El acceso al crédito por parte de las personas de menores ingresos es uno de los problemas que la humanidad aún tiene pendiente.
El Profesor Yunus, Premio Nobel de la Paz, ha proclamado que el acceso al crédito es un derecho universal.
Actualmente, un porcentaje importante de los argentinos (más del 50%), no tienen la posibilidad de contar con crédito institucional, y sólo acceden a préstamos de sus parientes y amigos cuando alguna situación de necesidad lo hace inevitable (enfermedades, muerte o emergencia).
En los grupos de menores ingresos el acceso a estos créditos es imposible, pues su grupo social no posee reservas en efectivo y entonces es inevitable caer en manos de usureros, que prestan pequeñas cantidades de dinero en forma inmediata, cobrando por ello altísimas tasas de interés que llegan a ser del 40 % mensual.
Algunos comerciantes que tampoco acceden a dinero en efectivo para aumentar su stock requieren de prestamistas que le brindan asistencia financiera con la obligación de cancelar diariamente, a través de pagos que incluyen intereses astronómicos.
Un caso paradigmático de esta situación es lo que ocurre cuando fallece alguien que no posee cobertura para el sepelio. Los familiares se endeudan por cifras importantes para hacer frente al sepelio del difunto.
Las microfinanzas han empezado a desarrollarse en la Argentina en los últimos años, cobrando impulso a partir de la crisis de 2001. Tienen por objetivo dar financiamiento a personas y empresas que no acceden al crédito institucional, pues no tienen documentación que acredite sus ingresos y bienes (asalariados informales, trabajadores por cuenta propia, propietarios de vivienda que sólo poseen boleto de compraventa, etc.).
La base de los microcréditos es lograr una relación entre el prestatario y la entidad microfinanciera que apunte al desarrollo de ambas. Actualmente en Argentina hay unas 40.000 personas que acceden a crédito brindado por estas entidades.
La experiencia está indicando que las tasas de morosidad son muy bajas (menos del 3% en promedio) y que la tasa de interés para los prestatarios permite hacer frente a los altos costos de brindar un servicio personalizado. La tasa de interés es equivalente a las tasas máximas del sistema bancario (descubierto en cuenta corriente) e irrisorias comparadas con las usurarias.
Para contar con un sistema de microfinanzas masivo es necesario apoyar desde el sector público a las entidades microfinanceras, destinando incentivos para la formación de recursos humanos, apoyando formas de garantías para que puedan acceder a financiamiento, y limitar los costos impositivos y regulatorios que impiden una mayor expansión
(*) Presidente de la Red Argentina de Instituciones de Microcréditos (Radim) www.reddemicrocredito.org.