Hoy la ciudad amaneció cambiada. En el centro el tráfico estaba embotellado desde temprano; es que, la llegada de los niños a la escuela se mezclaba con el tráfico que no podía circular por las vías rápidas de Alem-27 de Febrero. También había mucha actividad en los hoteles. La presencia de grandes colectivos y camionetas de las escuderías hacían lo suyo. Pero nadie se quejó... Era hora que los santafesinos cayésemos en la cuenta que este tipo de eventos nos hacen bien.
La presencia masiva de visitantes gira la rueda de la economía del lugar que los hospeda por unos días. Los hoteles, los bares y restaurantes, los supermercados, quioscos y negocios en general serán más visitados que de costumbre. Crecerá la demanda de gaseosas y bebidas, los kilos de asado y de pan. Sería muy bueno que se presenten más espectáculos con los cuales Santa Fe pueda generar recursos de este tipo y, a la vez, disfrutar.
Los ojos de damas y caballeros también serán regalados. Es que la concurrencia, particularmente masculina, acaparará las miradas de reojo de algunas mujeres. Los hombres esperarán pacientes a su lado, sin decir palabra, esperanzados que a la llegada de las promotoras, las mujeres que los acompañan tengan la misma actitud cuando sus ojos se desvíen hacia tan notorias señoritas.
El clima acompaña, despejado y tranquilo. Las hojas del otoño enmarcan el escenario con tonos ocres. Todo parece estar preparado para la gran fiesta. Sólo resta que los concurrentes no intenten acometer hazañas peligrosas que empañen la diversión.
Lástima que el gozo no pueda ser total. Aunque por un rato podamos disfrutar de una Santa Fe cambiada, el recuerdo de la marcha de ayer y la certeza de la continuidad del conflicto entre el gobierno nacional y el campo están pesando en el fondo de nuestros corazones.