Domingo Sahda
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Con los títulos del encabezado, dos exposiciones de arte visual fueron abiertas casi en simultáneo ante el público en general. La una en el Museo de Arte Contemporáneo - M.A.C. - de Bv. Gálvez 1578: Babel del autor Raúl Cottone; y la otra, Sucesos Argentinos en el hall de ingreso de la Legislatura Provincial, Gral. López 3055, cuyos autores son Leo Scheffer y Abel Monasterolo.
Ambas muestras se vinculan un tanto subrepticiamente y a "segunda lectura", sorteando el inicial impacto que producen dos montajes opuestos en el terreno del Arte Visual, sólo si tomamos en consideración su presencia objetiva en cuanto arte facto en el contexto de exposiciones.
Mas, hurgando por debajo o detrás del sentido inicial y creativo de ambas propuestas no habituales se halla un "nodo" de referencia conceptual que las vincula, no en la manifestación y soporte de su iconicidad sino a lo que elípticamente aluden en cuanto provocación del pensamiento reflexivo.
La fotografía como modo de organización y cristalización de la forma en el plano, sea ella estática como en el caso que los ocupa al citar la propuesta de Scheffer y Monasterolo, o en su presencia dinámica, móvil y cambiante según la propuesta de Cottone, se nutren esencialmente del poder de convocatoria de la imagen y su vinculación con la idea del tiempo cristalizado en imágenes capaces de ser multiplicadas sin variables al infinito. Su notación de registro documental y de testimonio las provee de un nimbo de verosimilitud incuestionable transformándolas en disparadores del pensamiento, ajenas y distantes de aquello que producen, frías en su tecnicismo, cargadas de intencionalidad por voluntad de sus autores, quienes vehiculizan en ella sus subjetividades, mostrándose cual obra a través de las cuales asoman los fantasmas de sus autores.
Estas muestras demandan de quien mira una presencia activa de toma de posiciones que, partiendo desde la estética, remiten por asociación a las ciencias sociales, a las ciencias de la comunicación, a la ética, al ser y el parecer.
La muestra Sucesos Argentinos de la dupla Scheffer-Monasterolo propone una apelación a la memoria desde su nombre, y con los hechos que registra en grandes planos sostenidos por la técnica de la heliografía pretende embargar la mirada del observador conduciéndolo subjetivamente a la memoria y el recuerdo de tiempos vividos y/o compartidos. Técnicamente diluye cualquier idea de documentación precisa, difuminando entonaciones cromáticas y perfiles. El contrapunto forma-fondo resulta impreciso, ocasionalmente indefinido. El entorno compite en accidentes visuales que distienden la atención. El tiempo detenido en estampas montadas de forma que las mismas adquieren significación cuasi emblemática de aquello que testimonian, invita al juego performativo de los asistentes. Imagen y memoria de situaciones sociales con parecida escenografía invitan a transcribir en afiches en blanco y had-hoc referencias y situaciones de conflicto social del pasado reciente. El lugar elegido para mostrar esta producción es un desafío que suaviza las tintas de aquello a lo que explicita. La exposición en el sitio en el cual se dictan y sancionan leyes es el lugar donde se muestra la anulación de las mismas desde el poder de la represión autorizada por el Estado.
Esta exposición nos sitúa en la reflexión a partir de aquello que se nos muestra. Aquí es donde se concatena este trabajo con la muestra Babel de Raúl Cottone, no por cuestiones estéticas sino por cuestiones éticas. El enfrentamiento y la ausencia de diálogo, la violencia que producen los monólogos audibles pero inentendibles, la mixtura caótica de imagen y palabra autosuficientes en su discurrir, ajenas y distantes inmovilizan la mirada y generan una solapada violencia. Quien mira está atrapado por el poder de la imagen determinada por terceros. Cottone pone al espectador en situación límite. Ambas muestras son proposiciones críticas y apelan a la conciencia. Cottone nos lleva a la mítica Babel del relato bíblico y la confusión de lenguas. Pone en acción la imposibilidad de recepción del discurso de otro a partir de la polución sonora que anula cualquier hipótesis de comprensión. La imagen es la convocante, el espacio en torno es opresivo. La imagen estática o la imagen plana no son inocentes. Son vehículos que pueden encandilar la atención y anular o manipular la acción. El espacio acotado es el lugar donde todos pueden mirar, y mirarse, pero nadie escucha a nadie y menos entiende aquello que dicen a nos las imágenes parlantes. Las salas del M.A.C. en semipenumbra fagocitan la atención. El montaje es impecable. La erosión de la calidad humana de vida está presente en estas dos muestras las que, partiendo de las artes visuales nos llevan a otros ámbitos en los cuales la sintaxis visual es apenas tenida en cuenta. Ambas se salen de los carriles habituales, dispersando la recepción y aceptación de las propuestas, según quien la mire y admita variables posibles y alternativas a lo canónica en el arte plástico. Ambas ponen en claro que el arte visual no es un compartimento estanco. Se reinventa a sí mismo de modo constante, con aciertos y tropiezos. La diversidad es la mejor manera de ser y estar en el mundo.