Opinión: OPIN-03
ANOTACIONES AL MARGEN
Huye palabra
Por Estanislao Giménez Corte - [email protected]

I

Ay, palabras, qué se las va a llevar el viento, si su contextura física, su gravedad, su agudeza, es más de lo que tenemos aquí, en derredor, amén de unos pocos pensamientos borrosos e intenciones de asirlos. Y adónde las llevará qué viento, sino a desafiar el silencio y a retar al ruido. Y qué se llevará, si por su restallar de lecturas, por su reventar de colores, por el arco de sus tonos, el de las palabras, es el viento mismo el que las multiplica de ecos y las hace fantasmal y omnisciente materia.

II

íAh!, palabra, te persiguen las gramáticas, magnas unas veces, lastimosas otras; y las academias te pretenden, te quieren apresar los discursos, te desean los falsarios y los políticos, palabra, y te buscan con manos de atrapar la arena, el agua; y no te hallan más que por momentos; y les dejas apenas un hálito, un perfume articulado, un resto y cuando te pronuncian ya fuiste en busca de otras voces, palabra; y sale de ellos no más que una tos como de afonía.

III

íAy!, palabra, te describen las cualidades, las funciones, la morfología, como si fueses un animal disecado; pero vos te vas, palabra, te escabullís de las clasificaciones, de los manuales de los altos académicos y retozás para travestirte en la periferia de lo decible, en dicciones límpidas o arrastradas, en invenciones, en tropiezos; y te vas, palabra, de las villas a las bibliotecas de cristal, de las universidades al ensueño imaginativo de los infantes, para desorientar a los que te buscan, palabra, para hacer errar a los escritores y a los sociólogos y a los periodistas.

IV

Y te hundís en el barro, palabra, para salir oscura, morena, mestiza, remachada de y por las hablas de las gentes, novísima y extraña, impura, para la desesperación de los "guardianes" de la lengua, metamorfoseada y amuchando los orígenes latinos, germánicos, arábicos, con las convenciones, palabra, como si traficaras fonemas y metáforas desde debajo de los puentes y los hicieras aparecer, hermosos e inalcanzables, para tu propio provecho, en la urbe.

V

Ay, palabra, en la masa viva y mutable de la lengua guardás para la huida una artillería de la distracción, con adjetivos que devienen sustantivos, con verbos que se transforman en adjetivos, con adjetivos que se corrigen en adverbios, con verbos que se originan en nombres, con palabras muertas que resucitan, con metáforas que desafían la inteligencia, con giros y fenómenos de traslación que aleatoriamente suceden e irrumpen por la inventiva, por la combinatoria; y que atosigan de variables tu inabordable condición de objeto de estudio.

V

Ay, palabra, huye; huye de los jactanciosos, huye de los lingüistas; huye palabra, huye de los intelectuales, huye de los retóricos, huye, palabra; huye de los puristas, huye de los textos oficiales, huye de la prensa; y huye de mí, palabra. Nunca te seré digno. No te merezco, palabra. Tampoco ellos.