El que instala el tema de conversación en la mesa es Abel. Dice que está de acuerdo con el fallo de la Corte Suprema a favor de Patti. La primera observación se la hago yo en forma de pregunta: ¿Desde cuándo defendés a torturadores convictos y confesos?.
-Desde que defiendo la democracia -responde-, Patti puede ser un personaje despreciable, pero a mí me enseñaron desde chiquito que para que alguien sea condenado debe haber pruebas.
-Yo también estoy de acuerdo con ese principio -le digo- pero Patti gozó de todas las protecciones que es capaz de dar un Estado autoritario, entonces, ahora, cuando se lo pretende juzgar las pruebas no existen, las prescripciones están a la orden del día y no faltan los que dicen que no hay que mirar hacia el pasado.
-La alternativa no es la violación de principios básicos del derecho constitucional y penal -contesta Abel- a los vicios de la democracia se los corrige con más democracia, no con coartadas aparentemente eficaces pero que sientan precedentes gravísimos hacia el futuro.
-Yo no soy tan leguleyo como vos -dice José- pero no tengo ninguna duda de que Patti fue un torturador que no debe estar en el Congreso sino en la cárcel.
-Que vaya preso si hay pruebas, sino lo siento mucho- contesta Abel.
-Preso está -señala Marcial- lo que la Corte dice es que está en condiciones de asumir su banca de diputado...
-Y si lo hace, de inmediato lo dejan en libertad -dice José- porque van a decir que está protegido por los fueros parlamentarios.
-Ese es un punto que está por verse -dice con tono reflexivo Marcial.
-Yo creo- dice Abel mirándolo a José- que no hay que enojarse con los jueces de la Corte que deben actuar conforme a derecho, con quienes hay que enojarse es con aquellos que lo pusieron a Patti en una lista de diputados o con aquellos, que no son pocos, que lo votan.
-Los que impidieron que Patti asuma como diputado fueron los compañeros peronistas- responde Abel.
-Si mal no recuerdo -señala Marcial- Patti llega a diputado integrando una lista del peronismo...
-Lo recordás bien -dice Abel- Patti es un invento político de los peronistas. En provincia de Buenos Aires tuvo el apoyo de Duhalde y Díaz Bancalari. Ustedes los peronistas son geniales, inventan los monstruos, los legalizan y después los demócratas nos tenemos que hacer cargo del muerto.
José está por contestar pero en ese momento llega el mozo, Quito, para tomar el pedido. Como para contribuir a la confusión general le pregunto a Quito su opinión sobre el tema. Quito se sienta, se saca el pañuelo y se lo pasa por la cara, suspira como si le faltara el aire y después dice: A ese señor Patti no lo conozco personalmente, pero tengo las mejores referencias de él. Sé que fue un policía valiente que le metía bala a los delincuentes y a los subversivos y que cuando fue intendente de Escobar persiguió a los drogadictos y a los homosexuales... un hombre así me merece el mayor de los respetos.
José y Abel se lo quieren comer crudo, pero Marcial les hace una seña para que hagan silencio. Quito se levanta, se acomoda el pantalón, recoge la bandeja de la mesa y se va.
-Pensar que alguien dijo que el futuro de la humanidad está en manos de los trabajadores- dice Marcial
-No comparto- contesto.
Erdosain