Santa Fe | Lunes 15 de marzo de 2010 | 10:42 hs

Opinión
Edición del Viernes 30 de mayo de 2008
Opinión: OPIN-01 La crisis de Olmert impacta en Medio Oriente

Israel vuelve a ser noticia. Esta vez se trata de un escándalo político que compromete al primer ministro Ehud Olmert. Según se sabe, la máxima autoridad política de Israel estaría comprometida en actos de corrupción. Un poderoso empresario declara que en los últimos años le ha entregado 150.000 dólares en efectivo. El señor Morris Talansky lo definió a Olmert como un político ávido de dinero.

El setenta por ciento de la población de Israel estima que las denuncias son creíbles. El ministro de Defensa, Ehud Barak comparte este criterio y le ha pedido la renuncia y la convocatoria a elecciones anticipadas. La ministra de Relaciones Exteriores, Tzipi Livni, aún no se ha pronunciado. Su opinión se espera con inusual expectativa porque es considerada una de las personalidades políticas más importantes de Israel.

Tal como se presentan los hechos, todo hace pensar que Olmert no podrá eludir la crisis. Desde que asumió el poder afrontó cinco investigaciones judiciales. Esta es la sexta. En todos los casos anteriores pudo eludir la acción de la Justicia, pero en el camino fue perdiendo prestigio político. Su permanencia en el poder obedece no tanto a sus méritos como a la falta de una alternativa capaz de afrontar con un mínimo de seriedad la complejidad de la situación política.

Los laboristas temen que la caída de Olmert le abra las puertas a la derecha. Hasta hace unos meses se consideraba que una convocatoria electoral llevaría al poder a Netanyahu, quien representa con respecto al conflicto de Medio Oriente el punto de vista de los halcones. Los sucesivos escándalos que rodean esta gestión han ido modificando este criterio. Hoy en el Laborismo se estima que la alianza con Olmert corre el riesgo de contaminarlos a ellos.

Curiosamente, en donde hay más aflicción por lo que está sucediendo en Israel es en Siria y en Palestina. Para los dirigentes sirios y de la OLP, Olmert es un negociador previsible y sensato. Temas tales como las Alturas del Golán o la discusión sobre la soberanía en Cisjordania, han encontrado en el actual primer ministro un político abierto y comprensible. También en los países árabes la victoria de un halcón es motivo de alarma, sobre todo en los países en los que por un motivo o por otro están dispuestos a negociar y se han resignado a la inevitable presencia de Israel en la región.

La crisis está abierta y sería muy arriesgado adelantar algún desenlace. Desde que arribó al poder Olmert debió responder ante la Justicia por haber favorecido a simpatizantes en licitaciones públicas, por la privatización del Banco Leumi, por el departamento que adquirió en la calle Cremieux y por los escándalos financieros protagonizados por algunos de sus colaboradores más estrechos. Hasta ahora ha podido eludir la acción de la Justicia, pero los observadores admiten que la reciente denuncia ha terminado de erosionar su base de legitimidad.

Habría que decir, por último, que más allá de la derivación de estos escándalos, corresponde señalar el hecho de que en Israel, los políticos y funcionarios sospechados de corrupción son investigados cuando ejercen el poder y no después, como suele suceder en América Latina. La referencia no es arbitraria. En su momento el historiador Alain Rouquié consideraba que un sistema es democrático cuando juzga a sus gobernantes que están en el poder y no cuando lo abandonan.





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