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Opinión
Edición del Jueves 10 de abril de 2008
Opinión: OPIN-05 A cinco años de la caída de Bagdad

Estados Unidos conmemoró el quinto aniversario de la caída de Bagdad aún inmerso en una guerra impopular que ha dividido al país y se ha convertido en el más pesado lastre del gobierno del presidente George W. Bush.

El 9 de abril de 2003 soldados estadounidenses derribaron en la plaza Firdus de la capital iraquí una estatua del presidente Saddam Hussein, lo que se constituyó en la confirmación de la caída de su régimen.

Ése fue uno de los capítulos de una intervención militar iniciada tres semanas antes para derribar a un gobierno de Hussein que, según EE.UU., promovía el terrorismo y fabricaba armas de destrucción masiva.

Para el gobierno de Bush y para muchos partidarios de la intervención ése era el comienzo del fin de una aventura iniciada pese a la oposición de muchos en la comunidad internacional y de los demócratas en el país.

Cinco años después, y con más de 4.000 soldados estadounidenses muertos, el fin de esa intervención no se ve muy cercano.

El hombre que debía sustituir en el poder a Hussein, el actual primer ministro Nuri al-Maliki no tiene más poder que Muqtada al-Sadr, el líder de las milicias que combaten la ocupación, afirma el analista militar teniente coronel Rick Francona.

Tampoco la posibilidad de un vuelco en favor de una finalización del conflicto parece cercana, admitió ante el Congreso el general David Petraeus, al informar esta semana que proyecta suspender transitoriamente la retirada de tropas en julio debido a la frágil situación de seguridad que vive el país.

"No hemos visto ninguna luz al final del túnel. La botella de champaña ha sido puesta otra vez en la nevera", señaló ante el Comité de Servicios Armados del Senado. "El progreso, aunque es real, también es frágil y reversible", advirtió.

Con el fin de no poner en peligro, los avances logrados con un aumento de tropas el año pasado, Petraeus informó que recomendaría una pausa de 45 días en julio en la retirada de tropas.

Después de esa pausa, dijo que evaluaría las condiciones en el terreno para determinar si es necesario un aumento del despliegue militar. Estados Unidos mantiene en estos momentos alrededor de 160.000 soldados en Irak.

Según los planes anunciados el año pasado, el Pentágono debería retirar cinco brigadas de combate (unos 20.000 hombres) para mediados de julio, con lo que se volvería al nivel de unos 140.000 existentes antes del aumento de enero del año pasado.

Según fuentes militares, cualesquiera sean los cálculos en Irak habrá más de 100.000 soldados estadounidenses este año y comienzos del próximo, cuando Bush abandone la Casa Blanca y deje el destino de la guerra en quien le suceda.

Si fuera por los demócratas, Hillary Clinton y Barack Obama -uno de los cuales podría ser ese sucesor-, la retirada militar de Irak debería comenzar muy pronto.

Petraeus y el embajador de EE.UU. en Bagdad, Ryan Crocker, comparecieron ante el Comité de Fuerzas Armadas del Senado y el de Relaciones Exteriores, de los cuales forman parte Obama y Clinton, así como John McCain, el candidato republicano partidario de mantener la presencia bélica de EE.UU. en ese país.

En su intervención, McCain sostuvo que "el aumento de la seguridad ha llevado a una oportunidad más amplia de solución política en Irak".

Además, insistió en que EE.UU. debe mantener su compromiso y su presencia militar en Irak porque "una guerra civil podría descender a un genocidio" con repercusiones en todo Oriente Medio y la región del Golfo.

Sin embargo, la senadora Clinton discrepó con esas afirmaciones. "Es irresponsable que continuemos con una política que no ha dado los resultados prometidos una y otra vez, a un costo tremendo para nuestra seguridad nacional, y para los hombres y mujeres que visten el uniforme militar de Estados Unidos", dijo la senadora por Nueva York.

Clinton agregó que "ha llegado el momento de iniciar un proceso ordenado de retirada" de las tropas, con el objetivo de empezar la "reconstitución" de la fuerza militar estadounidense.

Obama, por su parte, manifestó que EE.UU. debería establecer un programa para la retirada y ejercer presión sobre las autoridades iraquíes para que logren la paz en el país.

"La presión, de forma mesurada, incluye un programa para la retirada", señaló el senador de Illinois y agregó que "nadie está pidiendo un repliegue precipitado, pero sí creo que tiene que haber una presión mesurada pero creciente".

Orlando Lizama (EFE)





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