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Tony Stark (Robert Downey Jr.) es el mayor fabricante de armamento de los Estados Unidos y el proveedor más importante de muchas regiones del mundo donde existen conflictos bélicos. Tiene una reputación muy renombrada que heredó de su padre, el iniciador del negocio, y que falleciera cuando él era muy joven. Se dice que su padre estuvo involucrado en la creación de la bomba atómica que utilizó Estados Unidos sobre Japón durante la Segunda Guerra Mundial.
Pero Tony le ha puesto su impronta personal a la empresa, aprovechando su gran inventiva y su talento, capaz de diseñar armas cada vez más sofisticadas. Además, es un play boy, apuesto, jugador y afecto a la vida rodeada de lujos y placeres, sin compromisos afectivos de ninguna clase.
Pero sucede que durante la presentación en el territorio convulsionado de Afganistán de su última creación bélica, es atacado y mal herido por un grupo de terroristas, que lo mantienen secuestrado exigiéndole que invente un arma poderosa para uso exclusivo de ellos. Las heridas de metralla que recibió son una condena a muerte, puesto que las esquirlas que perforaron su pecho no tardarán más de una semana en llegar al corazón. Sin embargo, con la ayuda de otro prisionero, pero de origen afgano (un civil también secuestrado por los terroristas), ese lapso podrá extenderse un tiempo más. Mientras, Tony, buscará la manera de escapar, al tiempo de inventar un dispositivo que le permita sobrevivir con esa amenaza permanente en su cuerpo.
Un doble desafío para su ingenio de inventor que, según como se habrán de desarrollar luego los acontecimientos, será el nacimiento de una nueva y poderosa arma, que el joven perfeccionará, pero esta vez con otros fines.
Porque lo otro que le sucederá en ese tiempo en cautiverio será una conversión espiritual: al experimentar en carne propia los efectos de sus negocios y de sus juguetes destructivos,y al ver cómo gente indefensa es el blanco preferido de muchos de sus clientes, buscará redimirse utilizando su talento y su poder para tratar de contrarrestar semejante escalada bélica.
La película de Jon Favreu está concentrada en explicar los orígenes de un superhéroe, Iron Man, uno de los protagonistas del prolífico universo Marvel, al que le llegó la hora de incursionar también en la pantalla grande.
Aprovechando los avances en la tecnología del espectáculo cinematográfico, el personaje de historietas -tal como ocurrió con otros "colegas" ya absorbidos por la maquinaria de Hollywood- es "aggiornado" y adaptado a los tiempos que corren. Y precisamente, uno de los atractivos más poderosos de esta versión de Iron Man es el despliegue de efectos especiales y de trucos, que en este caso no se basan en extrañas mutaciones, sino exclusivamente en la capacidad creativa del cerebro humano.
Otro gran acierto del filme es el haber confiado el papel protagónico a Robert Downey Jr., que encuentra el tono justo para interpretar este personaje, que parece diseñado a su medida: cínico, mujeriego, aventurero, y al mismo tiempo, vulnerable y encantador, con un costado humano y tierno.
Lo acompaña una dulce y bellísima Gwyneth Paltrow, en el rol de Virginia "Pepper" Pots, su fiel y ultraeficiente secretaria. Hay algo más, mucho más, entre ellos, que una relación laboral, al punto de que Tony probablemente nunca hubiera podido llegar a ser Iron Man sin la ayuda de su hermosa asistente.
Pero para que las cosas así planteadas se conviertan en la verdadera génesis de una saga, hay un malo, un alter ego, capaz de desestabilizar al superhéroe, y que saldrá precisamente de su entorno más íntimo. Dando comienzo así a una historia de traiciones y desafíos, en la que una misma idea podrá ser utilizada tanto para el bien como para el mal, según en manos de quién caiga. Estamos hablando del antiguo socio del padre de Tony y su mentor, el malvado Obadiah Stane (Jeff Bridges).
En suma, dos horas de acción y de intrigas, matizadas con atrapantes efectos visuales y una excelente música que completa la impecable ambientación que las aventuras tecnológicas de este superhéroe de corazón débil necesita.
Un buen comienzo para un entretenimiento que deja con ganas de más.
Laura Osti