Opinión: OPIN-03 Reflexiones sobre excluidos, incluidos y excluyentes

Hace un tiempo que estas palabras me promueven inquietud. No sólo por su significado o lo que califican sino por lo que en ellas queda oculto y subvertido en el uso del lenguaje cotidiano.

¿Quiénes son los excluidos?, ¿por qué son excluidos?, ¿quién los denomina así?, ¿quién los excluye?, ¿de dónde se los excluyó?, ¿dónde estaban antes?

Sigo preguntándome ¿cómo puede denominarse como "excluidos" a un sector de la sociedad?, ¿por qué nombrarlos así? A la vez, ¿cómo "incluirlos" si son parte misma?, ¿no es un contrasentido?, ¿no se está haciendo un esfuerzo fallido intentando "incluir" lo que por esencia es parte?

¿Por qué se da este fenómeno? Se puede alegar que es sólo un tema semántico, que son nombrados, denominados así, para que rápidamente se entienda. ¿Qué es lo que hay que entender?

Este sentido semántico produce otros efectos además de ser un modo de nombrar, un modo de decir. ¿No ordena también qué es la sociedad y qué no?, ¿qué cosas son y pertenecen a la sociedad y cuáles y quiénes no? Este particular modo de nombrar no es inocuo, también ordena el mundo, lo clasifica, lo divide.

Propongo, además, otra perspectiva de análisis de éstos términos. Perspectiva que corresponde al lugar psicológico en que inmediatamente esta clasificación nos ubica al decirla/escucharla, consciente o inconscientemente. Si no soy "excluido"; es decir, si soy "incluido" soy parte de La Sociedad, y esto genera una pertenencia, una identidad, un derecho. Si no lo soy, ¿a qué lugar pertenezco?, ¿quién soy?, ¿qué derechos tengo?

El debate que planteo con este particular modo de nombrar no es un debate del orden de lo semántico, es un debate ideológico.

Considero que este modo de nombrar estigmatiza, confirma lo que pretende remover, simplifica lo que es muy complejo de explicar. Impulsa una comprensión fragmentada y determinista del hecho denominado "exclusión", configurando además un campo de análisis de igual modo fragmentado y determinista. Lo muestra sin movimiento, como ya dado, y obstruye la necesidad de una indagación activa de las causas que lo generaron. Finalmente, promueve confusión y dilución de las responsabilidades a la hora de comprender, de afrontar la situación y delinear estrategias de resolución.

El desafío es: ¿cómo nombrar sin ponerse afuera del problema?, ¿cómo resolver sin excluirse de la solución?

Mercedes Martorell