arte: ARTE-02 El interminable teatro de símbolos
Por Por Julio Anselmi

"La imagen secreta", de Horacio Bollini. Corregidor, Buenos Aires, 2007.

De la obra de arte como espejo inmóvil (pero de reflejos incesantes a través del tiempo) al cine, que se desarrolla como la música en el tiempo y en el que "somos lanzados al aire desde un punto incierto y hacia un punto incierto como la piedra de Spinoza", los ensayos de "La imagen secreta" conforman un recorrido apasionante sobre las ideas y mitos a través del arte. De las artes plásticas explícitamente, aunque con certeras alusiones a la mejor literatura.

Junto a los estudios sobre Fra Angelico, Piero della Francesca, Leonardo, El Bosco, el barroco jesuítico-guaraní o Van Gogh, hay un breve ensayo sobre Kafka que, tras tantos kafkianismos de kafkianos kafkianistas, parece devolvernos una esencia de este supremo escritor del siglo XX, recordándonos su profundo humanismo, su denso lirismo y la clave de su narrativa que se cifra en la indeterminación y vaguedad de los espacios y en los desvaídos contornos temporales.

Bollini propone un doble recorrido que es en ambos sentidos ilimitado: la observación del espejo inmóvil y la captación de los variados reflejos especulares que se han desplegado en el tiempo desde la creación de la obra, los estratos y cercos, y matices de desplazamientos interpretativos que, hoy y aquí, con las limitaciones del caso podamos concebir.

"La imagen secreta" se abre con ensayos específicos sobre Fra Angelico (y su rigor matemático en el afán por acercar los símbolos espirituales a la percepción racional), Piero della Francesca (y su intención de probar las posibilidades múltiples de la perspectiva, las proporciones y los números áureos), sobre el "San Juan Bautista" de Leonardo (y su androginia, como signo del deseo por unir lo Diverso en Uno), sobre El Bosco (y la parafernalia de sus visiones sobre este valle de lágrimas en un aleph onírico en el iris de Dios), sobre las nociones del cuerpo y del erotismo en el Renacimiento, sobre la "Piet‡ Palestrina" de Miguel Angel, sobre El Greco, Caravaggio, Reembrandt, Vermeer, el barroco jesuítico-guaraní (y el poder chamánico que el tallista aborigen cristianizado habría puesto en práctica a partir de su ancestral percepción del lenguaje como don divino), sobre Goya, Van Gogh (y su furor por una mirada intensa, panteísta y ordenadora en su -"un"- mundo destrozado) y Kafka. Una segunda parte incluye ensayos sobre los ángeles y el elemento femenino, las catedrales y la Jerusalén Celestial, Giotto, el arte de los espejos y los retratos, una interpretación sobre el número de los personajes "en escena" y sobre la imagen "quieta" y el cine. Finalmente, un apéndice escarba en la técnica y materiales de las pinturas para revelar la coincidencia, ortodoxia o heterodoxia entre los modos de trabajo, de los maestros antiguos a Reembrandt.La modernidad ha abandonado la ambición (la controvertida ambición) de los universales platónicos e incluso la de sus posibles reemplazos, como la poética panteísta del trascendentalismo norteamericano, que buscaba un nuevo lazo entre la naturaleza y el idealismo. Toda metafísica resulta entonces anacrónica, y el panorama resultante no es alentador: "Acaso la inmensa mayoría del arte actual, huyendo del nihil que incluye dentro sus propias estructuras (bienales y ya viejos happenings, instalaciones y nuevos ismos cada vez más autistas), no crea la imagen capaz de dialogar con el filósofo. Ni con un público amplio. ese público amplio (e iletrado) que llanamente dialogaba con los signos y símbolos de la Catedral, con las manos sintácticas de los frescos románicos, con el santo y seña del arte medieval [...]. Sin el lenguaje contextual, el signo pierde parte de su carga semántica. Así, fruto de la desconexión, la pregunta habitual -y candorosa- del visitante actual a una muestra artística suele ser: ¿a qué corriente pertenece esta obra? Aun ingenuamente, sabe que de no poseer esa información, la obra le hablará en un lenguaje hermético (la ingenuidad se debe a que nuestro visitante quizás ignore qué tan snob resulte la pertenencia a un supuesto nuevo grupo o corriente, qué tan lúdico, serio o falaz es el manifiesto que ponen delante de sus ojos)".