Opinión: OPIN-05
Tribuna política
El Molino Franchino y el regreso del antiperonismo

En "Cuestión de Énfasis", Susan Sontag destaca un concepto: una sociedad es sobre todo la idea que se forma de sí misma (1). Muchos santafesinos nos resistimos a dejar en manos de una metrópoli hegemónica nuestra mismidad, nuestra idea de lo que somos, nuestra consistencia histórico-cultural. ¿Santa Fe se convertirá en una ciudad colonizada?, ¿la ciudad capital se dejará pensar desde otro lugar y permitirá que se adultere la memoria de lo que efectivamente ocurrió, y que fue protagonizado por su gente?

El molino Franchino es un ejemplo de esta operación sobre la memoria comunitaria impulsada desde el discurso de la gobernación. Hace un mes se anunció como novedad la reconversión de la fábrica en un centro cultural juvenil, siendo que se trataba de una idea original del gobierno anterior, que ya estaba en ejecución.

Obeid y el molino

El 6 de noviembre de 2006, a las siete, sonó el teléfono de mi casa. Era Obeid, que con la energía de su estilo me dijo: "Venite inmediatamente a mi despacho, porque tengo que comunicarte una idea que hay que poner en marcha ya". Sin más explicaciones colgó el auricular.

Cuando su hija Alejandra me abrió la puerta, el gobernador estaba exultante por un proyecto que acababa de concebir y que cuando estuviera listo revolucionaría la vida cultural santafesina. La obra completaba una revalorización urbanística en pleno desarrollo, desde el bulevar Gálvez hasta Rincón: era la recuperación del ex molino Franchino como centro de actividades artísticas juveniles. Quiero abrirlo durante todo el día y la noche, me dijo, para que se encuentren allí los chicos que hacen arte. Como siempre, Obeid recorría la oficina a grandes pasos y hablaba con fuerza, agitando sus brazos en el aire como si quisiera dibujar el futuro.

Supongo -por la foto que registra la entrevista- que con el mismo entusiasmo que caracteriza a Obeid, se lo contó también a Emerio Agretti, porque el 24 de noviembre de 2006, El Litoral titulaba: "Anuncios de Obeid: ampliarán la Ruta Provincial 1 y harán un polo cultural abierto".

Para entonces yo ya había invitado a colaborar a un equipo de arquitectos jóvenes talentosísimos de Santa Fe, que expusieron las maquetas y el anteproyecto de lo que sería la futura "ciudad cultural joven". Ricardo Giavedoni, Patricia Mines, Marisa Cubalo y Victoria Paredes hicieron la investigación, los planos y el relevamiento del sitio, que por cierto presentaba un considerable riesgo a causa del estado de abandono en que se encontraba tras un largo proceso judicial.

El Litoral dio la información el 28 de noviembre de 2006, con el título: "El ex molino Franchino será un polo cultural para los jóvenes". En la nota se explicaba que "la idea es generar un polo cultural juvenil que pueda ser utilizado de la forma más espontánea posible, no dándole determinados usos concretos a cada espacio, sino que cada espacio pueda ser utilizado para las diversas expresiones artísticas; en definitiva, que sean espacios arquitectónicos flexibles".

El equipo de Obeid no dejó de trabajar: Cultura preparó los papeles y Hammerly envió a la Legislatura un proyecto de ley, que obtuvo media sanción en 2007, para expropiar la casa particular ubicada en la esquina noreste del bulevar e integrar toda la manzana con idéntico destino.

Como Obeid reclamaba concreciones, se le dio participación a una asociación civil de larguísima trayectoria ciudadana: la Asociación de Artistas Plásticos Santafesinos, muy vinculada al sentir y al patrimonio local.

Los artistas santafesinos se ocuparon de diligenciar durante 2007 un fondo provincial de casi doscientos mil pesos, que se utilizaron para cerramientos, desratización, demolición, remoción de estructuras, limpieza específica y lavado de todo el edificio, incluyendo su frente.

Discurso y realidad

Todo este despliegue de esfuerzos de los santafesinos de la ciudad fue impulsado desde el gobierno de Obeid, por una idea que nació desde sus más íntimas convicciones: desarrollar a la ciudad capital como un polo político, productivo y cultural, mediante la resignificación simbólica del espacio social. Podría dar muchos ejemplos de ello, pero por sólo citar algunos mencionaría el puerto nuevo, las rutas y los caminos transversales, la inversión sostenida en las Ruinas de Santa Fe la Vieja y en edificios culturales, que el discurso antiperonista es proclive a menospreciar.

Ha sido justamente todo ese trabajo realizado durante más de un año, lo que ha posibilitado que el gobernador Binner y sus funcionarios rosarinos pudieran conocer el lugar, con más comodidad y seguridad que nosotros, y entender su carga simbólica, además de mostrárselo al Arq. Corea, oriundo de Rosario y radicado en Barcelona.

La fábrica cultural ya estaba en marcha, porque la había comenzado Obeid, y en lo que se refiere al eje urbano hasta Rincón, se deberá seguir trabajando sin más dilaciones sobre lo que también realizó Obeid, que en la magnitud de sus acciones es sólo comparable al gobierno de Sylvestre Begnis.

La sugerencia del Arq. Corea, acerca del aprovechamiento del Parque Federal, viene a reiterar y a valorar los estudios y obras que desarrolló el intendente Rosatti.

Desde luego, la gran arquitectura es hoy internacional, pero su seriedad se apoya en la realización de concursos y en su evaluación por quienes tienen vínculos de pertenencia con la ciudad y pueden vivenciar sus claves. Sería interesante conocer cuántos arquitectos de nuestra ciudad están contratados en forma directa por Binner para que realicen obras públicas estatales de gran impacto simbólico en Rosario, por sueldos similares al del gobernador.

El riesgo de la antinomia

Los nuevos y buenos tiempos en una comunidad no se construyen negando el pasado. La historia es una complejidad dialéctica, y por debajo de una superestructura estatal discursiva está el sentir real de mucha gente de Santa Fe, que a pesar de verla "algo dejada" -al decir del Arq. Corea- se niega en su fuero íntimo a ser colonizada con la pretensión de imprimir un sentido a su ciudad o a sus vidas, que son una misma cosa.

Lucas Rubinich, director de la carrera de Sociología de la UBA, nos alerta sobre el retorno del antiperonismo (2), una vieja pasión argentina que fracturó a la sociedad a mediados del siglo veinte. Hoy reaparece bajo la forma de una coalición de sectores que tienen ideologías contrapuestas entre sí, sobre una base no intelectual, sino sobre un sentimiento de desprecio al peronismo.

Se desconoce al justicialismo como fuerza democrática de la República, y mediante una operación mediática que utiliza nuevamente los argumentos del 55, se construye una estética política -profundamente antiigualitaria- que asocia torpemente al peronismo como sinónimo de vulgaridad e ignorancia, autoatribuyéndose valores ligados a la pureza republicana y a la posesión del saber.

El sociólogo Rubinich, como nosotros, ve que esos argumentos son mentiras propagandísticas. Creo, empero, que nadie puede negar que desde el 55 -pasando por los Lanusse, los Videla, las Carrió, y sus portavoces- esas groseras mentiras envenenaron la conciencia de muchos argentinos y moldearon una parte del imaginario colectivo.

La topología de este discurso halla hoy en la ciudad de Santa Fe su epicentro de fermentación. La semántica oficialista, que alienta el memoricidio político y la antítesis, puede generar daños irreparables en el tejido social de la ciudad, porque resucita una división que ya creíamos superada.

1) Susan Sontag, Cuestión de Énfasis. Alfaguara, 2007, pág. 366.

2) Página 12, 17 de febrero de 2008.

Dra. María Celia Costa