En 1697, cuando la Argentina aún no existía como tal y está parte del mundo estaba bajo dominio español, en Japón se registraba el primer uso documentado de un mercado de futuros. Y si bien las crónicas de la antigüedad dan cuenta de antecedentes en China, Arabia, Egipto e India, fue en la actual Tokio donde quedaron registradas las primeras operaciones de cobertura.
Los dueños de los feudos, que pagaban su renta al emperador con arroz, debían mantener un depósito de mercadería en el campo y otro en la ciudad. Y para hacer frente a alguna emergencia, comenzaron a emitir certificados de depósito, que compraban los comerciantes para anticiparse a sus necesidades.
Uno de esos mercaderes, Yodoya Keian, pronto convirtió su casa en Osaka en un virtual centro de negocios de futuros. Después se mudó a Dojima, donde nació el mercado de arroz, reconocido legalmente en 1730, es decir, 118 años antes de la fundación del Chicago Board of Trade.
Pero de nada sirve la historia como acumulación de hechos si de éstos no se sacan enseñanzas. ¿Qué hubiera hecho el oportunista Yodoya si el emperador, frente a la prosperidad de su negocio, le aplicaba presiones impositivas desmesuradas? Pues algo peor le pasó.
Yodoya se convirtió en un mercader muy rico, demasiado para su clase social, y sus posesiones fueron confiscadas. Quienes intentaron "reemplazarlo" corrieron peor suerte, ya que fueron enviados al exilio y sus hijos fueron ejecutados. Pero el mercado del arroz, aún intervenido y bajo amenazas, siguió operando. El emperador, finalmente, cedió y lo reconoció como tal.
¿Habría entonces razones para caer en el mismo error que ya se cometió hace más de 300 años? No suena demasiado inteligente. Y sin embargo, el mercado de futuros de la Argentina ha quedado al borde de dejar a los productores sin referencias y faltos de previsibilidad, como les ocurrió a los japoneses cuando le bajaron la persiana a Yodoya.
Con un siglo de historia, los mercados de futuros en el país manejaron en el último ciclo casi 30 por ciento del volumen total de la cosecha nacional (otro porcentaje pasó por operaciones forward). Y venían con un gran viento a favor cuando se anunciaron las retenciones móviles. Ya se sabe que, a mayor velocidad, más fuerte es el impacto. Así lo sintieron el Mercado a Término de Buenos Aires (Matba) y en el Rosario Futures Exchange (Rofex).
"Se preveía para este año un crecimiento del 50 por ciento, para llegar a 25 ó 26 millones de toneladas. En enero y febrero habíamos duplicado el volumen. Ahora todo es una incógnita, no sabemos que pasará, aunque hasta abril y mayo seguirá relativamente bien por cuestiones técnicas", explicó Gustavo Picolla, gerente del Matba.
Esa entidad emitió un comunicado días atrás en el que advirtió sobre las consecuencias del esquema de retenciones móviles. La primera es una virtual desaparición de los sistemas habituales de formación de precios, lo cual genera incertidumbre y falta de previsibilidad.
El efecto, luego, sigue en cadena. La medida plancha la volatilidad de los precios. Y sin volatilidad, pues no existe riesgo ni posibilidades de algún beneficio especulativo. El fenómeno aleja a los operadores puros y más aun a los especuladores, cuya dinámica de participación es esencial para dar liquidez y un volumen de negocios que edifique una estructura competitiva.
Los resultados, entonces, serán mercados deprimidos y desnaturalizados, sin la posibilidad de cumplir la misión para la cual nacieron: mejorar las prácticas de comercialización y evitar los bruscos desequilibrios de una oferta estacional frente a una demanda permanente.
Por lo pronto, y mientras se guarda la esperanza de algún cambio en la medida oficial, el golpe ya fue dado y la confianza de los operadores acusó recibo.
"Fue una medida muy negativa y es clave saber cómo la interpretan los operadores. Hay mucha psicología y cuestiones de confianza. Por eso es importante el mensaje que baja de los mercados a los operadores en el día a día. Habrá una nueva configuración en los negocios, pero el impacto ya ocurrió", opinó Ismael Caram, gerente de Operaciones del Rofex.
Esa entidad operó 6,8 millones de toneladas el año pasado, volumen que marcó su mejor año histórico. Entre enero y febrero trabajó a un ritmo de 30 mil a 36 mil toneladas diarias, mientras que en marzo, ese nivel cayó a un promedio de 18.500 toneladas.
"Después de las medidas, los operadores empezaron a tomar ofertas de clientes que querían cancelar posiciones. Esa fue la primera reacción con las posiciones abiertas. Ahora estamos en un tercio del promedio habitual de operaciones, con 500 contratos diarios", agregó Caram.
Al igual que el Matba (recuperado de la crisis de 2002, operó un récord de 17,8 millones de toneladas el año pasado), el Rofex pensaba llegar este año a 15 millones de toneladas y en 2009 subir el telón para su internacionalización como mercado electrónico. Los planes no se bajaron, pero es posible que cambien los tiempos. "Si esta medida queda como está, las operaciones de los mercados de futuros caerán notablemente. El efecto que produce es un techo en los precios de las commodities y, con ese dato, los futuros no tendrán volumen", añadió Picolla.
Nuevo escenario. Todas las nuevas operaciones dependerán de cuán cerca o lejos estén los precios de un producto respecto de sus máximos fijados en las bandas de precios de las retenciones móviles. "Al mercado le han sacado una de sus razones de ser, que es cuando se tiene expectativa al alza de precios", señaló Victoria Ugolini, del departamento de Futuros y Opciones de FyO.
Hoy, muchos consultores coinciden en que sólo al trigo le quedaría algo por recorrer.
"Cuando se conoció el anuncio de la reapertura del registro, el trigo subió cinco dólares; algo ya corrió", advirtió Pablo Adreani, de Agripac.
De todos modos, Ugolini aún ve posibilidades de operar con un call mirando la evolución de la posición enero 2009. "De todos modos, hay que vigilar la relación de la capacidad teórica de pago y el techo del precio", dijo.
Por su parte, la Bolsa de Comercio de Rosario advirtió que "los especuladores no se verán tentados a intervenir en los mercados de futuros por la escasa volatilidad de los precios", mientras que los exportadores participarían "para asegurar originación", con posiciones para recibir el grano al vencimiento de los contratos.
También advierte otras situaciones, como vendedores tratando de no hacerse cargo de los costos del almacenaje en un escenario que tiene valores con techo o precios de futuros que no compensarían los costos de traslado en el tiempo, barriendo los incentivos para almacenar.
Y agrega que todo problema que los exportadores perciban en la originación de la mercadería serán parte del costo de compra y, por lo tanto, se trasladará en un menor precio.
Daniel Alonso/CMI Contenidos