Viviana Mariño (CMI)
Sin discursos solemnes, ni peleas de "alta peluquería" como se recuerda al duro cruce entre Cristina Fernández e Hilda Chiche Duhalde en 2004. Así, en un trámite veloz de apenas 45 minutos, el Congreso Nacional del Partido Justicialista convocó ayer a elecciones internas para el próximo 18 de mayo y dio el primer paso formal para que Néstor Kirchner sea consagrado como nuevo jefe del PJ.
A cuatro años del plenario que marcó el inicio del divorcio político entre el kirchnerismo y Eduardo Duhalde, los congresales justicialistas de todo el país volvieron a reunirse en el mismo escenario, el predio de Parque Norte, esta vez para aprobar el plan diseñado por el ex presidente para normalizar el partido de gobierno.
El llamado a internas para el 18 de mayo incluyó instancias como la reforma de la Carta Orgánica partidaria, para reducir de 146 a 75 el número de miembros del Consejo Nacional del PJ; la aprobación de una amplia amnistía para los dirigentes que compitieron por afuera del partido en las últimas elecciones, y la consagración de los nuevos integrantes del Congreso y la Junta Electoral.
Sin la presencia de Kirchner ni de los dirigentes que habían insinuado impugnaciones al plenario como el ex presidente Carlos Menem y la dupla puntana de Alberto y Adolfo Rodríguez Saá, quienes hicieron faltar a los congresales de San Luis, el "debate" se desarrolló sin sobresaltos y concluyó con la aprobación por unanimidad de los puntos negociados por el kirchnerismo.
La convocatoria a internas abrió un período para la presentación de listas hasta el 18 de abril cuando, y en caso de que ningún rival acepte dar pelea al ex presidente, Kirchner y los dirigentes, que elija como integrantes de la mesa chica del nuevo Consejo, quedarían proclamados como la nueva jefatura del partido de gobierno, según señaló a este diario el apoderado del PJ, Jorge Landau.
Hasta entonces, las oficinas del ex mandatario en Puerto Madero volverán a convertirse en el escenario de intensas negociaciones por las cinco vicepresidencias y los 28 lugares de los consejeros de la mesa directiva, una disputa que ya tiene como protagonistas al jefe de la CGT, Hugo Moyano, el ex ministro de Economía Roberto Lavagna y varios de los gobernadores de peso del PJ.
El ex presidente evitó ayer insinuar cómo inclinará la balanza. Y, con la integración de la conducción del Congreso, dio firmes señales de que la negociación de fondo por la jefatura política del PJ deberá madurar por 40 días más. "Los cargos que se definieron son formales", aceptaron varios de los protagonistas de las negociaciones finales.
Aunque mencionado hasta último momento como titular del Congreso, el gobernador chaqueño, Jorge Capitanich, quedó finalmente en reserva como una de las nuevas caras del PJ en el futuro Consejo.
La conducción del máximo órgano partidario recayó en el mandatario formoseño, Gildo Insfrán, secundado en las cuatro vicepresidencias del cuerpo por el dirigente entrerriano Jorge Busti, el intendente de Tres de Febrero, Hugo Curto y los gobernadores de Córdoba, Juan Schiaretti, y de San Juan, José Luis Gioja.
Muestra de la hegemonía que Kirchner logró en el PJ, la lista de autoridades del Congreso partidario fue leída por la diputada nacional Graciela Camaño mientras su esposo, el gastronómico Luis Barrionuevo, saludaba efusivo entre los pasillos pero a prudente distancia de su rival en la CGT, el camionero Hugo Moyano.
En primera fila, escucharon atentos varios de los ministros del Gabinete como Alberto Fernández, Aníbal Fernández, Carlos Tomada y Carlos Zanini, junto a gobernadores y diputados nacionales.
La minuta aprobada por los 803 congresales de todo el país -una asistencia casi perfecta sobre el total de 913 miembros que integran el Congreso- incluyó también la decisión de excluir del proceso de reorganización a cualquier dirigente que pueda tener vinculación con causas de violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura militar.
El debate se abrió quince minutos antes de las 13 con un breve discurso del veterano Antonio Cafiero, el congresal más antiguo y convocado por el kirchnerismo para evitar posibles impugnaciones de los disidentes. "Nuestro principal objetivo es derrotar al tiempo. Necesitamos tiempo para que la juventud se vuelva a enamorar del peronismo", juzgó antes del quizás más fuerte aplauso del plenario.
Restaron apenas 45 minutos para la aprobación del plan que Kirchner comenzó a alumbrar en diciembre pasado cuando dejó el poder y decidió terminar con la intervención de casi tres años que pesaba sobre el PJ. Por eso, tras la tradicional entonación de la marcha peronista del final, el comentario informal fue unánime: "Congresos, congresos eran los de antes".
Si Néstor Kirchner pasó cuatro años en el poder desdeñando las internas partidarias, su salida de la presidencia marcó un viraje en aquella mirada que ayer comenzó a hacerse realidad en el expeditivo congreso del PJ de Parque Norte.
Desde el final de su mandato y el ascenso de su esposa, Cristina Fernández, no hubo un día del retiro que Kirchner no dedicara a armar y desarmar la estructura de un nuevo PJ destinada a convertirse en herramienta política de la nueva etapa de gobierno encarada por la presidenta.
Sin despacho en la Casa Rosada, el ex mandatario logró hacer desfilar en sus oficinas políticas de Puerto Madero a gobernadores y ex, legisladores nacionales y jefes sindicales. Un gesto de liderazgo que obligó al gobierno a salir al cruce de las especulaciones de un "doble comando".
El plenario de menos de una hora que ayer abrió la puerta para que Kirchner se convierta en el jefe del peronismo demostró, sin embargo, que el ex mandatario está decidido a darle al PJ un sesgo propio, cercano tal vez al matiz de sus ensayos electorales.
La ausencia de militancia entusiasmada en los pasillos del predio que hace cuatro años desbordaban de manifestantes movilizados por diferentes sectores demostró algo de esa cara de la que habla, incansable, el kirchnerismo.
"Es que no tenemos nada por lo que pelearnos", comentaban algo risueños los veteranos dirigentes del PJ, alertados de que el plenario quedaría convertido en un trámite fugaz, apenas destinado a completarse en las negociaciones privadas de las oficinas frente al Río de La Plata.
El reacercamiento de Kirchner con el PJ encuentra una arista complementaria en la ratificación de la alianza política del poder central con el jefe de la CGT, el camionero Hugo Moyano, a quien Kirchner y su esposa acompañaron en un multitudinario acto en la semana que se clausura.
Ese doble juego encontró sus mejores metáforas en el acto del martes convocado por el líder de la central obrera -Moyano logró la foto conjunta del matrimonio Kirchner en una misma tribuna de apoyo- y, apenas tres días después, en las deliberaciones de ayer en la costanera porteña.
Tras el intento de la denominada transversalidad -aquella idea de ampliar los límites del PJ a un nuevo andamiaje político abierto a otras fuerzas políticas aliadas-, el matrimonio Kirchner parecer haber visualizado en el retorno al PJ-formato tradicional la mejor garantía de gobernabilidad.
En ese proceso, la figura de Kirchner promete aumentar en gravitación. Ayer, el ex presidente evitó poner el cuerpo a un debate medido y cuidado al extremo que lo volverá a ubicar en primer plano en apenas cuarenta días cuando venza el plazo de presentación de listas para la interna del PJ.
Como parte de la división de tareas que parece haber encontrado en la sociedad con su esposa, la presidenta ganaba protagonismo en la vidriera internacional, a cientos de kilómetros de la disputa doméstica del PJ y en el delicado escenario de la política regional.