Opinión: OPIN-03
Al margen de la crónica
Ya nadie te da el asiento

¿Por qué todas las personas que circulan en colectivo se desesperan por viajar sentadas, al punto de hacerse las distraídas cuando sube alguien que necesita viajar de una manera más segura? Este interrogante da vueltas en la cabeza de una usuaria de la Línea 8 hace tiempo, cuando una vez observó que ningún pasajero se dispuso a darle el lugar a una señora embarazada. Desde aquella jornada, muy lejana por cierto, esta mujer se toma el trabajo de analizar todos los días las conductas ciudadanas, o mejor dicho las inconductas, que abundan en los ómnibus a la hora de "dar el asiento".

La mayoría de las personas que viajan sentadas suelen hacerlo mirando a través de la ventana, con lo cual parecen no darse cuenta de quién sube cada vez que el coche frena. También hay quienes en la misma situación, es decir sentadas, ocupan el lugar con bolsos, carpetas o camperas a la espera de que el nuevo pasajero opte por sentarse en cualquier otro asiento menos en el que ocupan ellos, muy cómodamente por cierto, junto con sus pertenencias.

Las personas mayores, sobre todo si tienen tacos altos porque significa que "pueden caminar perfectamente"; las mujeres embarazadas, aunque estén a punto de parir; o quienes se trasladan con chicos en brazos ya no tienen ningún tipo de privilegio a la hora de viajar en colectivo. Ni siquiera pueden usar los asientos de adelante porque fueron ocupados por otras personas que subieron primero y ante la falta de lugares se sentaron en ellos, aunque un cartel los identifique como especiales.

Así, entre aquellas que parecen distraídas o que esperan que sea otra de menor edad la que ceda el asiento, suelen ser los traslados en bondi cuando los lugares disponibles escasean. Aunque es difícil responder el interrogante planteado al principio de estas líneas, ya que las respuestas podrían ser muchas, sí está claro que la generosidad hacia el otro es un valor que se va extinguiendo de a poco.