Por Domingo Sahda
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Remozado y bien aspectado, abrió sus puertas al público el Octogésimo Quinto Salón Anual de Santa Fe en las salas del Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodríguez. Distante de tanta abrumadora charanga patriotera se repitió el ritual que convoca a creadores y público, anudando expectativas, voluntades y realizaciones, en un intento por construir "el bien común" social, en un espacio acotado de alta significación emblemática para la sociedad santafesina.
El Arte Visual, ese impiadoso espejo que refracta glorias, miserias y desventuras de la sociedad humana, construido por los artistas, aun a contrapelo de sus necesidades de supervivencia, embargando tiempo, sueños y ahorro personal, y al margen de las tan argentinas danzas y contradanzas, asiste con sus obras apostando, una y otra vez, con la cristalización de vocaciones a este ritual compartido. Gobernantes y gobernados entremezclados en un mismo recinto apuntalan idénticos propósitos, el que puede resumirse en un "vivir es una lucha constante por la cristalización de la dignidad de nuestras vidas".
Artistas plásticos de los cuatro puntos cardinales del país dan testimonio de que "El arte no ha muerto", y que hay cuestiones de alto valor ético que vale la pena sostener. Obviamente, no se trata de una muestra colectiva que agota el arte plástico que se hace en el país, y contra viento y marea. Es tan sólo un recorte de esa totalidad y aporta una opinión fundada, pero opinión al fin, que enriquece el horizonte de la cultura argentina contemporánea.
Pintura, fotografía y cerámica son las secciones convocadas esta vez, con la sensata idea de evitar la dispersión creativa y de perfil contradictorio de anteriores ediciones del Salón, en las cuales ocasionalmente estaba mezclada "la biblia con el calefón", resultante de un criterio de selección en extremo laxo, con el fin de evitar contratiempos y ásperas confrontaciones entre los participantes y el jurado.
Acotar las secciones a tres áreas admite la posibilidad de una mejor apreciación cualitativa, con pareja presencia de manifestaciones creativas que, beneficiándose las expectativas, que esta convocatoria despierta, aun con sus yerros y omisiones, que los hay. También debe ser destacada la intención de programar que la colección que integra el panorama del Salón Anual se transforme, a futuro próximo, en Muestra Itinerante, a mostrarse en distintos puntos del ámbito provincial, en el marco de un ordenado cronograma.
Sabido es que la provincia está integrada por todos sus habitantes, quienes tienen parejos derechos, en tanto contribuyen con sus impuestos a la concretización de estos eventos. Que se acorten las distancias es un acto de real democracia participativa. En suma, hacer realidad una mirada federal de la cultura superando tanta vocinglería es una acción que se celebra, pues queda claro que "mejor que decir es hacer".
A destacar, un hecho que se recorta como insólito en el acto de apertura del Salón Anual de Santa Fe, y éste es la presencia de las más altas autoridades, tanto del Poder Ejecutivo como del Poder Legislativo, entregando las distinciones mayores. Para quien, como partícipe del evento que nos ocupa desde el advenimiento de la democracia y que puede constatar que desde 1994 nunca más un gobernador y menos un vicegobernador se hizo presente en tales acontecimientos, no para apreciar lo galardonado sino al menos para constatar "in situ" qué obras y qué autores recibían los premios adquisición mayores instituidos por el Estado provincial en su carácter de mecenas fue toda una sorpresa.
Estos nuevos aires admiten la esperanza de mejores aires para la hermanastra eterna de los presupuestos oficiales, esto es el área de Cultura.
Participar en esta convocatoria, este concurso en suma, comporta riesgos, felicidades y desencantos. Esto es inevitable y menos traumático, en tanto desde la serena reflexión se entiende que las recompensas que se adjudican son circunstanciales distinciones, que responden a la opinión de un cuerpo colegiado, el "jurado", que mira con sus ojos y mide con su vara aquello que debe juzgar. Participar significa aceptar a rajatabla las reglas del juego; esto es, el reglamento antes conocido. Se podrá acordar o no con las decisiones del cuerpo colegiado, y ello es tan así, pues los mismos no son infalibles y sus determinaciones no se subrayan como decisión canónica.
El catálogo de mano, al margen de su calidad de edición, no transcribe las actas que hacen públicas los argumentos y decisiones del jurado, ignorándose consecuentemente cuál ha sido la cantidad de artistas que respondieron a la convocatoria, como tampoco las decisiones del mismo en la adjudicación de decisiones, y los motivos de los rechazos presupuestos. Hacer conocer con claridad todos los pasos es el mejor modo de sortear la maledicencia y las sospechas habituales frente al retaceo de datos.
En oportunidad de concretarse este espacio de sostén y difusión del arte plástico argentino, el invitado de honor es el maestro Leo Tavella, cuya voluntad de entrega al arte es constitutiva de un perfil de artista modélico. Maestro de la cerámica, difusor del arte y la cultura, comprometido con su decir y con su hacer exhibe en esta ocasión ensambles y montajes con los cuales se remonta por encima de las categorizaciones y los compartimentos estilísticos estancos.
La libertad para ensamblar el metal, la madera, la arcilla explicitan una vez más que todo material es válido cuando la inercia natural de los mismos cobra resplandor en la conjunción de la obra de arte. El protofondo surrealista que sostiene sus creaciones definen el perfil de su percepción sensible del mundo y las cosas.
Una visión generalizada y abarcativa de la Sección Pintura nos la muestra con un débil, desvaído ausente compromiso sociopolítico en los relatos pintados. Una cierta entonación de mesura, de no riesgos, se señala. El tratamiento pictórico de las obras en general es bueno, mas las bellas superficies ocasionalmente quedan sólo en eso, esto es, en muy buenas exploraciones y concretizaciones de texturas y tratamientos formales. Hay un mayor énfasis en la denotación de los discursos que en la connotación y desafío de los mismos.
El primer premio en esta sección le fue adjudicado a Milo Locket por su obra "Sin título", imagen que configura un rostro de abocetada y expresiva realización plástica, que encabalga su impacto visual en un arco cromático de ardiente luminosidad.
Con reminiscencias propias del imaginario infantil en su constitución de las formas como signos referenciales antes que descripciones anatómicas, la monumentalidad de la imagen en "primer plano" elaborada en atención de la gestualidad remite el rescate de un sofisticado y preelaborado simplismo que exalta la pintura como construcción del color acotado levemente a planos de definición visual, sorteando con éxito todo ríspido conceptualismo pospictórico. Es un buen trabajo que no omite que desde su aparente y no deliberada construcción analítica se esconda una elaborada, sofisticada y contenida "sencilla inmediatez".
En la Sección Cerámica, que en la edición del 85´ Salón cobra singular relevancia, tanto sea por presencia de trabajos como por calidad de realizaciones, coexisten distintas atenciones expresivas, a la par que diferentes tratamientos en la construcción de las formas plásticas. Una "mayoría de edad" califica la presencia de esta sección en el salón, otrora acotado a su apreciación un tanto peregrina, de arte decorativo o menor. Felizmente, la modificación de la reglamentación acompañada de una apreciación de mayor compromiso permite estas proposiciones, que visualizan distintas intenciones cristalizadas en interesantes obras que comparten espacios con alguna que otra ñoñería estética al uso, inevitablemente.
El premio mayor de la Sección le fue adjudicado a Vilma Horn ("Tusi") por una pieza integrada por otras tantas cinco, configurando un conjunto de expresión unitaria. "La ronda", tal el título de la obra distinguida es una terracota gresificada ensamblada con hierros, un verdadero "tour de force", que proyecta su aura expresiva y su interjuego espacial sin atarse a convenciones plasticistas de academia. La construcción de protofondo expresionista privilegia en todos los casos el sentimiento que embarga a la proposición visual antes que las cuestiones de puro formalismo. Esta ronda es, apelando a un juego de palabras, una "obra redonda".
En la Sección Fotografía, el primer premio le fue adjudicado a Sergio Fasola por su trabajo nominado como de "técnica propia" y que se titula "Gaby-Gioconda", imagen de alto impacto visual de preciso acabado técnico-formal de atención "preciocista".
Un cierto resplandor de "decadentismo" expresivo nimba esta obra, tanto como su compañera de envío, definiendo de tal modo la mirada expresiva y la intención plástica de su autor. La mediación de la cámara, ese puente, instalado entre el ojo y el modelo enfría la intensidad expresiva que se persigue. La fotografía color compite, quizás involuntariamente, con la pintura en su captura de la sensualidad del color y en la sobrecarga expresiva de la materia directa, cargando su necesidad de vínculo comunicacional con desafíos técnico-compositivos, que incrementan ocasionalmente la espectacularidad de la propuesta como discurrir en superficie sin calar profundo en esa densidad que se busca.
En cada una de las tres áreas en concurso fueron seleccionados como candidatos a beca los siguientes artistas partícipes del salón. Por la Sección Pintura: Jorgelina Toya, Emiliano Quintana, Pablo Affore Lovino, Rina Di Loro y Alejandra Melano. Por la Sección Cerámica: Lucía Vera Candioti, y por la Sección Fotografía: Joaquín Amaduzzi, Pachu Arce y Rosana Storiti.