuela había sido programada para la misma fecha en que, a miles de kilómetros de distancia, su marido comenzaría a hacer el juego que le gusta desde que le dejó el mando de la Rosada: la construcción de poder político.

Un trámite y foto con Moyano

Previsible, el Congreso justicialista de Parque Norte devino en un trámite (ver Pág. 12). Los términos del expediente habían sido escritos hasta el detalle en el comando de Puerto Madero. De antemano, no había lugar para sorpresas: el alineamiento con el "doble comando" kirchnerista, por necesidades de poder en unos casos, por requerimientos de gestión en otros, es total. Fuera del redil, quedaron sectores marginales del justicialismo. Tampoco cabría esperar sorpresas en los próximos 40 días, salvo que los Rodríguez Saá decidan dar pelea. La atención estará puesta entonces en cómo quedará conformada la instancia dirigencial que acompañará a Kirhcner presidente del PJ. De quienes el "comando" de Puerto Madero designe dependerá el perfil del PJ. Por lo pronto, el reparto interno de poder respetará los paradigmas históricos del partido, con la representación de los sectores.

En ese sentido, la semana dejó un hecho confirmatorio. Hugo Moyano, con seguridad, será uno de los cinco vicepresidentes del PJ. La foto del martes pasado selló el acuerdo: el camionero jefe de la CGT junto al "doble comando" Kirchner. Se trata, en definitiva, de una devolución de "gentilezas". Por un lado, es un reconocimiento de los Kirchner a la contribución de Moyano a ponerle paños fríos a las expectativas de inflación con la paritaria congelada alrededor del 20 por ciento, después que el camionero hizo su juego de apretar para negociar: dijo ausente en la asunción de la presidenta y amenazó con ponerse "en la vereda de enfrente".

Por el otro, la foto avienta aires de combate de los opositores a Moyano dentro de la CGT. Aunque a juzgar por los prontos arreglos paritarios, como el de bancarios, también aquéllos marchan hacia el alineamiento. Por los próximos cuatro años, el camionero seguirá al frente de la central sindical.

Sobre las bases del acuerdo con Moyano y la normalización del PJ, el "doble comando" podrá gobernar sin sobresaltos políticos. Tampoco cabe que pueda haberlos desde sectores justicialistas extrapartidarios, como el de los piqueteros oficialistas. Luis D'Elía volvió a tener su cuota de poder en el gobierno, y para contenerlos, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, salió estos días con una sorpresa: la normalización del PJ es el "puntapié inicial para reorganizar la fuerza política propia" que es el Frente para la Victoria. La pregunta sin respuesta sigue siendo la misma: �alcanzará todo ese andamiaje político para contener una inflación sostenida, ante la que el cambio de medición del Indec aparece sólo como el cambio del mensajero, no de la mala noticia?