Luis Tarullo (DyN)
El gobierno nacional y el dirigente camionero Hugo Moyano refrendaron en tiempo casi récord el acuerdo que les permite garantizar la satisfacción de sus mutuos intereses y reforzar el actual andamiaje económico.
Después de los fuegos de artificio de los meses pasados, en los que cada uno no hizo más que marcar territorio para advertirle al otro que debía acceder a sus pretensiones, ambos sellaron un pacto que aspiran a que no tenga fisuras. Tanto o más rápido que en los dos ciclos anteriores, el jefe de la CGT accedió a encabezar la caravana de los acuerdos salariales a gusto y paladar de la administración, en torno a una mejora del 20 por ciento, aunque sobre la base de índices de inflación irreales.
Ese porcentaje de mejora -que como ocurrió en las otras ocasiones puede ascender por influencia de escalas y adicionales, según las diversas actividades- permite al gobierno, según su particular criterio, mantener a raya cualquier intentona inflacionaria desmedida, como si no persistieran infinitas posibilidades de fugas para la continuidad de indiscriminados aumentos de precios.
Por ello, no habría que extrañarse si en pocos meses más reaparecen los movimientos sindicales para procurar resarcimientos salariales porque el costo de vida se devoró las mejoras que se van firmando en esta primera mitad del año.
La confirmación de la alianza moyanista-kirchnerista se produjo en las jornadas más recientes, a partir del avance del oficialismo para reflotar bajo su dominio el Partido Justicialista, tras firmar el certificado de defunción de la transversalidad, lo cual significó la aparición de una procesión de "viudas" sindicales y políticas.
En ese marco, en el ámbito gremial quienes están mojando pañuelo tras pañuelo son los dirigentes de la CTA, útiles en la etapa inicial de la administración del matrimonio Kirchner y hoy arrumbados.
La entidad que cobija al sindicalismo denominado alternativo, fundamentalmente del ámbito estatal, reclama en el desierto el oasis de la personería gremial. Esa medida que aparenta ser administrativa pero con un fuerte componente político, ya que terminaría con la tradición de varias décadas de reconocer solamente a una central sindical, ya fue reclamada incluso por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Pero aquí, la administración continúa afianzando en el cuadro de honor al sistema ortodoxo, absolutamente provechoso a la hora de acumular poder. Los réprobos del comienzo se convirtieron en los indiscutibles elegidos, y viceversa.
Así, Moyano volvió a llevarse las palmas y se dio el gusto de tener al matrimonio Kirchner en su fiesta por los 20 años al frente del gremio camionero. A ese espectáculo de loas mutuas le sucedió el congreso del PJ, donde quedó anudada la futura conducción partidaria que liderará Néstor Kirchner y en la cual la fidelidad de Moyano le será correspondida, según todos los anticipos, con un lugar de privilegio y estratégico en esa estructura. Todos estos datos configuran un panorama en el cual el Jimmy Hoffa local aparece sobresaliendo con nitidez para seguir encabezando la conducción cegetista.
Entonces, quienes ayer pretendían dejarlo acostado en el fango, incluso con el aliento de algunos hombres del gobierno, hoy deben esforzarse para reacomodarse en la galaxia peronista.
El caso emblemático es el del gastronómico Luis Barrionuevo, quien en los últimos meses atrajo a varias organizaciones con el fin de destronar a Moyano, intentona que incluso fue expuesta en público.
En ese grupo se alinearon varios dirigentes de organizaciones de peso que ahora tendrán que formularse un severo replanteo y nadar en medio de una fuerte correntada para retornar al puerto en el que da cobijo el oficialismo. Uno de los casos fue el de los colectiveros de la UTA, cuyo titular, Roberto Fernández, no dudó en ir con los tapones de punta contra Moyano. Ese gremio, de indiscutible valor estratégico, transitó con Moyano muchos años, desde la creación del Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA) que enfrentó a Carlos Menem.
Pero su pase al antimoyanismo no le salió gratis en cuanto a la interna del sindicato. Varios de sus dirigentes siguen fieles al camionero, como Juan Manuel Palacios, quien a pesar de no ser más secretario general continúa siendo referente de los choferes de colectivos, o Mario "Zamba" D'Aprile, que también tiene injerencia en las redivivas 62 Organizaciones. Ambos, por ejemplo, tuvieron sitios especiales en el acto de Moyano y los Kirchner.
Más aún, Palacios ("Bocha", como se lo conoce en el mundo sindical y político) sigue efectuando un fundamental aporte a la estrategia moyanista e incluso tendría una aceitada relación con la presidenta, quien, dicen los que lo conocen, lo llamaría amigablemente por su apodo.
El caso de la UTA es solamente uno de los ejemplos de cómo algunas organizaciones, quizás por lógica ambición de poder, por error de cálculo o incluso por un entusiasmo casi infantil, tomaron un sendero que creían despejado de obstáculos. Es sabido que en momentos clave el peronismo siempre terminó apelando a recetas ortodoxas y de comprobada eficacia, sobre todo cuando en la zona de liderazgo hay dirigentes para quienes el pragmatismo -y, en consecuencia, el evitar riesgos- es prácticamente una religión. Por ello, Barrionuevo ya comenzó a desandar el camino explicitando su apoyo a Moyano para integrar la futura superestructura del PJ, mientras otros que estaban en los márgenes de la conducción gremial, los "Gordos", tienen las llaves puestas para poner en marcha el vehículo que los regrese al centro de la pista.
Como siempre, nadie quiere abandonar la carrera. Y para su mejor performance todos deben, inevitablemente, integrar el equipo que lidera la competición.