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Opinión
Edición del Miércoles 23 de abril de 2008
Opinión: OPIN-01 Luces amarillas en el camino de la economía

Los recientes informes sobre la evolución de la economía argentina empiezan a mostrar las primeras dificultades, después de la extraordinaria recuperación que experimentó el país luego de la tragedia de 2001-2002.

Los números de la macroeconomía, no obstante, siguen siendo muy positivos y salvo cuestiones extraordinarias, por ahora -la puntualización es importante- no hay condiciones para una crisis.

Lo que hay son advertencias sobre la necesidad de algunas correcciones y ajustes al programa, la modificación gradual de algunos hábitos oficiales y la comprensión de que para acordar algo hay que saber ceder. Que no se puede confrontar eternamente para obtener y transmitir la sensación de poder.

La economía argentina no es todo lo independiente que la mayoría supone. Tiene un gran porcentaje de componentes internacionales. En pocas palabras: la evolución de los últimos años fue factible en un escenario mundial favorable, cómodo, de constante crecimiento, donde los precios de las materias primas y las manufacturas -que nosotros exportamos con poco valor agregado- estuvieron en permanente alza. La pregunta lógica sería: ¿qué puede ocurrir si estos precios comienzan a descender? La respuesta es sencilla: ingresarán menos divisas y con ello habrá que comenzar a desarrollar una nueva estrategia interna. Hay que recordar que gran parte de la política social se subsidia con los fondos que generan las retenciones a las exportaciones de granos y sus subproductos.

Cuando recientemente la presidenta anunció el crecimiento de la economía en el primer trimestre del año, la cifra puso en evidencia que, con respecto a igual período del año anterior, hay una desaceleración. Y si a este dato se le suma la caída de la confianza de los consumidores, tanto por la inflación como por los precios altos, en poco tiempo estas situaciones podrían comenzar a inquietar al equipo económico. Como varias veces se comentó, es difícil sostener estos niveles de crecimiento sin afrontar algunos obstáculos. En general no son buscados, pero suelen ser efectos secundarios o colaterales de una política (no de un modelo) que no es correctamente aplicada. Lo que viene en la Argentina es por todos conocido: algún ajuste tarifario -por ejemplo, en combustibles- y un esquema de subsidios que se ha inflado como un globo peligroso.

El gobierno debe comenzar a sincerar su política de subsidios para contener precios, lo que sigue generando un mercado ficticio. Es que el costo de la ficción aumenta la sangría fiscal y devora buena parte del superávit primario.

También debe resolver, y rápidamente, el enfrentamiento con el campo, para no seguir pagando un alto costo político y económico. Al fin y al cabo, lo que le quitó el 10 de marzo de alguna forma deberá reintegrarlo. Y debe reconocer que el diálogo implica dos partes. Hoy, con superávit fiscal -aunque menguado- y comercial, con alto nivel de reservas, tiene que comenzar a ejecutar las promesas de mejor distribución de los ingresos. De lo contrario, la credibilidad de la presidenta, ya disminuida, puede hundirse a poco de iniciar su mandato.





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