Después del paro, faena récord, como no se había visto nunca. Ya próximos a llenarse todos los ductos y circuitos de la carne que estaban vacíos, los precios no bajan, manteniendo los niveles previos al paro y, en algunos casos, superiores a entonces.
Hubo una salida masiva de los feedlots, pero las necesidades eran muy grandes y en los primeros días llegaron a las carnicerías medias reses de animales comprados muy caros en las horas inmediatas al levantamiento del paro. Luego el precio de la carne al mostrador tendió a bajar, pero muy lentamente.
En las semanas y en meses próximos la faena tenderá a recuperarse, pero el problema ya a esta altura puede decirse que no es la oferta: ""el problema es la demanda, estúpido". Al Gobierno le horroriza la naturalidad con que los consumidores han tomado la fuerte suba en los valores de la carne al mostrador previos al paro y posteriores al mismo.
La demanda local convalida continuamente nuevos y más altos niveles de precios y frente a este fenómeno el Gobierno no tiene la menor idea de qué hacer. La oferta ganadera en enero-febrero y parte de marzo fue inusualmente alta y, aun mezquinando los registros de operaciones de exportación (ROE), los precios del ganado se dispararon igual.
El Gobierno ha creado un monstruo, una demanda interna incontrolable, y ahora no sabe cómo contenerlo. La respuesta de la demanda por carne vacuna a los mayores ingresos supera todo lo que podía prever.
En todo el Mercosur, que hoy es la oferta de ""última instancia" de carne vacuna en el mundo, se está dando el mismo efecto: una demanda interna muy firme, con tendencia a crecer, que se combina con una oferta ganadera insuficiente y monedas fuertemente revaluadas, para determinar precios del ganado en dólares inéditamente altos, aún ponderando la desvalorización de la divisa estadounidense.
A este panorama de monedas valorizadas y mercados domésticos sorprendentemente firmes debe agregarse la influencia de una demanda externa "desesperada", que observa con mucha preocupación que el Uruguay tiene un techo de producción y exportaciones, que Brasil tiene un caos de trazabilidad -y de credibilidad- y que Argentina tiene al matrimonio K, que reduce o suprime las exportaciones de carne a discreción.
Conclusión: por un buen tiempo, precios en dólares para la hacienda y para la carne muy altos en términos históricos. Hemos dicho en dólares, no en términos reales de cada país.
Se viene la temporada de tactos y refugos. Los criadores mandarán a faena cientos de miles de vacas, tanto cría de último ternero (CUT) como útiles, y debe recordarse que en una explotación de cría con venta al destete, el 35 a 40 % de los kilos vendidos corresponde a la categoría vaca.
El Gobierno, si quiere favorecer o ""subsidiar" o ""compensar" a los criadores, debe dejar abierta sin restricciones o chicanas la exportación de carne de vaca manufactura y conserva.
Si calculamos que este año se faenarán alrededor de dos millones de vacas de esas categorías y estimamos en 250 pesos la diferencia de cotización -ya comprobada- en el valor por vaca si la exportación está abierta o está cerrada, concluiremos que mantener abierta la venta al exterior de la carne de vaca puede suponer un ingreso adicional de más de 500 millones de pesos para los criadores.
La plata no la pondrá el fisco, ni la soja, ni los consumidores internos, sino los importadores rusos, venezolanos o europeos. En los últimos dos años, con las exportaciones de carne abierta o cerradas discrecionalmente en forma alternativa, con la frecuencia adecuada, un puñado de pícaros se embolsó una diferencia sideral exportando carne vacuna a expensas de los criadores.
Este ""subsidio" tiene un costo fiscal nulo; además, se cobrarán las retenciones y a través del precio se beneficiarán todos los criadores, sin necesidad de pretensión alguna, ni de gestiones, ni de ""planes ganaderos", ni de compensaciones por ""terneros mal vendidos". Los criadores esperan que se mantenga abierta la exportación.
Ignacio Iriarte