Provenimos de un agua muy lejana que se reitera mientras nadamos en un vientre. Es ese líquido múltiple y precioso el que sigue alentando las obras de Oscar "Grillo" Ortiz en una apuesta íntimamente ligada a la pintura.
Honestidad, constancia, seriedad y esfuerzo han sido los medios que caracterizaron estos últimos años de creación de Grillo. Dentro de su generación Äy valorándolo en el arco más amplioÄ, se destaca por haber alcanzado una de las expresiones más autónomas y personales gracias a su adhesión a la pintura verdadera.
Mientras quienes lo observábamos veíamos cómo se quedaba poco menos que solo con la pintura Äen la intimidad de su diálogo con ellaÄ, se producía la fuga generalizada de sus colegas hacia otros territorios.
Grillo se ha ido acostumbrando a caminar en soledad y con marcada discreción, por lo que no ocupa ese puesto que en justicia le correspondería en las colecciones de referencia y las exposiciones institucionales y hasta en las citas del relumbrón social.
Sus amplios soportes se parecen al mundo de hoy, con su afilado límite entre ficción y realidad: en ellos las parejas humanas parecen indecisas ante esas zonas de agua en las que podrían nadar o ahogarse. El enigma proyectivo es otro de los componentes de estas obras, pero no se orienta el pintor hacia una alusión agorera.
Su última producción permite apreciar los logros de las últimas presentaciones y anuncia nuevas derivaciones. Como las parejas de los cuadros negros, encargados de aportar al contemplador un giro inesperado en la complejidad gramatical del pintor.