Economía: ECON-04
Coyuntura
Estadísticas bajo el impacto
Aunque todavía no existen cifras consolidadas acerca del impacto que el paro agrario tuvo sobre la economía, los primeros reportes privados prevén una desaceleración para los meses de marzo y abril. En paralelo, la UIA mostró públicamente su preocupación por la generalizada caída en la rentabilidad de la empresas.

Félix Canale

Todo informe de coyuntura, apoyado en estadísticas y encuestas, es por definición una lectura de datos con por lo menos 30 ó 60 días de antigüedad, o incluso, más tiempo. En definitiva, se trata de identificar tendencias, a partir de las cuales interpretar o entender la realidad del día a día y proyectar a futuro. Siempre y cuando no se cruce en el camino información crítica inmediata.

Sirva la salvedad para resaltar que, al promediar el mes de abril de 2008, existen turbulencias que pueden poner en tela de juicio la vigencia de algunos de los valores matemáticos que las series estadísticas expresan. Entre esas turbulencias, la falta de confiabilidad en los datos del Indec sobre la inflación real es la punta del iceberg de una desconfianza generalizada sobre otros indicadores.

La primera consecuencia es que surgen decenas de informes privados, que a veces coinciden y otras, no tanto, contribuyendo a la confusión general. La segunda es que esa confusión patrocina las expectativas inflacionarias que, hoy por hoy, miden el miedo a que la inflación se desboque.

Un reciente sondeo de la Universidad Torcuato Di Tella sobre tales expectativas ubica en 27 % la inflación esperada para 2008. Es cierto que este tipo de proyección a futuro es intangible. Pero no es menos cierto que una industria metalmecánica de Santo Tomé midió un incremento de 20 % en el costo de sus insumos, entre setiembre y enero pasados. Ese porcentaje es igual al acumulado en los 12 meses anteriores. (Ver El Litoral, lunes 31 de marzo 2008, Pág. 14). Esos aumentos de costos, sí o sí, deben ser trasladados por dicha empresa al producto final, aun antes que concluyan las discusiones paritarias con la Unión Obrera Metalúrgica, entidad gremial que aspira a 30 por ciento de incremento en el salario de sus afiliados.

El paro

Otra turbulencia que pone en capilla las estadísticas es el paro de 21 días realizado por el sector de la economía rural, principalmente la agricultura. El impacto negativo sobre la actividad económica ya comenzó a sentirse y se extenderá por arrastre a los próximos meses, independientemente de la distensión insinuada luego de que el viernes 11 la presidenta Fernández se reuniera con los representantes del sector en conflicto.

El ejemplo más cercano de un factor crítico es la interrupción en la cadena de pagos de 22 frigoríficos santafesinos (Ver El Litoral, viernes 11 de abril 2008, Pág. 19), que se espeja en la mayoría de los casi aproximadamente 400 frigoríficos habilitados en todo el país. Una cadena de pagos no se recompone de un día para otro e incluye a varios actores.

En tanto, hasta el pasado jueves 10, unos 6.000 trabajadores de la carne, a escala nacional, estaban cruzados de brazos porque no tenían qué hacer y otros 10.000 se mantenían con reducción horaria, según el sindicato que los agrupa. Los gremialistas confían en que un subsidio del erario nacional repondrá el monto de los jornales caídos.

Siempre en Santa Fe, desde el departamento Belgrano, José Luis Castellarin, asesor económico del Movimiento de Defensa de la Maquinaria Agrícola (Modemaq), dijo a la prensa que está en peligro el 30 % de los negocios que las empresas habían cerrado, en conjunto, durante Expoagro. Esas empresas acordaron durante la feria ventas por valor de 400 millones de dólares. Del total, 120 millones están ahora al borde del abismo.

Un primer análisis -surgido, como es de rigor en estos tiempos, de consultores privados- reportado por Miguel Bein y Asociados y difundido el viernes, estima que las pérdidas que generó el paro agrario sobre toda la economía llegan a los 8.400 millones de pesos (algo más de 1 % del PBI de 2007), a razón de 400 millones de pesos por día.

El impacto se sintió ya en la retracción del consumo y en el incremento de la presión inflacionaria. Es obvio que la economía se frenó en marzo y el efecto se arrastrará al mes de abril. La pregunta central es cuánto incidirá en el desempeño económico del año; los analistas anticipan que puede afectar las exportaciones y la recaudación fiscal.

La industria

El sector fabril no ha informado oficialmente sobre el impacto, pero desde la semana pasada los técnicos de distintas cámaras lo están evaluando. Los trascendidos sostienen que las manufacturas mostrarán pérdidas de entre 10 y 30 por ciento en sus negocios de marzo y abril, dependiendo del rubro. Para muchos empresarios es ya una certeza que, por primera vez en 4 años, el nivel de actividad cayó en marzo frente a febrero. Resta conocer la proporción de la desaceleración y si en los meses venideros se volverá al ritmo que se venía sosteniendo.

La ultima expresión orgánica de la industria se produjo la semana pasada, durante la quinta conferencia de la Fundación Observatorio Pyme de la UIA. En ella no se mencionó, ni aun tangencialmente, el impacto del paro, en aras de no fomentar la recalcitrante trampa conceptual de agro versus industria.

El foco del cónclave apuntó a la falta de financiamiento para las Pymes y a la caída de la rentabilidad empresaria. En el cierre de la conferencia, Juan Carlos Lascurain, titular de la UIA, abogó por un tratamiento de excepción para aquellas pequeñas y medianas empresas que han quedado con deudas tributarias como consecuencia de la crisis.

Admitió que el trabajo informal está muy extendido entre estas compañías, pero argumentó que ya no existen herramientas estructurales que les permita escapar de esa situación. También fue explícito al indicar que no puede ser exitoso ningún plan financiero para respaldar a las Pymes, si previamente no se tiene en cuenta el peso de la mochila fiscal que cargan esas empresas.

El mensaje es un llamado de atención sobre los planes crediticios oficiales, con una línea de 5.000 millones de pesos instrumentados a través del Banco Nación, ampliamente difundidos en las últimas semanas.

En otro tramo de su intervención, Lascurain se refirió a lo que calificó como "fuerte caída de la rentabilidad" y aportó como dato que durante 2007 el incremento de los costos fue de 47 %, mientras que la suba de los precios de los productos finales se situó en un promedio de 20 %. Previamente, durante la conferencia, se distribuyó un reporte del Observatorio correspondiente al tercer trimestre de 2007, algunos de cuyos gráficos ilustran la presente nota.