Opinión: OPIN-05
ANOTACIONES AL MARGEN
Sinrazón de la razón expuesta

... ¿quién, yo?; no claro, racionalista no soy: a ver, nunca he retozado en el estudio de las filosofías, es por eso que... aunque, puestos a optar, si se pudiera, preferiría la experiencia, bah, el perturbador arrojo de y a, y sobre lo físico, lo empírico, lo tangible, lo material ¿no?; pero racional, (léase) en exceso analítico, (entiéndase) obsesivo... quizás, ahora que se me dice; no lo sé ¿racional?: razono ahora que preferiría sumergirme en el imperio de los sentidos, eso; o sea, querría no ser (tan) racional -porque de hecho, todos lo somos, claro-; quiero decir, pienso profundamente que, dado a elegir, elegiría la otra opción, pero sé asimismo que esta reflexión -este texto balbuceante y atropellado de conjunciones y nexos, una operación racional, al cabo- invalida de alguna forma mi propio discurso, que debería nacer como el deseo o la inspiración artística... en fin.

¿Racional, decís?: bueno, es un adjetivo gélido, áspero en su frialdad; alude, creo, al que no se zambulle, porque no quiere o porque no puede, en el pletórico paisaje de lo sensible; pero, un pisciano racional ,¿no es eso una contradicción?, pregunto; aunque, bien vistas las cosas, tanto análisis por un adjetivo caído en la tarde, en un diálogo casual, vuelve a refutar mi propia tesis, maldita manía de elucubrar; esto es, mi discurso niega su propuesta; quiero decir, paradoja de paradojas, la defensa de mi (aparentemente contraído) costado instintual es, para mi desesperación, una defensa racional (exacerbada pero involuntaria). Además, lo confieso: nunca otorgué valor alguno a la lectura de los signos, pero esa desconfianza en lo astral ¿no proviene también, para mi hartazgo, de una mirada insoportablemente racional?

Racional es, además, un término casi despectivo; se lee de ello: demasiado cerebral, distante, menos como un elogio que como un menosprecio de las otras facultades del hombre; yo quiero (yo quisiera) ser (más) instintivo, imposible, inasible, incomprensible, pero los prefijos de negación antepuestos en esas palabras -esa sola elección-, tornan estéril mi arrojo, mi autodefensa, una vez más, ya que pretender una cosa que no se tiene -la temeridad de hundir las manos en el universo perceptible- por otra que simplemente sucede, implica, de hecho, una mediación por el raciocinio.

¿Racional, entonces?: ya no lo sé, la verdad; es extraño: yo no creo en el poder de la razón (o al menos creía que creía eso) o sospecho que éste, si bien importante, es sólo una potencia con la que hemos sido concebidos; creo más en la belleza del arte (o al menos eso pensaba que pensaba); así alguna vez me identifiqué con el Kundera que reemplazaba el axioma cartesiano pienso, luego existo por el más romántico y literario siento, luego existo. Pero, en fin, qué cansancio... esta exasperante reflexión informe -observo con cierta pavura- no tiene otra resultante que la demolición de mi propio razonamiento; ¿acaso seré tan racional?: tendré que pensarlo largamente...

Estanislao Giménez Corte - [email protected]