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Ignacio Andrés Amarillo
Los santafesinos, como los habitantes de la mayoría de las ciudades (bueno, alguien podría decir que en París, Roma, o Viena sí), suele ir de aquí para allá sin prestar demasiada atención a muchos elementos arquitectónicos del entorno. En una ciudad chata como Santa Fe, la vista se acostumbra a alcanzar como mucho las más o menos vistosas marquesinas y carteles de los comercios, dejando muchas veces por encima de esa línea fastuosos (en ocasiones abandonados) balcones y pérgolas, que hablan de una ciudad de otros tiempos.
Por eso, cuando el desprevenido caminante se decide a mirar para arriba, en una tarde de ocio o en una mañana en que hay que "hacer tiempo" entre trámites céntricos, se reencuentra con un mundo diferente, sobreviviente de épocas en las que la gente marchaba más tranquila y sin mirar para abajo; una era sin reproductores de mp3, sin promotoras escotadas y sin mastodónticas cartelerías. Mirar para arriba, entonces, es el primer paso para iniciar un viaje en el tiempo.
Sin embargo, ese periplo por la memoria se ve en muchos casos amenazados por la intervención de propietarios y locatarios que atentan contra las fachadas mediante el uso de marquesinas metálicas y luminosas, o otros objetos que agreden la fachada original (obviamente, de los interiores se presupone una transformación total).
Los históricos minaretes del Palacio Turco de 9 de Julio entre Primera Junta y Mendoza corren grave peligro. Al menos una de las bochas del local donde funcionaban los baños turcos (actualmente repartido entre dos locales comerciales y una futura pensión) podría ser demolida, debido a que dichas estructuras son huecas y las filtraciones de agua -debido a fallas en los desagües- las inundan y crean el peligro de un derrumbe. El Litoral pudo dialogar con el actual propietario, quien narró que piensa perforar los minaretes para ver si se pueden recuperar, y si no sacarlos, con el argumento de que faltan 15 años para que, cumplidos los 80, el frente del edificio pase a ser patrimonio de la ciudad.
Este es uno de los casos en que todavía se está a tiempo de intentar la preservación de estas fachadas "pequeñas", alejadas de los grandes edificios públicos y los lugares turísticos, pero que son parte del acervo santafesino. Lástima que la imprevisión, la mala voluntad o el afán de lucro ya nos han privado de otras postales del pasado de la ciudad.