+ por revista Nosotros
La piel es el órgano más grande y "externo" que tiene el ser humano. Por esa razón, desde el nacimiento se encarga de poner en evidencia todo tipo de emociones y sentimientos. Pero, ¿qué ocurre cuando esa exteriorización, lejos de ser un aspecto positivo, se vuelve un problema?; ¿qué debe hacerse cuando los sentimientos, los problemas y los temores provocan el desarrollo de lo que los especialistas denominan "afecciones psicosomáticas"?.
Esta es la temática que abordan día a día los profesionales encargados de lidiar con el aspecto "no visible" de las enfermedades de la piel, que son generadas o influidas en su desarrollo por trastornos de índole psicológico o psiquiátrico.
La onicofagia o costumbre de comerse las uñas responde a una necesidad de exteriorizar emociones. "Lo ideal es que tanto el tratamiento de los síntomas o signos, como la terapia, vayan de la mano y en paralelo. Lo que sucede es que si el paciente experimenta una mejoría notable y rápida de su condición, tal vez aumentan las ganas de dejar la terapia. Aunque también hemos tenido casos de pacientes que no obtienen cambios rápidos en la enfermedad por la que consultaron, pero sí encuentran respuestas en cuanto a lo que vienen a buscar en el servicio de psicodermatología", explicó la licenciada Mónica Czerlowsky, integrante del servicio de Psicodermatología y Psicosomática de Psoriahue, Medicina para la Piel, un centro especializado en el abordaje multidisciplinario e integral de las afecciones dermatológicas.
No obstante, la especialista indicó que "a veces los cambios que empiezan por un lado pueden verse reflejados o estar acompañados por modificaciones o avances en otro. Por eso es tan importante el tratamiento integral e interdisciplinario".
Esto es así porque hay determinadas afecciones dermatológicas, como la psoriasis, la hiperhidrosis, las dermatitis artefactas (alteraciones de la piel autoproducidas), o el eczema, que tienen componentes y raíces eminentemente psicológicas o psicosomáticas.
Hay otras, como por ejemplo la onicofagia (la costumbre de comerse las uñas), la tricotilomanía (tocarse el pelo continuamente o hacerse "rulitos" con los dedos) que se manifiestan como tics o hábitos que, repetidos incansablemente, ocasionan problemas dermatológicos como por ejemplo la caída del cabello.
Éstas, por lo general, responden a sensaciones como los nervios, la angustia, el temor o el estrés.
"En la psoriasis, por ejemplo, hay una cuestión fisiológica imposible de evitar que hace que la persona sienta picazón y, por ende, se rasque. Igualmente, ese impulso puede controlarse en mayor o menor medida pero lo cierto es que la necesidad de rascarse está, existe. En otros casos, lo que la persona se hace a sí misma, responde a otras cuestiones como, por ejemplo, la descarga de emociones como la angustia, la tristeza o los nervios. En esos casos, el acto suele ser inconsciente y si uno pregunta el paciente en general responde: me rasco porque me pica o me como las uñas porque me molestan'", ejemplificó la especialista.
En Psoriahue los especialistas de las diversas áreas organizan ateneos periódicamente a fin de comentar y discutir los principales avances de los pacientes.
"En esas ocasiones yo le puedo decir a uno de los dermatólogos que creo que para tal paciente es más recomendable una crema que un fármaco por vía oral. Después el dermatólogo será en encargado de decidir cuál crema es la mejor", señaló la licenciada Czerlowski.
La especialista señaló que "hay terapias individuales, familiares, de pareja y de grupo a las que, por lo general, se accede luego de una derivación por parte del dermatólogo; y también hay módulos especiales para aquellos pacientes que al principio no entienden cómo fueron al dermatólogo y terminaron realizando una consulta psicológica".