Hace más de 50 años Liborio Justo, un gran escritor argentino, vivía en el delta entrerriano y publicaba "Río Abajo, el drama de los montes y los esteros del Ibicuy", firmando con el seudónimo de Lobodón Garra.
Es curioso releer hoy el capítulo titulado ""Quemazones":
""(...) para cazar, hay quienes prenden fuego a los pajonales que arden con bárbara violencia, arrasando islas enteras en quemazones gigantescas que duran días, semanas y hasta meses. En otras ocasiones, son los propios isleños que provocan los incendios al quemar el pajonal con el fin de limpiar el estero, para hacer plantaciones forestales y, por un descuido del fuerte viento, las llamas quedan fuera de su control y se extienden a los campos vecinos en otras direcciones. Otros queman los albardones interiores para que, limpios por un tiempo de los matorrales que llegan hasta tres metros de altura, sus vacas puedan comer el pasto tierno que crece cuando ha pasado el fuego.
El asunto es que, por una causa u otra, las grandes quemazones, en las Islas del Ibicuy, son una perpetua y terrible amenaza que se cierne sobre casi todos los pobladores, con mayor frecuencia en invierno cuando los pajonales se secan. Y, en ciertas épocas, el horizonte, en distintas direcciones, está completamente cubierto de inmensas columnas de humo que, al extenderse, forman verdaderas nubes que llegan a oscurecer el sol en pleno día... (...)".
La región que describió Lobodón Garra en 1945 es la misma que arde hoy, promediando abril de 2008. Como vemos, los incendios en el Delta son provocados desde hace muchísimo tiempo, pero habitualmente no producen tanto humo como para cubrir las ciudades de Buenos Aires y Rosario.
Este año la sequía y el viento ayudaron a que tomemos conciencia del problema, pero la principal razón fue el número de focos en las islas que se triplicó en los últimos dos años, continúa la Fundación.
Esto es fruto del cambio en el uso de la tierra: suelos que históricamente se destinaban a la ganadería o al cultivo de forrajeras (también ganadería, aunque sin pastoreo), ahora son utilizados para cultivar soja. Se está transportando el ganado vacuno hacia zonas marginales como por ejemplo, las islas del valle de inundación del río Paraná. Muchas de estas tierras, además son fiscales, por lo que son utilizadas sin necesidad de arrendamiento.
La mayor carga ganadera impone una fuerte presión sobre los pastizales de las islas. Para garantizar la disponibilidad de pasturas, se quema el pasto seco favoreciendo así el rebrote. Esta ""limpieza" suele resultar fatal para los animales que no huyen rápidamente como carpinchos, aguará-popés, ratones, cuises, pichones de aves como garzas, anfibios, comadrejas, mulitas, peludos, tortugas, ofidios e insectos.
Los incendios también atentan contra la conservación de los pastizales al favorecer el desarrollo de plantas leñosas colonizadoras, que modifican su estructura.
El fuego no es ni bueno ni malo en sí mismo, es una herramienta de manejo (utilizada inclusive por la Administración de Parques Nacionales), cuando lo implementa personal capacitado, mediante una planificación seria, un plan de contingencias y la infraestructura adecuada. Cuando esto no ocurre, sólo es una forma barata, rápida y peligrosa para limpiar un campo.
En síntesis, la ausencia de ordenamiento territorial al servicio de los intereses generales del país y la ausencia de una efectiva estrategia de manejo de fuegos (que siempre se confunde con lucha contra incendios) demuestra una gran ausencia del Estado y una falta de política agropecuaria concertada, que es lo que explica el interminable conflicto del gobierno nacional con los productores agropecuarios.
Fundación Hábitat y Desarrollo