Edición del Martes 06 de mayo de 2008

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Opinión: OPIN-05 Campo del Cielo

En ocasiones, recorriendo el mapa geográfico de los ferrocarriles argentinos, nos encontramos con la toponimia regional de los pueblos que surcaba el tren con características singulares. Muchas veces, el ferrocarril precursor imponía sus nombres; otras, el pueblo ya establecido lo bautizaba con el nombre del fundador, de la flora o la fauna de la región, de hombres ilustres de nuestra historia, o bien con los accidentes topográficos del lugar, como también de su ascendencia aborigen o inmigratoria.

Como ejemplo podríamos citar a Villa Guillermina en nuestro departamento Gral. Obligado, que recuerda a la esposa de don Carlos Harteneck, primer director de la Compañía La Forestal, del Chaco. Asimismo, se puede citar a Tafí Viejo, en el departamento Tafí (Tucumán), a cuya población se la considera la más antigua. Pues bien, Tafí era el nombre de una tribu de indios diaguitas de la época de la Conquista. Palo Santo, en el departamento Pirané (Formosa), es el nombre que se le dio al guayacán, árbol al que en las provincias del norte se le atribuye la propiedad de preservar de los rayos.

Y así podríamos seguir hasta el infinito, descifrando los nombres originales de los pueblos en la amplitud comarcal a través de las miles de estaciones ferroviarias del país que rescataron su identidad con relieves propios. Una de ellas -a la que me referiré en particular- es Campo del Cielo, región compartida por las provincias del Chaco y Santiago del Estero, aunque la estación se ubicaba en esta última, en el departamento Matará. Campo del Cielo, también fue llamado Piguem Nonraltá en lengua toba, denominación ésta que figura en los informes sobre expediciones del tiempo de la Colonia.

La caída, hace miles de años, de meteoritos en ese sitio, dio origen a la nominación de fragmentos y cráteres estudiados por los investigadores de distintos países. Los trozos mayores, llamados Mesón de Fierro y Chaco -que acumulan entre ambos alrededor de 64 toneladas-, se hallan en el lugar que los contiene bajo el abarcador nombre de Campo del Cielo, luego de que sus rastros se perdieran hace dos siglos, según estiman los científicos.

De acuerdo con los mismos informes, otras piezas de menor peso se encuentran en distintos planetarios y museos del país, y otras partes del mundo. En Santa Fe, en el Code se pueden observar varios fragmentos del tamaño de un puño, como los que describe Jorge Coghlan.

Ramal ferroviario

El F. C. Central Norte tuvo avances importantes en los finales del siglo XlX y hasta la década del 30. Para arribar al punto que nos ocupa, los distintos trenes que llegaban, por ejemplo a Tostado en la provincia de Santa Fe, podían tomar dos bifurcaciones: una hacia Añatuya, al noroeste, con rumbo a Tucumán, Salta y Jujuy; la otra al noreste, por General Pinedo, Avía Teraí, para continuar a Resistencia y Puerto Barranqueras en el Chaco. Añatuya, con otro ramal, llegaba a Quimilí para continuar hacia General Pinedo. En la mitad geográfica de los dos estaba el desaparecido ramal C.24 de Roversi en Santiago del Estero. Desde allí se iba a Campo del Cielo, en el límite suroeste de la provincia del Chaco, no sin antes atravesar el apeadero Huchu Payana y los embarcaderos Tres Mojones y Laguna Baya. Este ramal fue puesto en servicio en 1928 y clausurado en la década de 1960.

Con respecto al F. C. Belgrano que heredó el antiguo Central Norte, antes de esta clausura -como lo puntualicé al principio- en el Manual de Estaciones que editó hasta 1956, figuraba Campo del Cielo dentro del departamento Matará en Santiago del Estero.

Las estadísticas del ferrocarril compiladas en 1949 le daban a la misma una población de 200 habitantes en aumento y se definía a la zona como agrícolo-ganadera, con algo de obrajes y tambos. Corrían trenes mixtos y con carga de hacienda pactada. Por su parte, Roversi, que lleva el apellido del propietario del campo, poseía una población urbana de 400 habitantes, en tanto que la rural alcanzaba las 4.000 personas, en una tierra apta para cultivos generales.

Testimonio

Un antiguo inspector de locomotoras, don Agustín Marcelo Arias, por su oficio recorrió los dilatados suelos del país. Hace muchos años, en la revista especializada La Fraternidad, editada por el gremio que agrupa a todos los maquinistas del país -de un valor histórico excepcional-, relató su experiencia cuando en el mes de noviembre de 1937 llegó por tren a Campo del Cielo, "lugar -dice- que linda con lo fantástico y que es un pequeño poblado al sudoeste de la provincia del Chaco, antes territorio nacional distante a 396 km de Resistencia".

Precisamente en aquel sector había un tren que, partiendo de Quimilí, localidad santiagueña ubicada en el ramal C.3, llegaba a Añatuya y luego, al Puerto Barranqueras sobre el río Paraná. Debo aclarar que en el léxico ferroviario a las líneas y los ramales se los clasificaba con letra y número.

Cuando el ferrocarril llegó a Campo del Cielo, había muy pocos habitantes en esa inmensa extensión. Kilómetros y kilómetros sin un solo árbol. Solamente se veían pastizales y pequeñas lagunas con depresiones del terreno, consecuencia de la caída de meteoritos.

Volviendo al relato de don Agustín Arias, nos dice: "En esas cavilaciones, me encontré de pronto parado frente a un inmenso campo, donde no se veía otro límite que la línea brumosa en que se une el infinito azul con la tierra. Contemplaba los últimos resplandores de un ocaso púrpura. De la tierra se levantaba un vaho que lo envolvía todo. Miré el cielo en la serena quietud del infinito, y vi refulgir la estrella vespertina. íNunca había visto nada igual! Una onda emoción embargó mi espíritu. Momentos después contemplé un cielo que jamás había visto. Millones de estrellas cubrían el firmamento".

Para trasladar uno de los grandes y pesados fragmentos que fueron llevados a Buenos Aires, se necesitaron primero 40 yuntas de bueyes que hicieron el transporte hasta la estación ferroviaria. Y luego, con denodado esfuerzo se los cargó en una plataforma.

En la actualidad, intereses científicos y turísticos impulsan la rehabilitación del ramal que llega a Campo del Cielo, sitio en el que Dios dispuso un día juntar el cielo con la tierra y hacer llover "polvo de estrellas".

(*) Museo Ferroviario Regional Santa Fe

Andrés Alejandro Andreis





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