Area Metropolitana: AREA-02
ANALISIS
Acerca del patrimonio y la ciudad que merecemos
Por Arq. María Beatriz Vera Candioti (*)

¿Qué es el patrimonio, sino lo que heredamos? Es lo que nos ata a un terruño, lo que nos habla de nuestro origen, de quiénes somos, de dónde venimos. Es la historia de nuestros abuelos y de los padres de nuestros abuelos. Es parte de lo que somos, de lo que tenemos en nuestra sangre, de nuestra memoria.

Si nos referimos al patrimonio arquitectónico, se incorpora en gran medida el concepto de sociedad, de comunidad, de bien común. Porque resulta que la ciudad es un bien de todos. Y la ciudad no son calles, plazas y paseos, no son veredas, paradas de colectivo, bancos y farolas. La ciudad es todo. Es cada una de las viviendas, comercios y edificios institucionales que conforman su paisaje; es cada fachada, cada puerta y ventana que asoma a sus espacios públicos.

Santa Fe no es el Puente Colgante, ni el edificio municipal, ni el convento de San Francisco. Estos son algunos de sus edificios más trascendentes, pero no están solos, sino en medio de un tejido urbano complejo que lo enmarca y le dan sentido.

Entonces, ¿por qué no valoramos nuestra ciudad? Tal vez no sepamos mirarla. Tal vez no estemos educados para respetar lo que existe, realzando sus valores.

Si tuviéramos claro que una cartelería respetuosa de la arquitectura que la sostiene es más atractiva que la simple superposición de grandes letras y colores estridentes, si respetáramos el entorno construido cada vez que debemos intervenir en nuestras propiedades, entendiendo que en la homogeneidad hay armonía y hasta cierto placer que brinda lo conocido y seguro.

Si nos comprometiéramos cada uno de nosotros a mantener nuestras propiedades en buen estado de conservación siempre, no sólo por nuestro propio interés sino también por el de nuestros vecinos, no se llegaría a las instancias críticas en las cuales hay que decidir "demoler" o invertir sumas formidables para conservar un balcón de rica decoración y gran calidad constructiva.

La buena educación es la base de una convivencia más digna y enriquecedora para todos. Saber por qué preservamos y para qué es fundamental para lograr el crecimiento armónico de la ciudad y la lógica convivencia entre lo nuevo y lo antiguo.

El arte y el buen gusto con que fueron diseñados y construidos algunos edificios, junto a la funcionalidad y adaptabilidad de sus espacios han acompañado a nuestra urbe por largos años, y son importantes ejemplos de los cuales debemos aprender no sólo los arquitectos y diseñadores, sino todos los que habitamos la ciudad.

Da pena que por falta de criterio, desidia o desinterés se pierdan objetos que además de poseer gran valor en sí mismos, han sido referentes urbanos posibilitando que la ciudad sea lo que es.

Respetar y valorar lo que heredamos es signo de inteligencia y salud, es comprender que todo lo que hacemos, que todo lo que "avanzamos" es sobre la base de lo que antes realizaron los que nos antecedieron, es saber utilizar los aciertos y los errores pasados para construir no sólo la ciudad sino la misma comunidad.

(*) Magíster en Conservación, Preservación y Restauración de Monumentos y Sitios.