"De qué boca caerán los silencios", de Norman Petrich. Editorial Ciudad Gótica, Rosario, 2007.
En este nuevo libro de Norman Petrich, las percepciones poéticas, situadas dentro de un marco histórico y social, alternan con pasajes literarios y nombres referenciales (Gelman, Cardenal, Pessoa, a través de Caeiro), los cuales ejemplifican y sostienen la lúcida confrontación de una realidad que aparece rozando tenazmente el pasado y se proyecta hacia un destinatario potencial: "Es mía esta boca digo/ con ella te nombro/ ... si me preguntas/ eso puedo hacer por ti/ agitar antes de usar/ el resto es tuyo/ un país/ el resto es tuyo".
En esta interdicción coloquial, flexibilizada por cierto acceso lírico, las representaciones incorporan una visión (revisión) de las sucesivas etapas hostiles débilmente cambiantes, ceñidas a las ausencias y, más aún, profundizadas por un entorno adverso, anacrónicamente regresivo. Guiado por una interpelación reflexiva y recurrente el poeta intenta asimilarlo y exponerlo a través de una crítica necesaria e introduce el recurso de la reiteración, casi estribillos utilizados como ejes permanentes unidos al tono de la parábola.
El agua, el nombre, un país, la furia, el corazón, el paisaje, el miedo, la casa, el olvido, el amor, la noche son estadios, vasos comunicantes de intenso fluido interior que se expanden en estas páginas y formalizan una cadencia única.
Desde un profundo desencanto, acaso descreimiento e incertidumbre, el autor se interroga, duda, propone, y obliga al pensamiento a cuestionarse sobre lo que vendrá: "El dolor mira tu reflejo fragmentado/ y se aprende tu nombre/... sólo para ver cómo tu nombre se mecía/ en esos ojos que te sueñan/ ojos de niña que sueña mundos/ para vos que no eres mundo todavía".
Sobre la evidencia de una trama dialógica, tácita y consistente, las antinomias (amor y desamor, invención y realidades, muros y salidas, descensos y memorias), la endeblez del cambio, los desaciertos, lo apocalíptico, lo mesiánico, la indefensión del hombre, estructuran la unicidad de un hecho siempre revelador y vulnerable, a la vez, signado por la sobrevivencia que se liga, de manera inequívoca, a la condición humana.
En "De qué boca caerán los silencios", se hace legible el sueño, invariablemente intacto, como una entidad subvervia del retroceso y los agravios. Esta poesía, precursoramente esperanzada, camina sobre un mundo en crisis. En tal contexto, no es difícil comprender esta voz asumida desde la preocupación humana. Sin afectismos ni desbordes, pero con una insistencia insobornable la temática entraña un destino plural en clara oposición al deterioro y a la desintegración individual: "... nos mirábamos las manos y no había más espacio/ pero no era esto lo que quería decir cuando preguntaste/ sino que no quedaba nada para hacer/ más que secarnos las lágrimas/ y empezar a construirlo todo".