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Campo Litoral
Edición del Sábado 15 de marzo de 2008
Región: REG-07
Un nuevo aumento a las retenciones
Una medida con pies de barro
El fundamento de las retenciones móviles para no permitir el avance de la "sojización" en la Argentina carece de un sustento sólido.En la última década, el país absorbió el 84 por ciento del crecimiento de la demanda mundial de aceite de soja.

Pablo Adreani/CMI contenidos

No hay palabras que puedan expresar el sentir de todo el sector agropecuario ante el anuncio del Ministerio de Economía del nuevo esquema de retenciones móviles. Los productores han recibido un duro golpe que no hace más que tirar por tierra todas las expectativas futuras de crecimiento y desarrollo de uno de los sectores más importante de la economía.

Una vez más quedó demostrado que el sector no tiene fuerza a la hora de compartir decisiones con el Gobierno; directamente, fue ignorado a la hora de tomar la resolución.

La sociedad en su conjunto no ha demostrado, siquiera, un esbozo de preocupación o sorpresa ante una medida que tendrá un impacto directo sobre la economía de muchos pueblos y localidades del interior.

El fundamento de las medidas para no permitir el avance de la sojización en la Argentina tiene sustento en pies de barro. La siembra de soja avanzó en nuestro país por tratarse del producto que tuvo el mayor crecimiento en su demanda mundial de los últimos 10 años. En 1997, el mundo consumía 136 millones de toneladas de soja, en su mayoría convertida en carne debido a la participación del 80 por ciento de la harina de soja. Durante 2007, el consumo mundial de soja llegó a 236 millones de toneladas. En la última década, el aumento de 100 millones de toneladas generó una suba de la demanda anual de 10 millones de toneladas. Aquí entra a jugar el crecimiento económico de los principales países que demandan soja para procesar y derivados para el consumo humano.

Crece la demanda

Nos estamos refiriendo al fuerte crecimiento en la economía de China, India y África, que han sido los motores del aumento de la demanda mundial. Para la próxima década se espera que esos países continúen creciendo a un ritmo muy similar al del pasado quinquenio. Esto, de alguna forma asegura el crecimiento constante de la demanda de soja y sus productos derivados. La producción de soja en la Argentina tuvo un aumento de 38 millones de toneladas en esta última década (de 11 millones a 49 millones), mientras que la producción de Brasil aumento en 31 millones (de 26 a 57 millones) y la producción en Estados Unidos tuvo un incremento de apenas seis millones: pasó de 64 a 70 millones de toneladas.

Vemos entonces que la Argentina ha sido el país con mayor aumento en su producción en esta última década. El motivo de este aumento hay que sintetizarlo en muy pocas palabras: siembra directa, tecnología, genética, capacidad de adaptación a los cambios y, por sobre todas las cosas, una industria aceitera de las más competitivas del mundo.

Si analizamos el comercio mundial vemos que la Argentina ha participado en una mayor proporción. En el caso del aceite de soja, el comercio mundial aumentó en cinco millones de toneladas paso de seis a 11 millones de toneladas, mientras que las exportaciones tuvieron un aumento de 4,2 millones: de 1,8 millón en 1997 a más de seis millones de toneladas durante 2007. Quiere decir que la Argentina ha capturado el 84 por ciento del crecimiento del comercio mundial.

Si analizamos el comercio mundial de harina de soja vemos que ha sucedido algo muy similar: el comercio mundial aumentó en la última década 23 millones de toneladas al pasar de 34 millones a 57 millones. En ese período, las exportaciones de harina de soja aumentaron en 21 millones de toneladas. Vemos que la Argentina ha participado en más de 91 por ciento del crecimiento del comercio mundial de harina de soja.

Políticas erradas

Por todo esto, el Gobierno tiene que darse cuenta que el avance de la soja en la Argentina no fue producto de un acto mágico y sin fundamentos. Se debió, en primer lugar, al fuerte incremento de la demanda mundial y, en segundo lugar, a las equivocadas políticas de Gobierno aplicadas para el caso de la carne y los lácteos. También los funcionarios deberían entender que en ningún país del mundo se hace ganadería en campos agrícolas. En todo caso, lo que hizo el Gobierno en estos últimos años es acelerar el avance de la agricultura al intervenir los mercados de la carne y de la leche, y quitarles rentabilidad.

¿Y los alquileres?

Productores y operadores evalúan el impacto en el precio de los alquileres

Algunos creen que no habrá bajas. Otros, en cambio, opinan que es impredecible.

Ese es uno de los grandes interrogantes, en especial sino se han cerrado contratos. Incluso, las primeras especulaciones todavía navegan a la búsqueda de señales más claras.

Algunos piensan que, con mayores retenciones a la soja, se da por descontada una baja en los actuales valores, en especial para la modalidad de acordar un precio por quintales como referencia.

Daniel Rivilli, de Marca Líquida, opinó que, en el terreno de las suposiciones, "los alquileres deberían ajustar hacia abajo", pero aclaró que las empresas tendrán que afinar sus números para saber cómo seguirá el negocio.

"Por lo pronto, el impacto de la medida es muy negativo, incluso porque los cambios para trigo y maíz no han sido tan significativos", agregó.

Por su parte, el economista y consultor Jorge Ingaramo advirtió que, al establecerse un esquema móvil entre distintos rangos de precios, "se vuelve impredecible" saber qué pasará con los alquileres.

"La teoría indica que deberían bajar si se siembra soja y girasol. Pero también hay que ver como se comportan las parte. La oferta de tierras es la misma, el problema es ver cómo reaccionará la demanda. De todos modos, esto recién empieza, hay un nivel de conflictividad muy alto y no hemos visto aún toda la película", aclaró.

Nebulosa. Eduardo Fitz Gerald, de la Compañía Argentina de Tierras, también cree que "aún estamos en una nebulosa" que impide ver a mediano plazo. De todos modos, arriesga una tendencia: "Creo que (los precios) no van a bajar. Habrá que esperar hasta fin de mes cuando pase el remezón y se hagan nuevos contratos", dijo.

El operador estima que, si las retenciones retrotraen el precio interno de la soja al valor de diciembre, los dueños de campos se manejarán entonces con el mismo precio. "Lo lógico sería que los alquileres, por lo menos, no aumenten", apuntó, en la misma línea, Augusto Tamagnini.

Rodrigué, en tanto, considera que "los precios se mantendrán sin cambios, en especial en la zona núcleo" y que, con los actuales valores de los alquileres, el negocio agrícola ya es de "alto riesgo para los inquilinos".

"En el área de Marcos Juárez se pagan entre 20 y 22 quintales (de soja) por hectárea. Con esos valores, el rinde de indiferencia del maíz está en 9.500 kilos. Y este año el clima no acompañó", advirtió. Por eso el grupo lleva la producción del cereal al norte del país.

La evolución del precio de los alquileres desvela a los pooles de siembra, que han salido al mercado a buscar financiamiento para sortear los costos en alza. Algunos se toparon con nuevas condiciones en los bancos, que habrían recomendado bajar la superficie de siembra para cerrar el negocio.

Por eso fueron el encuentro de otras salidas, como la inyección de capital con la venta de una parte del paquete accionario. En el caso de La Redención-Sofro, Rodrigué adelantó que analizan varias alternativas para la nueva campaña, como un fideicomiso o asociar a los dueños de los campos.

Y aunque algunos hablen de una demanda poco entusiasmada, la competencia de los pooles promete marcar un capítulo aparte.





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