¿Leer en el futuro será cuestión de oídos y de vista? ¿Leeremos a elección a través de las computadoras, libros, capítulos, artículos periodísticos de nuestra particular apetencia? Sí, ya leemos así: con sólo apretar un botón aparecen en la pantalla las páginas, los esquemas, los dibujos deseados, y una voz de mujer o varón (también a elección) nos hace gozar de los contenidos.
¿Habrá ya, entonces, libros con soportes electrónicos en librerías, bibliotecas, escuelas y quioscos callejeros? ¿Habrá disponibles libros para escuchar y leer en las pantallas de relojes, celulares y en las vidrieras? Sólo será cuestión de elegir, teniendo la suerte además de ir reconociendo los objetos y el paisaje por los aromas y olores.
De verdad, tal tipo de lectura será deslumbrante y cada uno de nosotros tendrá la posibilidad de complicarse directamente en la trama. (...)
Los sistemas tecnológicos informáticos, por ser electrodependientes, podrán interrumpir esas lecturas tecnificadas ante la ausencia o carencia de energía, pero el LIBRO seguirá allí.
Porque la lectura puramente electrónica puede llegar a ser un elemento de exclusión, de marginación social y cultural, pero el libro, ese que tenemos en nuestras manos, el de leer en cualquier sitio, el de llevarse en el bolso o en el bolsillo, tendrá siempre mayor posibilidad de abrirse a todos y a todos los niveles, y estará siempre allí creando espacios para que la gente pueda, de cualquier modo y con muy pocos elementos externos, leer, recrearse, imaginar y escribir.
El libro escrito, el de ayer, el de hoy y el de siempre seguirá proponiendo la textura de la vida, la sobrevivencia espiritual, la expresividad humana, el vuelo libre del pensamiento en busca de la verdad.